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En busca de la libertad - Okita Souji -

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En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Annisha el Sáb Oct 14, 2017 1:09 am

Había escapado recientemente del mercado gracias a un descuido de los guardias, ella se había aprovechado y dado una paliza a una de ellos con sus habilidades de lucha. Agradecía que su padre la hubiese entrenado con la espada y la lucha, gracias a eso podía defenderse. Corría entre la multitud para de esa manera la perdiesen de vista y una vez que aprovecho un momento de distracción, se metió dentro de un callejón oscuro. Espero paciente viendo pasar a los guardias correr y una vez que se vio a salvo, dejo escapar un suspiro. ¿Cómo es que estaba tan cansada? Se había vuelto muy floja estando dentro de ese mercado.

Comenzó a caminar para descansar un poco y de paso se mantenía alerta por si la encontraban. Annisha comenzó a pensar en como volver a su reino y recuperar su vida. Aún le decepcionaba como la habían vendido de esa manera los de su "propia" raza. A pesar de no ser una elfa del todo, tenía la sangre de ellos y eso era suficiente. Seguramente sus padres desde el cielo estarían decepcionados con lo que paso, sobretodo su padre al saber que vendieron a su propia hija. Ella como la heredera debía defender su puesto.

Seguía su paso en silencio y en alerta, sus sentidos de elfa le hicieron esquivar a tiempo una cadena que se lanzaba hacia ella, saltando hacia atrás. Los guardias nuevamente habían dado con ella y la habían acorralado en aquel callejón. Annisha se defendió perfectamente pero sus habilidades habían disminuido, estaba cansada, no comía bien desde que estaba bien y lo poco que comía estaba segura que le debían dar alguna droga para que no estuviese tan activa, pues después de todo era una híbrida y tenía poderes por parte de ser un elfo. En una de las veces lograron golpearla, pero Annisha se recuperó y salió corriendo nuevamente.

Esta vez cojeaba un poco pero sacaba fuerzas para correr, aprovecho en meterse entre la gente para distraer aquellos guardias. Finalmente había salido de entre la gente sin ser vista por aquellos soldados, corriendo aún para llegar a un templo. La elfa no se lo pensó dos veces, se metió dentro del templo para ocultarse y evitar que la encontrasen ahí.

__ Uh... debo descansar un poco... - Susurro la híbrida mientras se sentaba y se miraba la pierna, la cual tenía una herida y quizás se lo había torcido un poco al forzarse corriendo. Suspiro, podría utilizar sus poderes elficos para curarse pero no tenía las suficientes energías para hacerlo. Se reviso un poco más, notando un par de cortes en sus brazos y al tocarse la mejilla, tenía otro corte - Realmente he perdido mis facultades... sino les hubiese dado una buena lección y si tuviese espada... verían lo que soy capaz... - Dijo ella un poco enojada, suspirando al darse cuenta que decir eso no arreglaría las cosas, por lo que apoyo su cabeza contra la pared y cerró sus ojos.

No supo cuanto tiempo estuvo en silencio hasta que sus orejas elficas se movieron al sentir un sonido, el crujido de la madera del templo.

__ .... ¿Quién está ahí?... - Dijo en tono amenazante, en este momento la elfa al estar huyendo y en alerta, era normal que reaccionase de esa manera al pensar que podría ser un soldado.

Annisha trato de ponerse en pie pero de su boca salió un quejido al su tobillo darle una punzada, terminando sentada de nuevo en el suelo; preocupada al verse tan débil en este momento.



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Re: En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 14, 2017 1:39 am

El capitán de la primera división, Okita Souji hoy se encontraba merodeando con sus vestimentas tan llamativas del Shinsengumi, con sus katanas amarradas tan gallardas que parecían cobrar vida solo al recibir los rayos del sol sobre el acero de la empuñadura. Estaba en sus horas de descanso, pero claro era una excusa para mandarle a observar y monitorear todo. Sus pasos eran ligeros como los de una pluma. Iba masticando un damasco turco, sabía muy bien a tal punto que sus ojos se achinaban cuando sentía su sabor. De pronto mucho ajetreo le dio curiosidad, era una deidad y tenía afinado sus sentidos.

Miró como una joven parecía correr de un grupo de maleantes, metiéndose por callejones. El decidió seguirles desde atrás, bien atrás sin interrumpir en nada. Mordisqueaba la fruta seca como si nada. Se deslizó entre las personas, evitó a varios comerciantes y a algunas damas, hasta que por fin logró observar como la mujer de cabellos castaños claros parecía perderse entre la muchedumbre pero él, le siguió con la mirada. Sonrío y decidió seguirle.

Llegó hasta cierto punto donde se le había perdido de vista por eso silbó algo molesto y creó una pequeña llama de su palma, aún no acostumbraba a utilizar su habilidad. — ¡Vaya, vaya! Se me perdió de vista.— Cerró el puño apaciguando el fuego, no le quedaba otra que ir dirigirse al templo más cercano el cual utilizaba para dormir en sus horas libres.

En su caminata se fue distrayendo tarareando las canciones de cuna que solía dedicar en las noches a sus hermanas, creando pequeñas bolas de fuego con su dedo índice comenzando a asimilar que lo podía hacer. Entre lo distraído que venía se percató que ya estaba en las escaleras del templo, tan hermoso. Al momento de que iba a abrir la puerta escuchó una voz desafiante de una fémina, este tan solo abrió para entrar, pero cerrando la puerta al instante.

Su sorpresa fue mucha, era aquella que sus ojos seguían hace unos minutos atrás. Lucía lastimada, Okita por su parte no le tuvo miedo a nada y decidió caminar en lo que sus palabras iban saliendo. — Solo soy yo, vengo a mi sitio favorito para dormir. — Miró el tobillo de la mujer, su cuerpo y heridas por completo, fue ahí que se agachó para llegar a su altura, ya estando más cerca. Rasgó su ropa, con su boca. — ¿Quién te hizo esto?— Sus palabras fueron serias y secas, con una mirada algo molesta. — Permíteme limpiar y curar tus heridas. No soporto ver a las personas y menos a las mujeres lastimadas. — Le miró a los ojos y esbozó una sonrisa que esperaba influirle confianza pero no solo eso, sacó su bolsa de damascos turcos, frutos secos y lo que sería su almuerzo, que era arroz, pescado con unas verduras. Puestas en un pocillo pero amarrados con una especie de tela de color azul. Se lo acercó esperando los tomase.

Debes tener hambre.— Con sus dientes tomó los vendajes improvisados, sacó una especie de pomada y además mojó un paño para limpiar de su tobillo, o al menos eso quería hacer. — Soy Okita Souji. Supongo que por como ando vestido sabrás quién soy. ¿Tú quien eres? Dulce señorita fugitiva. — Iba a comenzar a limpiar, ahora si pero no sin antes esperar su aprobación, que le entregase algo de confianza al menos.
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Re: En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Annisha el Sáb Oct 14, 2017 3:55 pm

Escapar del mercado negro no había sido tan fácil como pensó la híbrida que lo sería, pues sus habilidades habían disminuido por la falta de energías que la chica sufría; la falta de alimento y lo que podrían poner en la poca comida que ella tomaba, podían ocasionar todo lo que había ocurrido hasta ahora. Aún así, Annisha logró escapar con éxito y adentrarse en la ciudad para así dejar atrás aquellos soldados del mercado. A pesar de ello, aquellos soldados eran insistentes y la chica debía seguir aguantando para dejarlos atrás. Una de las veces tuvo que batallar de nuevo con ellos en el callejón, dando patadas y puñetazos para evitar que la capturasen. Ella sabía que si tuviese una espada o sus habilidades al 100% esto no sería tan díficil como le estaba pareciendo.

__ Creo que los deje atrás por fin - Dijo la chica, cojeando después de aquella batalla que había tenido con los soldados ¿Quién iba a decir, que ella, la mejor de su reino, le costase tanto quitarse a un par de soldados? Definitivamente debía descansar y comer algo que no tuviese cosas raras dentro; a parte que lo más importante era que no la volviesen a capturar - Un templo - Susurro al ver lo que podría ser su escondrijo durante un tiempo, quizás a los soldados no se les ocurriría mirar ahí porque pensarían que ella se iría directo al bosque.

Tras tomar la decisión de ocultarse dentro de aquel templo, Annisha entró y se sentó; apoyando su espalda contra la pared. Le dolía la pierna y por lo que podía ver, se podría tratar de una torcedura de haberse sobre-esforzado luchando y luego corriendo. Tenía un ligero moretón en el tobillo, debido a la torcedura. Annisha solo pudo suspirar resignada, pensando que si tenía todas sus habilidades al máximo, podría haberse sanado aquella pierna enseguida. Por el momento, era mejor descansar.

De repente sintió el sonido de la puerta del templo abrirse y las pisadas de una persona, Annisha se alertó pensando que podría ser un soldado y de forma amenazante pregunto al intruso quien era. Era un chico de cabellera castaña y a pesar de que la híbrida estaba en alerta, este entro y cerró la puerta tras de si. Se acercó hasta la joven, diciendo que venía aquí solo a dormir porque era su lugar favorito. Annisha miro cuidadosamente, no parecía ser ningún soldado del mercado y cuando este se agacho a su altura, lo observo directamente a sus ojos, los cuales eran de un tono esmeralda. La mirada de Annisha se suavizo cuando entendió que el chico solo quería ayudarla, al rasgar un poco de su tela.

__ Los del mercado negro... - Susurro bajo la chica en lo que desviaba la mirada ¿La entregaría si sabía que se había escapado de aquel lugar? Su vista volvió al chico, viendo como este le sonreía y la media elfa, termino asintiendo lentamente, dándole la autorización de que la ayudase con sus heridas. Era lo mejor que podía hacer por ahora hasta que sus poderes regresasen y pudiese ella luego curarse mejor. La chica recibió en sus manos aquella bolsa con comida, lo que debería ser la comida del chico pero se la cedía a ella diciendo que debería tener hambre - ... pero es tú comida ¿No?... Igualmente... Gracias - Susurro la chica, agradecida por la amabilidad del chico, abriendo un poco la bolsa y tomando un poco de los frutos secos.

El joven se presentó como Okita Souji y le dijo que como debía ir vestido sabría quien era pero la joven negó con la cabeza. No tenía nada de conocimientos de lo que era al chico, pues había estado encerrada en una celda desde hace un tiempo en aquel mercado; siéndole el exterior desconocido.

__ Sinceramente... no se lo que eres... no conozco casi de este lugar... - Contesto la chica con cierta tristeza pues lo único que había tenido en su vista había sido una celda y recordaba su vida en su reino, con sus padres - Mi nombre es Annisha... soy una elfa... o bueno, medio elfa... - Annisha se presentó diciendo lo que era, añadiendo de que era una híbrida, una palabra que en fin no le gustaba nada a pesar de que Annisha no le importaba tener una mitad humana. La chica tomo otro fruto seco - Si te digo de donde soy fugitiva no se si me devolverás a ese lugar...del infierno donde me he escapado... - La chica desviaba la mirada aunque el joven debía suponer de donde podría venir ella, al decir anteriormente que los que la habían lastimado habían sido los del mercado negro.
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Re: En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 14, 2017 8:13 pm

El espadachín estaba siempre buscando la manera de contribuir con el pueblo en general, no tan solo ejerciendo como Shinsengumi sino que igual con actos cotidianos, a veces ayudaba a las ancianas a cargar sus bolsas, muchas veces fue recompensado con algún aperitivo. No lo hacía por eso pero es un detalle a tener en cuenta. Su actitud ha sido forjada gracias a su madre, una mujer de campo, que al ver a su hijo tan débil cuando pequeño, que casi lo pierde lo crío para que fuese capas de devolver el milagro de que estuviera ahora con vida, cuando en verdad debería rezarle a la deidad del fuego, quien ahora era su hijo pero él, no se lo había comentado aún.

Okita había sido guiado al templo por la intriga de aquella mujer de cabellos claros, sabía que corría peligro, pudo haber intervenido antes pero no actuaba por sus ambiciones personales, ni se entrometía en asuntos de terceros, salvo era estrictamente necesario y quizás ahora, se encontraría con la razón para hacerle frente.

Había escuchado de que se comercializaban “esclavos” de manera legal como ilegal, para él era casi cómico que vender personas tuviera un lado legal como uno de su antónimo. Como escuchó de eso, averiguó, no era difícil ya que eran populares y para él, al cual solo estando a las entradas de esas tiendas hacia que le hirviera la sangre, no toleraba esa injusticia pero el dinero para liberar a todos y todas, no le sobraba. Tampoco se le permitía ahorrar y eso lo complicaba más. Pero a ella, no le siguió esperando que fuese una fugitiva de aquellos lares, de hecho si es así lo desconoce.

Escuchó un susurro, antes estar cerca y agachado. Al parecer había dado con alguien que escapaba. Solamente se limitó a mirarle, escuchando la suave voz femenina que desprendía de sus labiales que, denotaban su mal alimentar. El joven sí esperaba que no aceptase su almuerzo, por eso le sonrío ladeando la cabeza y poniendo la comida, su arroz con pescado y vegetales a la altura de sus manos, siempre mirando que estaba lastimada y eso, le incomodaba. — No te preocupes por mi. Quien debe comer eres tú, por favor come este almuerzo. Lo hizo mi hermana. — El hombre se preparó para poder hacerle las curaciones básicas, limpiar su piel y todo. Pero no sin antes escucharle, no sabía quien era a pesar de su ropa.

Okita miró al suelo en lo que seguía escuchándole. Cuando le comentó su nombre él tomó su tobillo con cautela, comenzando a limpiarlo con una tela algo húmeda, previamente mojada con un poco de agua de su cantimplora. Tras limpiar con suma delicadeza, sacó la pomada que tenía un aroma a hierbas potentes, pero agradable, con sus dedos índices y medio esparció con lentitud. — Annisha. Lindo nombre. ¿Media elfa? Da igual si eres o no híbrida debes comentar orgullosa tus origines. Los elfos son una raza muy noble y con mucha sabiduría. — Terminó vendando su pie, dejándolo bien firme para que pudiera caminar y no hacer alguna fuerza que le empeorase la lesión. Tras esto él se acercó un poco más.

Comenzó a limpiar su brazo derecho con su mano diestra en lo que la zurda se lo sostenía por la muñeca. Sin mirarle a los ojos, sino centrándose en limpiar aquellas heridas que tenían rastro de sangre puesto eran cortes le respondió. — Sí es un infierno no quiero que lo visites. Mientras no seas una fugitiva que quiera conspirar contra este país no te haré nada o sino por muy bella que seas deberé asesinarte. — Acabó sus palabras, le miró y comenzó a reír un poco, suave, le picó la nariz jugueteando. — ¡Anda sonríe! Obvio no te mataré tampoco, se que no eres mala persona. Quiero tu libertad, no que vuelvas a sufrir ése infierno. — Con el paño un poco menos húmedo limpio ahora su mejilla, estando a pocos centímetros de Annisha, lo hacía lento tanto que parecía que se dedicaba a la medicina. No solo dejó reluciente esa parte de su rostro, sino que todo. Con el índice puso de esa pomada pero en su rostro ahora, con el dedo índice. — Yo soy una deidad. Del fuego para ser más precisos pero es un secreto. Y estas ropas son del Shinsengumi, no quiero aburrirte contándote de ellos. — Comenzó a reír nuevamente, intentaba que ella sacase su sonrisa a la luz.

Todo me indica que te has escapado del mercado negro. Te tratan como una esclava. Cómo me desagrada eso. — Le rodeó una pequeña aura de fuego, denotando toda su ira interna, aquella aura no era capas de dañar a la chica, solo emitía calor. — Nadie debería ser tratado como una cosa, deberían ser libres y vivir como les plazca. Nosotros no vivimos pocos años pero aún así, podemos mezclarnos con los humanos. Algunos son tan crueles que me hace querer quemarlos. —A ojos medio cerrados comentaba con algo de recelo al respecto. — Pero no todos son así. — Tomó su brazo que ya había limpiado para ponerle pomada, siempre tan delicado como cual caballero. Le comenzó a colocar ese vendaje improvisado, dejando su brazo ya bien, ocultando sus heridas.

¿Tienes otra herida? — Preguntó estando enfrente de ella, quizás invadiendo su espacio personal. Podía sentir los aromas de los frutos secos mezclándose con el perfume de él, como con el aroma de Annisha. — ¿Te puedo ayudar a no volver a ése infierno? Estoy pensando en liberar esclavas y esclavos en un futuro, pero pagando por ellos para no causar caos. Se que es algo ambicioso de mi parte, pero no busco que me siga quienes libere. Solo no tolero que mujeres hermosas, como tú por ejemplo sufran. — Sonrió ampliamente, se notaba que emitía una energía agradable, siempre intentando buscar el momento alegre y dejar de lado las penas.

En mi puedes confiar.. Aunque suene precipitado.. ¡QUE VA! Suena muy precipitado, ¿quién confiaría en un ser como yo? Que llega y te dice todas estas cosas. — Comenzó a rascarse la cabeza, luego cruzó los brazos, entrando en posición india enfrente a ella, acercó su mano y le dio una caricia en la mejilla. — Ahora solo come, repone energías ya veremos como te puedo brindar mi ayuda. ¿Tus padres? ¿Te llevo donde ellos? ¿Tienes familia? — Preguntó, por si le sacaba de la órbita del mercado negro le podía llevar a un lugar seguro, era lo primero que pasó por su mente, o quizás ofrecerle un hogar con él.. Pero eso era muy abrupto.
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Re: En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Annisha el Miér Oct 18, 2017 9:37 pm

Aquel joven había aparecido en el templo de forma inesperada para la chica, quien había reaccionado un poco a la defensiva debido a que pensaba que era algunos de aquellos guardias que intentaban capturarla. Pero no lo era, solo parecía ser un "simple" hombre que solía ir a ese templo a descansar. Él se acerco a ella, diciéndole claramente que no quería hacerle daño y queriendo sanar sus heridas. Annisha decidió confiar en aquel joven porque sabía que si no confiaba, no podría salir de está por su propio pie. Necesitaba recuperar las energías y de ese modo poder ella más tarde sanarse. Le sorprendió por un momento su acto de bondad de darle su almuerzo, el cual, en un primer momento la elfa pensó que no podía aceptar aquello pero el joven parecía realmente ayudarla y más al decirle que lo había hecho su hermana.

__ Lo aceptaré entonces... muchas gracias - Dijo Annisha con una dulce sonrisa y recibía aquella bolsa de comida, la cual ella comenzó a comer aquellos frutos secos y un poco de arroz, la elfa volvió al sonreír al ver que estaba en su punto - Su hermana es buena cocinera, está bueno - Le dijo la chica, al menos aquella era la mejor comida que había comido hasta ahora.

Okita había tomado su tobillo con cautela, limpiándolo con una tela húmeda la cual había mojado gracias a una cantimplora que tenía. Annisha sintió un poco el escozor de su tobillo pero no pronunció alguna queja, no quería hacerlo; así que se mantuvo en silencio mientras comía un poco y le explicaba a él como se llamaba y era una media elfa. El olor de aquella pomada llegó a su nariz y al sentirla sobre su tobillo, sintió como seguramente aquellas hierbas que formaban la pomada eran buenas, pues relajaban aquel dolor. Annisha sonrió ante las palabras de Okita.

__ En parte me da igual ser una híbrida pues mis padres me enseñaron que no había nada de malo en ello, yo me considero una elfa como también una humana, me gusta como soy y como mis padres me crearon - Annisha sonría al hablar de sus padres, miro un momento al techo para abandonar aquella sonrisa ante lo que iba a decir - Aunque hay seres que piensan que los híbridos somos inferiores y eso me da un poco de tristeza, somos iguales que todos y no me gusta cuando usan la palabra "Híbrido" para burlarse de nosotros - Annisha suspiro, volviendo a mirar a Okita - Con el tiempo he terminado ignorar todo eso, si a mi me gusta como soy, no debe importarme lo que los demás piensen de mi - La chica volvió a sonreír.

Okita continuó sanando sus heridas y ella mientras tanto le escuchaba lo que decía. Ella negó rápidamente al este decir conspirar contra este país y si tenía esas intenciones, no le importaría acabar con ella. Pero él se rió después de aquello y le dio un toque en la nariz a la chica, diciendo que creía en ella de que no era una mala persona y que sonriese. Aquello realmente hizo sonreír a Annisha y reír levemente.

__ Por un momento me has asustado jajaja - La chica reía levemente y luego negó con la cabeza - Mi intención no es conspirar contra este país... nunca he querido eso pues me considero un ser de luz, un elfo de luz y no me gusta ver muerte o maldad; yo jamás sería eso... ni quiero ni pensar en ser un elfo oscuro - Respondió con sinceridad la chica, sonriendo y alzo la mano que tenía sana, haciendo una pequeña bola de luz con sus poderes - Mi luz no tiene nada de maldad... solo quiero ser libre y volver a mi hogar... - lanzó esa bola hacia arriba, la cual levito hasta esa luz desaparecer poco a poco. Tras eso, la elfa se sonrojo un poco al sentir cerca a Okita debido a que él se había acercado a limpiar la herida de su mejilla. Se sorprendió un poco ante lo que dijo - ¿Una deidad?... Nunca pensé que realmente vería uno pero mi raza tiene una adoración hacía ustedes, así que me alegra conocer a un deidad tan bondadoso como usted, Okita-san.

Realmente aquel chico había podido definir perfectamente que la chica se había escapado del mercado negro, un lugar que parecía desagradar bastante a Okita. La híbrida observo como aquella aura de fuego lo rodeaba debido a la ira que había sentido al pensar en los pobres esclavos que habitaban en aquel comercio. Ella suspiro levemente, estando de acuerdo con las palabras de Okita.

__ El mundo siempre ha estado rodeado de luz y oscuridad, todo es un balance y muchas veces un corazón puro puede transformarse en un corazón oscuro o despiadado dependiendo de los sentimientos de las personas - Annisha mostró una mirada de tristeza mientras contaba aquello - Ese lugar solo hay oscuridad y más oscuridad, muy poca luz he sentido allí y me da tristeza por todas las personas que andan encerradas, siendo tratados como simples objetos... da demasiado pena - Ella suspiro pesadamente para luego negar con la cabeza - No, creo que no tengo más heridas, gracias por ayudarme Okita-san - Volvió agradecer la chica - La verdad es que tengo también poderes curativos pero estoy baja de energías, por lo que no puedo hacer mucho uso de mis poderes pero la comida de su hermana me ayudará mucho además de las curas que me has hecho, así que... sinceramente, muchas gracias.

La elfa volvía a sonrojarse al sentir como el chico volvía a invadir su espacio personal y lo escuchaba atentamente sobre querer ayudarla, el cual él deseaba poder liberar a todas aquellas personas del mercado. Aquello sonríe dulcemente a la chica, pensando que realmente Okita era una persona muy bondadosa.

__ Muchas personas allí dentro les alegraría tu acto de bondad, Okita-san... y la verdad es que ya me has ayudado... por ahora solo debo recuperarme de todo esto e intentar volver a donde es mi hogar aunque no se si podré recuperar mi hogar.... - La chica sonrió tristemente - Pero deseo no volver allí, los elfos solemos ser seres libres y que nos encierren en un lugar oscuro, nos debilita y mata poco a poco - La chica volvía a reír levemente ante las palabras del chico sobre confiar en él - ¿Cómo no confiar en ti si me has curado? Claro que puedo confiar en ti, eres una gran persona y un deidad con un puro corazón, emites un aura tan agradable que es fácil que confié en ti - La chica volvía a sonrojarse levemente al notar como este acariciaba su mejilla pero su mirada se volvía triste al este mencionarle a sus padres y ella desviaba la mirada - Mis padres murieron... mi madre humana murió ya que envejeció y mi padre no pudo seguir la vida sin ella, así que se quito la vida para ir junto a ella - Ella sonría pero con tristeza - ¿Recuerdas que antes te dije que no sabía si podría volver? Tengo mi reino y se supone que soy la heredera pero no me aceptan algunos por ser una híbrida y... fueron ellos quienes me entregaron a este mercado... me dejaron inconsciente y cuando desperté me encontraba debilitada, en un carro con destino a ese mercado... mi propia "raza" me vendió... se desasieron de mi porque ya no estaba mi padre para protegerme...
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Re: En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 21, 2017 2:36 pm

Okita, como Shinsengumi pensaba siempre en ayudar aunque claramente jamás había sido de los tipos más duros del mundo, sino que era tan suave como bondadoso. Más con las mujeres, estaba rodeado de ellas en su casa. La mayoría de su familia eran féminas, él como el mayor solía demostrar su afecto de maneras diversas y ver a Annisha herida simplemente le hizo aflorar su lado más intenso de preocupación. Como deidad había visto a lo largo de los años como los seres trataban a otros como mercancías, como denigraban la existencia de otros y él, no podía tolerar eso por eso trataba siempre bien a quien, lo merecía y aquella mujer, de aura pura, merecía más que solo un buen gesto por parte del espadachín.

Había por fin aceptado el almuerzo, el hombre de cabellos castaños sonrió ladeando la cabeza, simplemente quería que comiese, se notaba débil y más por sus heridas, la suciedad que tenía por andar escapando lo hacía más evidente. El hombre se sorprendió cuando aquel comentario sobre la comida, se dedicó a reír suavemente dejando escapar la voz de orgullo. — Las mujeres humanas ponen no tan solo las ganas en hacer la comida para quienes quieren, sino todo su ser. Debería dejarte otro almuerzo de ella para mañana. — Una cálida, sonrisa apareció en su rostro, envolviendo la mirada que buscaba cruzar con aquella ella de cabellos aún más castaños que los de él.

Al sanar el cuerpo de aquella mujer, pudo notar que tenía piel suave, quizás aterciopelada que a pesar de todo, la cuidaba. Sus manos en cada acción notaban ese deje de suavidad que le hacían saber que se encontraba en presencia de una mujer. Cada tacto que le dedicó para poder, así sanarle, lo hizo con suma gentileza, suavidad y detención. Tenía conocimiento de que a las elfas se destacaban por su belleza y aparte por aparentar tener esa piel tan salida fuera de este mundo, ahora mismo lo corroboraba, y todo teniendo en contra que, su estado no era el más adecuado.

La suave voz proveniente de la femenina mujer se hizo presente en lo que él seguía con lo suyo. La manera de hablar de la herencia humana que tenía, era algo que al joven le llamó la atención. Le dedicó miradas de intriga, sonriendo. La manera de actuar de ella, le llamaba la atención y más como tenía ese sentimiento tan hermoso hacia sus padres. — Sin duda ambos criaron a una mujer en toda su ley, con un corazón muy bondadoso.— No pudo evitar dejar salir de entre sus labiales. Para Okita, las mujeres siempre había que cuidarlas, pero también ellas podían hacerlo, tenían carácter y algunas mucha más fuerza e inteligencia que los hombres, pero sin importar esto y quizás pecando de machista, les cuidaba de todos modos. Desarrolló ese sentir por sus queridas hermanas.

Todo el ambiente se dirigió ante las palabras ahora un poco más honestas y descifrando el lado más oscuro de ser un híbrido. Nuevamente su gentil voz tomó la atención de la deidad, sin dejar de sanarle, eso hacía en ése preciso momento. — Los híbridos son el fruto de un amor, puro. Que no distingue raza. Como esas historias de familias enemigas que terminan uniéndose porque los herederos se enamoran.— En tono serio comentó Okita. En los tiempo muchos miraban en menos a los híbridos, era cierto pero, la mayoría nacía fruto del amor verdadero. — No me cabe la menor duda que a muchos les gusta como eres y cómo fuiste criada. Puedo decir con seguridad que tus padres deben estar orgullosos de ti. Nunca dejes de luchar ni sonreír, ¿vale?— Le devolvió la sonrisa a la chica.

El espadachín trataba con cuidado sus heridas, limpiaba la sangre y le entregaba en todo momento esa atención merecida. Siendo de apoco más atento con la suavidad de su piel, nuevamente. Le gustaba eso de las mujeres, se cuidaban mucho y se notaba delicadeza entre la feminidad.
Tras sus palabras de matarle, evidente broma y ese cariñoso toque en la nariz de ella, le prestó atención, más por que afloró una risa, suave pero generosa con la cual pudo deleitarse. — Eres quien más luz irradia. ¡Anda, anda! Que además tu piel es tan suave como blanca. Y con solo observarte puedo decir que maldad en ti no hay. Hay pocas personas como tú, ahora. — El poder de Annisha se hizo presente, ante los ojos de la deidad que simplemente observó. Sonrió agradado más por las siguientes palabras que la mujer dedicó. Ahora el joven tenía más ganas de ayudarle a ser libre, seguir su destino y quien sabe, a lo mejor podían unir estos para coincidir más, uno nunca sabe que prepara el futuro. La cercanía de Okita parecía que hacía incomodar un poco a la joven, quien dejó relucir un sonrojo pero a él, no le incomodaba aunque claro, si pensaba más a fondo la situación tal vez entraría un poco en nerviosismo. Ahora solo le sanaba y era lo importante.

Ser deidad parece sorprendía a todos, algunos cambiaban rotundamente su actuar con él, le trataban más formal e incluso como a un señor, justo como lo estaba haciendo ella. Bufó un poco, movió la mano de arriba hacia abajo como queriendo negar todo. — No me trates de usted, ni necesitas ser tan formal. ¡Uf! Por eso no me gusta comentar que soy deidad.— Desanimado miró el suelo por un momento. — Me puedes tratar de tú ó ¿aparento ser muy mayor? ¿Me vez como a un anciano?— Comenzó a reír, si le observaba como un abuelo ya seguro nadie le vería como a un hombre nunca más. — No hay necesidad de tratar de usted a un amigo o ¿sí?— Le sonrió a Annisha, en verdad entendía su comportamiento pero para él, era algo incomodo más en el hecho de que fuese una mujer que estuviese en, apariencia, en su rango de edad. — La adoración que tienen por nosotros es noble es por eso que muchas veces les he observado e incluso quería ir con esta forma y sin que nadie supiera mi identidad a ver como me trataban. ¿Bondadoso? Primera vez que me lo dicen, lo tomaré como tu primer cumplido para mi. ¿Un piropo quizás?— Bromeó achinando sus ojos, haciendo ése típico gesto de poner su mano en el mentón, con la otra golpear con suavidad sus costillas, le gustaba bromear.

Ahora comenzó a escuchar la historia del mercado negro. Ella sin lugar a duda se podía expresar con claridad ante los sucesos, llamando la atención de la deidad. Éste simplemente parecía querer ayudar aun más a quienes estuvieran ahí, sin importar si luego de eso ninguno o ninguna le agradecía. Prefirió no interrumpir en ése momento, en lo absoluto. Así el tema pasó dando la llegada a algo que le llamó la atención, que ella, tuviese poderes de curación. ¿Cómo no pudo haberlo previsto con anterioridad? Una mujer así de jovial, dulce y con ése espiritu, era más que claro que tendría ésa clase de habilidad. Okita solo se golpeó la cabeza mentalmente ante lo obvio que había “obviado”, siendo redundantes.

Cabía admitir que a Okita le estaba agradando ese suave rubor en las mejillas de ella, combinaba bien aunque invadir así su espacio personal siempre fue la especialidad de él, no pensaba que incomodaría y bueno, ya sentía que podía invadirlo sin problemas. Esto hacia que aflorasen sus ganas de ayudarle, protegerle.

Era claro que muchos estarían encantados por salir de ese chiquero pero la cuestión era como hacerlo sin causar problema alguno. El joven pensó en lo que confortaba a la chica, con delicadas caricias. Le escuchó con atención, depositando sus orbes en ella, su atención absoluta en cada palabra entregada. Mas obvio esbozó sonrisa ante la broma que le hizo sobre como confiar en él. No sabía la razón pero la manera en que le trataba y dedicaba palabras era agradable, no era para nada agobiante. Le fascinaba.

El final de su hablar fue lo que en verdad le llamó la atención estaba ante una reina que fue vendida por su pueblo por la condición de híbrida. Su padre murió de amor y su madre, envejeció. Okita tan solo se levantó, sacó una de sus katanas y la enterró en el suelo. Acto seguido se inclinó apoyando sus manos en la empuñadura. — Mi reina.— Levantó la mirada para observarle. — No esté triste. Si quiere este noble caballero encantado iría a las justas para recuperar lo que es suyo.— Como cuan gallardo caballero de la mesa redonda se expresó. — Haré que su pueblo le acepte. Como Shinsengumi no debo inmiscuir en asuntos ajenos pero como deidad no puedo dejar pasar esto. La verdadera heredera necesita mi ayuda y no veo que tenga quien le ayude. Yo puedo hacerlo, déjeme ser su espada y escudo.— Comentó otra vez Okita, levantándose de apoco y agachándose al lado derecho de Annisha. — Te prometo serás libre y tendrás la confianza de tu pueblo.— Se acercó un poco más, ahora dedicó un beso en la frente de aquella femenina presencia. — Podré ser bondadoso pero igual tengo mi lado más siniestro y no perdono ese tipo de actos.— Dio un paso atrás para quedarse mirándole a los ojos.

Te llevaré primero a mi casa. Necesitas recuperarte mejor y estar lejos de tus captores es mejor. Luego prometo recuperar tu reino.— Extendió su mano para que ella la tomase, si es que quería. — Tu libertad comienza ahora mismo. No dejaré vuelvas a esos calabozos. ¡Además! Tienes que conocer a mis hermanas y probar más de sus delicias. Mi mamá estará encantada de conocer a la reina.— Sonrió agradable, entregando ya lo que era típico de él, alegría e irradiar ser un ser cálido. — Podría igual enseñarte el arte de la katana. ¿Te dije era Shinsengumi, no? Somos los más fuertes Samurai de este país, aunque no lo aparente soy el capitán de la primera división. Okita Souji.— Volvió a reír otro poco, a la par que en las afueras se escuchaba un ruido, pero parecían ser niños jugando con un balón. Seguro estaba por atardecer dentro de poco. — Sé que es osado todo lo que digo y me gusta mi osadía. ¡No aceptaré un no como respuesta a nada de lo que he dicho! Si te niegas, igual ayudaré y te cargaré obligada a casa. — Nuevamente le brindó esa amabilidad en sus ojos, buscaba tener ese encuentro ocular con ella, aún no definía bien el color de sus hermosas iris, era lo que le faltaba para su imagen mental, para la eternidad.
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Re: En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Annisha el Jue Nov 09, 2017 9:15 pm

En aquel muchacho no había nada de maldad, era por esa razón por la que Annisha había decidido confiar para que este atendiese sus heridas. Cuanto más hablaban y él cuidaba sus heridas, la híbrida pensaba que había hecho bien en dejar que se le acercará; necesitaba creer en alguien después de todo lo que ella había pasado hasta ahora. Ella sonreía dulcemente mientras dejaba que Okita atendiese sus heridas con aquella delicadeza que parecía tratarla como si cualquier movimiento podría romperla. ¿Cuánto hace que no sentía esa sensación de que quisieran cuidarla de esa manera? No pudo evitar pensar en aquellos años junto a sus padres, estos amándola y dándole todo el cariño del mundo a pesar de todos alrededor no parecían ver bien todo aquello. Annisha había tenido pocos amigos y amigas al ser lo que era y si la trataban bien era porque era la heredera al trono de su padre. Él, sin saber quien era ella del todo, la trababa con gentileza y amabilidad.

__ Eso ya lo se, realmente las mujeres ponemos todo nuestro empeño y cariño en la comida que hacemos... porque sabemos que se la comerá alguien especial para nosotros. Tú hermana ha hecho está comida con todo su cariño hacia a ti, puedo notarlo en el sabor... en la forma en que está todo colocado, vuestra hermana realmente os quiere - Le dijo ella dulcemente y volvía a tomar un bocado - Por eso, no debo ser la única que coma... porque esto está hecho para ti - Ella le alcanzó un poco de comida con su mano libre mientras él la sanaba - Y no quiero un "tú lo necesitas más que yo", porque quiero que coma también - La joven le sonrió con cariño y dulzura, dando a entender en su mirada, que no quería un "no" por parte del chico - Estaría encantada - Le respondió sobre aceptar otro día el almuerzo de su hermana.

¿Cómo sería tener hermanos? Era lo que pensó por un momento Annisha, quizás si hubiese tenido alguna hermana o hermano, podrían haber evitado lo que paso y quizás también habría tenido alguien con quien jugar de forma sincera. Pero era hija única, por lo que no podía comprender del todo lo que era tener un hermano pero se podía observar, por parte de la hermana de Okita, que ella amaba mucho a su hermano al prepararle aquella rica comida, Annisha creía ciegamente en esto. Tuvo realmente ganas de poder conocer a la familia del chico y poderles agradecer por tener a un hijo tan amable como Okita estaba siendo en este momento, con un corazón tan puro y lleno de bondad.

__ Y vuestros padres también han criado a un hombre lo bastante amable y bondadoso, con un corazón tan puro... deben estar muy orgullosos de ti - Le dijo Annisha con sinceridad y luego se sonrojo levemente por sus palabras - Aviso que suelo decir lo que pienso al instante, supongo que eso es lo que me hace ser tan sincera en lo que digo.... Mi padre siempre decía que eso era bueno - Se rasco la mejilla suavemente, era un tick de ella al estar apenada, sonrojada o nerviosa al ser tan abierta con Okita pero realmente él transmitía tanta bondad, que Annisha no podía evitar ser tan abierta.

Tras eso, ella habló que no le importaba ser una híbrida pues había sido creada por el amor de sus padres y sobretodo, ellos le habían enseñado que no era nada malo lo que era; que era un ser mejor al tener las dos partes de un ser: Mitad humana, con el espíritu de un humano de no rendirse, luchar por sobrevivir y mitad Elfa, que la hacía ser un ser aún más bondadosa de lo que era, comprender la naturaleza y los demás seres a su alrededor, proteger aquellos amaba, etc. Pero al ser mitad humana, todo se volvía con más fuerza y más al querer proteger aquello que amaba.

__ Eso es lo que hacen especialmente los humanos ¿No? Luchan, aguantan y sonríe ante todo, de esa manera quiero ser yo... por lo que no dejaré de luchar y sonreír - La chica asintió con la cabeza - La familia de mi madre no aceptaba como la familia de mi padre que ambas razas se uniesen, pero aún así, ellos lucharon para estar juntos y al final, mi madre dejo su vida humana por mi padre. A decir verdad, nunca conocí a la familia de mi madre pero no se como me recibirían... han pasado tantos años...

Annisha no se quejaba en ningún momento de lo que Okita estaba haciendo, quizás le escocía y dolía un poco pero ella había aprendido aguantar el dolor, pues sabía que se le pasaría. Es por eso que estaba tan tranquila y solo se dejaba curar por el muchacho. A veces, él se le acercaba demasiado y Annisha no podía evitar sonrojarse pues nunca había tenido tan cerca a un chico como Okita se acercaba, quizás solo su padre. Sonrió luego ante las palabras de él.

__ Soy un elfo de luz, debo irradiar luz - Rió ligeramente después de que este le había hecho la broma aquella y le había dado un toque en la nariz - Realmente hay muy pocos elfos de luz últimamente... el mundo se ha vuelto tan oscuro que o terminan muriendo o... convirtiéndose en lo contrario a la luz - Ella suspiro con tristeza - Realmente si alguna vez la oscuridad es más fuerte que mi luz... prefiero morir que convertirme en un ser oscuro... da escalofríos solo pensarlo.

Annisha no se había esperado realmente que aquel joven amable y de buen corazón era una deidad. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Ella decidió tratarlo con un poco más de respeto pero aquello pareció no agradar mucha a la deidad pero realmente Annisha no pudo evitar la risa al escucharle decir que si veía como un anciano, a lo que ella negó con la cabeza.

__ Quizás un poco - Le bromeo y luego volvió a reír - Es broma, pareces bastante joven, Okita - Le dijo ella, sin el "san" pues había comprendido que al muchacho no le gustaba aquella formalidad - ¿Amigo? - Aquella palabra le sorprendió por un momento pero luego sonrió dulcemente y con una mirada de cariño asintió - Claro... y se diría que eres mi primer amigo.... aunque lo creas díficil, nunca he tenido un amigo.... se escucha tan bien esa palabra... amigo... - La elfa estaba feliz de tener un amigo y eso lo demostraba claramente - ¿Piropo? Bueno ese tipo de palabras no son un piropo pero si quiere tomarlo como un piropo - La elfa le guiño el ojo y luego dejo escapar nuevamente su risa, hace tiempo que no sentía de esta forma desde que fue llevada aquel mercado.

Finalmente, Annisha había decidido contarle todo sobre el mercado y sobre su vida, la cual no había sido muy fácil desde que la tomaron como una esclava del mercado y más al ser su propia familia, la familia de su padre quienes la habían vendido. Era triste que tú propia familia te vendiese de esa forma y Annisha lo demostraba en sus ojos, desviándolos o yéndosele aquella sonrisa o risa de antes. Le tomó por sorpresa cuando Okita la llamó por "Reina".

__ No necesitas que hagas eso, Okita... no soy una reina... al menos no aún aunque al morir mi padre supongo que ya soy la heredera pero todavía no fui nombrada como tal... según ellos me faltaba más clase y aprender más, es decir, crecer un poco más aunque creo realmente era por lo que era... y por eso en cuanto baje la guardia... hicieron lo que hicieron - La chica suspiro - No me trates de usted ¿Sí? Yo te llamo Okita y tú me llamas Annisha ¿Si? Eso es lo que hacen los amigos ¿Verdad? Me lo acabas de decir - Le guiño el ojo nuevamente, sonriéndole pero luego asintió - Pero estaría encantada de que me ayudases a recuperar lo que debe ser para mi... mi hogar... que a pesar que no tenga gente que me aprecie, yo quiero volver porque es donde crecí y donde mis padres me enseñaron a proteger - Annisha en aquel momento no se espero el beso de él en su frente, ella se sonrojo y se puso la mano en la frente - Gracias... - Dijo simplemente y con una dulce sonrisa que agradecía todo lo que él estaba haciendo por ella.

Después de eso, él propuso llevarla a su hogar y de esa manera, podría estar más a salvo de aquellos que deseaban capturarla. Okita tenía razón, ella necesitaba recuperarse primero. Por lo que la chica asintió y cogió su mano sin dudarlo. Le escuchó hablar sobre conocer a sus hermanas y su madre.

__ Estaría encantada de conocer a vuestra madre y a sus hermanas - Después de eso le escuchó de enseñarle el arte con la katana - Oh, no hace falta... ya lo se - Dijo directamente - Mi padre me enseño el arte con la katana para poder proteger a mi reino, se diría que soy una de las mejores guerreras de mi reino, así que, Okita, cuando este recuperada, espero que acepte un duelo conmigo entonces, capitán- Le bromeo aunque en parte era verdad - Solo que es una pena que mi espada querida se quedase en mi reino pero puedo manejar cualquier otra espada que no sea la mia - De pronto Annisha escuchó algo pero se alivió al escuchar sonido de niños, no estaban en peligro aunque ella confiaba que estando al lado de Okita ya nada le volvería a pasar - Por ahora creo que puedo caminar... no.. no hace falta que me cargues - Decía sonrojada y ella se levantó, intentó caminar unos pasos, cojeando con su tobillo y ella sabía que irían demasiado lentos así - ..... p... Puedo caminar... - A pesar de decir aquello, la chica no estaba muy confiada de sus palabras.


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Re: En busca de la libertad - Okita Souji -

Mensaje por Invitado el Vie Dic 08, 2017 10:38 am

Deidad del fuego, símbolo de fuerza, de vigor y más virtudes que todo ser desea poseer en su amplio repertorio. Okita era quien representaba a esa deidad, con aquella apariencia física la cual podía renacer con otra forma, con la misma si es que quisiera. Ahora se encontraba tratando a una muchacha mitad elfa, mitad humana. El destino de ambos les dijo que se encontrasen, un azar, un acierto, eso no lo sabe nadie. Es cierto decir que aquel hombre tenía conocimiento de muchas cosas, algunas con años de antigüedad, conocía familias y ya seres que no estaban en este plano terrenal. Annisha a sus ojos era una mujer fuerte, que portaba en su espalda una mochila pesada, caminaba por un desierto y nadie le ayudaba. Él desinteresadamente sostuvo aquel peso muerto para ayudarle, de apoco iría siendo más un soporte o al menos, eso intentaría se le notaba en la mirada y la confianza que el “aura” emanaba del espíritu de ella. Todo bien metafórico.

Las palabras expresadas por la dama de cabellos claros eran ciertas. Una de las hermanas había hecho aquella comida, la verdad es que desde pequeños todos aprendían a cocinar. A muchos se les daba y con evidencia quien preparaba su almuerzo a diario era quien más capacitada estaba, no lo hacía por obligación sino lo contrario. Cómo Annisha expresaba, ponía su alma en aquel platillo, como todo quien le cocina a alguien más. El ente solo sonrió ante sus palabras, estaba más que claro que pensaban de igual manera. La sonrisa esbozada relucía energía y un carisma importante, era dedicada a la única observadora que podía tener en el instante.

Lo que le llamó la atención fue el gesto de brindarle comida más acompañado de sus palabras. El joven detuvo lo que hacía para poder dar un bocado acompañado de ella, pero no sin antes expresar un pensamiento que tenía. — Corazón bondadoso, acciones bondadosas. — Fueron las palabras que dijo sin mirarle solo comiendo la deliciosa comida que habían preparado para él. Guardó sumo silencio luego dedicándose a terminar la porción que le correspondía acompañado de aquella mujer que, de apoco más le hacía grata su compañía en tan poco concurrido sitio.

La sinceridad es un rasgo de gran importancia que se debe valorar más de lo que uno cree. Aquella dama presente estaba demostrando hacer gala de éste. Fue más que ella misma lo admitió. La deidad no podía afirmar si lo que ella decía era cierto o no, el tiempo lo dirá y podrá tanto afirmarle como negarle su afirmación, que paradójico suena. Razón tenía en que los padres le habían criado bien pero no tan solo a él, también al resto de la familia. Eran un núcleo poderoso que resaltaba gracias a la suma de las partes, al lazo que les relaciona. Al amor y la comprensión, eran el fruto de ése hermoso sentimiento que llaman amor eterno. — Ser sincero es algo que se valora pero muchos temen. Seguro no dices todo lo que piensas, hay cosas que prefieres ocultarlas, todos lo hacen. — Le miró de soslayo, indirectamente sabía a lo que se refería. Todos tenían algo que no era que le incomodase pero si eran temas “privados”, lo veía en sus hermanos pequeños un ejemplo claro, era cuando les tocaba el tema de algún amorío. No dicen lo que piensan, tartamudean y evitan comentar al respecto.

Vivir y luchar. Todos hacen aquellos pero la raza que más se esfuerza es la humana. Son seres débiles en comparación al resto. En la cadena son los más fáciles de cazar pero han podido sobrellevar esa carencia de fuerza para seguir, eso se llama luchar. Tal como lo planteaba ella, sus palabras eran ciertas pero tenían un leve deje de que faltaba conocer más el mundo. Hay matices dentro de todo. A veces no se debe luchar con una sonrisa, sino con los dientes apretados y otras, ocultando tus sentimientos. Pero en el fondo, el mensaje que mencionaba era cierto. Las razas, algunas aceptan unirse con otras pero ese caso es muy limitado. El amor no distingue de cosas tan simples como la raza o de donde provienes. Solo se siente. Okita decidió no decir nada, siguió haciendo lo suyo con esa calma tan suya.

Al espadachín le gustaba bromear y romper la tensión con algunos gestos como el de tocar la nariz. En verdad lo hacía para ver las reacciones como también para incomodar de cierta manera a las personas. El rubor de la contraria le hizo emitir una sonrisa baja, en tono no de burla pero si de sorpresa. Expresiones variadas era lo que guardaba en su mente, de todo a quien conocía. Los elfos de luz como ella decía estaban en decadencia, era cierto. Hace un tiempo para la fecha hay más maldad que otra cosa, lo cual, es inaceptable. — ¿Oscuridad? Hablas con el dios del fuego. Yo puedo iluminar a placer. — Hizo un gesto de guiñarle el ojo, tras seguir con una sonrisa. — Dudo te conviertas en oscuridad. Posees mucha luz en ti. La oscuridad la vamos a combatir, así que no hay de que preocupar. — Aseveró seguro de sus palabras en todo momento.

Era tan agradable verles a ambos reír con sus bromas, parecían evidentes amigos más ahora que en realidad la palabra salió a la luz. Era tan simple poder quedarse viendo a ambos hablar, reír y disfrutar olvidando los problemas que ser un espectador era una tarea hermosa, poder relatar aquellos acontecimientos. — No se necesitan muchos amigos, se necesitan buenos amigos. En mi caso ahora, amiga.— Alzó el dedo pulgar volviendo a reír, le salía solo ser de esa manera. — Cómo deidad no hago muchas amistades, solo se acercan interesados. Prefiero me traten como un igual y sé que tú lo harás. Puedo asegurar que con todas las de la ley, eres la primera amiga que tengo, así que en eso empatamos. — Quizás podía sonar algo taciturno pero era cierto, la deidad no poseía amistades hasta ahora. Eso en parte le hacía sentir mejor, con un fuego que explotaba en su interior llenándole de una especie de alegría que no conocía. Se quedó mirando a Annisha, algo detenido. Le agradaba su compañía.

Ella era una reina después de todo pero que no quería ser llamada como tal puesto que su pueblo no la aceptaba, lo cual era algo muy cierto pero dentro de todo y a sabiendas de los demás lo era. Okita solo agachó un poco la cabeza, se rascó la cabeza. — Tienes razón. Detesto los formalismos incluso si no fueras mi amiga, supongo que quise imitar a esos tipos de la literatura, tan gallardos. Pero Annisha cuenta con mi ayuda para todo. — El estaba tratándole bien, sabía que necesitaba su apoyo y él más que encantado de brindarle todo lo que pudiera a su amiga. Darle ánimos, sacarle a delante y ser un hombro donde se pudiera contener era lo ideal, iba a tomar ese papel acorde avanzara el tiempo, no le iba a dejar como los que antes lo hicieron. Fue el tema del combate con katanas lo que le hizo entrar en su modo más competitivo. — La arma no hace al guerrero, el guerro hace al arma. — Se quedó en silencio y luego comenzó a reír algo en carcajadas. — ¡Me encanta cuando parezco sensei! Pero en realidad no me sale, comienzo a reír a la mínima que digo algo tan salido de un manual.— Expresó, limpiándose una lágrima que caía por tanto reír. Hoy estaba más risueño de lo normal, eso era curioso por lo mínimo.

La chica era testaruda, no iba a poder caminar y él lo sabía así que le miró hasta que decidió interferir, no iba a poder caminar a un ritmo apropiado además, ella se veía de un peso relativamente bajo, algo que él pudiese cargar con facilidad. Se acercó a ella por delante, se agachó dejando la espalda al descubierto de Annisha, poniendo las manos para hacerle de soporte. — Sube a mi espalda Annisha. Te cargo. — Le quedó mirando unos segundos pero eso no fue suficiente decidió ahora hacer el intento de cargarle, le tomaría, si es que se deja, de tal manera que iba a ir comida sobre su espalda. — No te voy a dejar caminar como tortuga así hasta mi abuela nos pillaría. — Ya con ella en los hombros y que se acomodase de una manera que estuviera a gusto comenzó a caminar para salir del templo a un paso lento. — Puedes apoyarte en mi hombro o espalda. Si quieres duerme, pero trata de no roncar por favor. — Le sonrió. Su paso era lento con ella sobre su lomo, el día estaba avanzando era primordial poder escapar de ahí para que ella reposara y comiese mucho mejor. No había nadie tras de ellos, la vegetación era hermosa, había aroma a flores. — Eres bien liviana. Yo creo que muchas mujeres estarán envidiosas de tu peso y como te mantienes. ¡Ah! Salvo esas heridas que acabo de curar. Tan linda piel pero.. ¡No hace juego contigo estar así herida! Sí te da un toque más guerrera pero, te sienta mejor lo delicada y dulce. — Un silbido proveniente de sus labios de hizo presente, tarareando una canción viejísima que tocaba para sus hermanas menores. — Tengo una hermana que sabe de curación. Le diré que te revise el tobillo y vea que necesitas comer. Ella sabe mucho.. ¡Yo combato y ella es la sabelotodo!— Expresó en lo que a lo lejos se observaba una casa grande, con un campo enorme donde tenían sus cultivos los padres de Okita. No había nadie cerca que pudiera notarles llegar pero de todos modos él, le diría a Annisha que estaban en casa. — Bienvenida a casa, Annisha. Espero te agrade, es algo rural pero es a gusto de mis padres. Tenemos un patio enorme como puedes ver y hay animales.— Con la mirada apuntó las flores, algunos perros que estaban por allí y por sobre todo esas frutas, verduras tan relucientes que se podían apreciar. Habían desde manzanas hasta tomates, era realmente hermoso. Su paso se hizo más rápido para llegar a donde había silla, bajo un árbol de manzana grande. Ahí le dejó, se agachó y se quedó mirándole. La verdad, estaba agradado con ella. — Creo estamos solos. Seguro salieron. ¿Quieres una manzana?— Le preguntó golpeando el árbol y dejando caer unas cuantas, eran rojas, preciosas y lucían realmente apetitosas.
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