¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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Welcome to the imaginary circus (Libre)

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Welcome to the imaginary circus (Libre)

Mensaje por Dmitrei el Miér Sep 27, 2017 7:04 am

Cuatro paredes dentro de las cuales había permanecido los últimos días, cuatro paredes incoloras, aburridas. El sonido de las cadenas en cada movimiento que hacía solamente le enloquecían cada vez más estando en su límite, los cuidadores cada día transcurrido parecían recordarle cual sería su destino, uno que no comprendía del todo, ¿era acaso como la primera vez que fue vendido?, las personas simplemente llegarían a ofertar a por él para decorar sus casa, ¿no?. Pero era aburrido esperar tanto tiempo que simplemente se le hacía eterno. Había estado observando detenidamente las cerraduras aquellos días probando a su vez crear diferentes llaves intentando igualar la forma del agujero, y en eso estaba aquel día. Introdujo el pequeño objeto que su mente creó y forcejeó un tanto con la cerradura hasta que, por fin, el sonido anhelado se produjo.

Se liberó de las cadenas y fue a probar luego a con la cerradura de la jaula, sonriendo totalmente triunfan en lo que abría la puerta. Comenzó a caminar como si nada hacia la salida, ignorando por completo a aquellos ¨muñecos¨ que intentaron detenerle, pasándoles de largo como si nada, saliendo por completo del mercado negro, llegando a aquella ciudad donde las personas se le quedaban mirando como si de un bicho raro se tratase, notaba esas miradas pese a que sus ojos no percibían rasgos, notaba que los rostros carentes de facciones estaban en su dirección y escuchaba los susurros de aquellas marionetas.
Molesto, se cubrió bien el lado izquierdo de su rostro utilizando para ello su flequillo, comenzando a andar cada vez más rápido hasta que terminó por correr. No se detuvo, odiaba que el titiritero le hiciese esa clase de jugarretas, que se divirtiera a su costa haciendo a los demás murmurar solo por su apariencia, y es que, el mundo para el pelirrojo no era más que una clase de escenario creado por algún marionetista, las personas no eran seres vivos, sino más marionetas, e inclusive él mismo era una de ellas, defectuosa claramente, pero, no se consideraba un ser con vida.

Se detuvo al cabo de un tiempo, por no decir que su huida se vio interrumpida por aquel inmenso campo teñido de amarillo: girasoles se alzaban espléndidos y orgullosos justo frente a él, provocándole abrir los ojos con tal ilusión. Comenzó a andar acariciando suavemente las hojas de los girasoles con sus manos, saludándoles de aquella forma, como si se tratase de la bienvenida a una fiesta. Dentro de su cabeza así era, y poco a poco todo aquello se fue materializando conforme la ilusión era creada: una inmensa carpa se alzaba al fondo, mientras que los girasoles se asemejaban a personas, unas estáticas que solamente podían murmurar o mover sus brazos. Al igual que el resto del mundo que apreciaba la gárgola, aquellos tampoco tenían rostro, no necesitaban uno, después de todo no eran más que personajes secundario.
Terminó por sentarse en un barandal, que en ese momento gracias a la ilusión que creaba para sí mismo, tenía la apariencia de unas cuantas cajas de madera apiladas, su mirada contemplaba aquella carpa, un circo imaginario se habría paso frente a él, las personas vestían de gala, todo era muy contradictorio al escenario real dado a que todo aquello pertenecía a otro lugar del mundo, no al sitio donde estaba ahora, pero eso no importaba, gracias a su poder, podía crear cualquier situación y que esta se viese tan real, que fuese difícil distinguir que no era más que una alteración de la realidad misma.

Permaneció ensimismado contemplando aquel paisaje de ensueño que había comenzado como un hermoso campo de girasoles, una sonrisa ilusionaba se formaba en rostro, demostrando lo mucho que le agradaba poder ver todo aquello.
Gárgolas
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