¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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You belong with me — Privado

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You belong with me — Privado

Mensaje por Arkrieg el Dom Ago 27, 2017 8:05 am

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuánto tiempo llevaba estando en la tierra de los humanos? ¿Cuánto tiempo llevaba siendo un ser incompleto? ¿Cuándo fue la última vez que vio con sus propios ojos la luz del sol?

Las preguntas seguían rondando su cabeza, pero fue cuestión de tiempo para que recibiera las respuesta a todas ellas. Ya se había acostumbrado a todo; no tener poder, no poder ver durante el día y ser un dios a medias. Estuvo reposando un par de meses debido a su ceguera y su falta de energía, incluso ánimos para ponerse de pie. Sin embargo, el tiempo había pasado y ya era otra persona, lejos de ser la misma deidad de su juventud, tan sólo era un chiste a comparación del pasado. El hombre seguía sintiendo la misma pasión por los derramamientos de sangre a como le pasaba antes, pero ahora eso quedaba en un pasado distante al no ser capaz de regresar a lo que fue.

Ese mismo día salió de su escondite para respirar al aire fresco, al menos una vez después de un largo periodo de tiempo de mantenerse en las sombras. Era una mañana nublada, por ende no se le dificultó caminar entre la ciudad a pesar de tener su ojo izquierdo vendado. La luz no iluminaba tanto como cualquier otro día, así que su vista estaba a medias y lograba ubicar algunas cosas en el camino y aparentemente no tenía un rumbo fijo al cual ir, pero dentro de sí, estaba seguro al lugar al que iba, debido a que momentos antes pudo sentir que algo en el fondo le decía la dirección a la cual debía dirigirse. Algo lo estaba llamando desde lo lejos, de repente se sentía más seguro y renovado ante aquella presencia que emanaba desde la distancia. Estaba seguro, no había ningún error, ninguna confusión, se trataba de su otra mitad.

Su otro mitad le guió el camino y terminó en el lugar menos esperado: el monte Fuji. Era un lugar sagrado por lo que los humanos solían murmurar, porque la verdad, él nunca se interesó en lugares de esa índole, pero, si su espada se encontraba en ese lugar, no dudaría en visitarlo o echar un vistazo para asegurarse de que había dado con su objeto más preciado. Y así lo hizo, mientras más subía, más sentía ese poder oscuro que le llamaba, para cuando llegó a la cima, todo se nubló de nuevo y comprendió la razón.

El único motivo por el que no puedo ver, es porque la luz no me lo permite, pero este día nublado debe ser raro no poder ver absolutamente nada, imagino que la única explicación que existe es que estoy frente la mismísima luz. —habló con una voz serena, algo poco natural en él, pues no era nada normal verle tan tranquilo cuando estaba frente a su hermana y la misma persona que lo había convertido en eso. Giró su rostro hacia el ente oscuro que lograba distinguir entre la misma penumbra, como si pudiese verlo con sus propios ojos, aunque lo cierto era que sólo era capaz de ver la oscuridad cuando la luz le impedía utilizar su vista—. Has sacado a pasear a Ketsueki. —nombró al ente como su espada, recordaba bien que la espada retenía sus energías malignas, pero no esperaba que pudiese tomar una forma y si tenía una forma, se preguntaba si era capaz de articular palabras—. Diría que es una desagradable coincidencia pero, me alegro de encontrarte, no, no a ti por supuesto, me refiero a él, porque él me trajo aquí. —no lo estaba diciendo pero, sus ojos nublados de maldad indicaban que se llevaría lo que le pertenecía sí o sí.
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Re: You belong with me — Privado

Mensaje por Kysa el Miér Ago 30, 2017 8:29 am

La única razón por la que había hecho un viaje tan largo es porque a veces, dudaba de su propia fuerza, especialmente, conociendo a su hermano. Había sellado la mitad de su poder junto con su espada en un lugar alejado de absolutamente todo: el monte Fuji, no sólo por ser un lugar sagrado y mítico, sino porque además de todo ello, el sitio estaba siendo muy visitado en los últimos años, era bastante turístico, algo que a ella no le gustaba en lo absoluto. Los humanos eran peligrosos cuando se los dejaba obrar libremente, bien podrían desenterrar la espada, romper el campo de energía y si su hermano la encontraba… ni se quería imaginar qué es lo que iba a suceder si eso llegaba a ocurrir, por lo que había hecho un bolso con algunas cosas y había emprendido viaje hacia el monte.

Tenía dudas y eso la había llevado a que sin pensarlo, eligiera un camino que no estaba segura de que fuera el correcto, ni si quiera, si es que debía confiar en su intuición y llegar hasta ahí. Estaba segura de que era un lugar al que Arkrieg nunca iría, pero ¿y si cambiaba de parecer? No, no podía darse el lujo de si quiera pensarlo, no iba a dejar que se recuperase y volviera a ser el mismo dios sanguinario de antaño.

Le costó subir, casi estuvo tres días para llegar, pensando en mudarse a una zona más cercana, pero precisamente, la razón por la que había buscado asentarse lejos de su escondite era para no levantar sospechas. Si llegaba a ver a su hermano, posiblemente, hubiese creído que ella custodiaba su bien más preciado. Y en parte era así y no.

Llegó a la cima, dejó sus cosas a un lado y se dirigió hasta donde había escondido todo. Deshizo la barrera momentáneamente, haciendo un pequeño pozo que acabó por descubrir la caja donde residía la espada. Sus manos estaban teñidas por la tierra, dejándole un tono más oscuro, suspirando y temblorosa por el miedo a no hallarla, la abrió con las dudas reflejándose en sus ojos, hasta que pudo respirar tranquila, como si el alma le hubiese regresado al cuerpo, más, al tener la caja abierta, vio que algo escapó de allí, haciendo que diera un brinco aun estando sentada. La siguió con la mirada y acabó viéndola quedarse quieta no muy lejos de ella. Kysa se levantó ¿Realmente era eso la esencia de la espada? Y habría cobrado vida.

—Hola, pequeño— le dijo dando un paso hacia adelante intentando acercarse sin asustarlo. No había hecho nada desde que había salido de ahí, simplemente, se había quedado quieto, sólo mirándola como si quisiera algo —creo que no nos conocemos. Soy Kysa ¿y tú?— podía notar la esencia que antes había estado encerrada en la espada y ella pensando que iba a ser tan fácil esconderla como había sido hasta ahora. Se le iba a complicar todo pues, ahora, no era sólo esconder la espada, sino, encerrar a aquel ser dentro y ella, al verlo ahí, sentía que no tenía corazón para hacerlo.

Intentó hablar con él sin éxito, cuando se dio cuenta de que había demorado más de la cuenta con todo ello que se dio cuenta demasiado tarde de que su hermano había llegado al monte, dejándola sin palabras mientras  abrazaba el estuche de la espada.

—No lo estarás por mucho tiempo. No pienso quedarme aquí y tampoco pienso dejarte que te lo lleves— sus palabras sonaran severamente en el aire, su ceño se frunció y fue a buscar el estuche y la espada, acercándose a la sombra, iba a necesitar todo eso con ella. Apretó más los dedos alrededor del estuche observando sus posibilidades. No podía verla, así que contaba con una ligera ventaja de momento y pensaba aprovecharla, tan sólo debía ser sigilosa, más, debía hallar la forma de neutralizar la espada y a Ketsueki por un momento para poder huir, ganar algo de ventaja era fundamental para conseguir la victoria con él, así que debía cargarla de luz y mermar su influencia, le iba a costar al tener que crearla ese campo a su alrededor sin afectar a Ketsueki o iba a terminar huyendo en vez de quedarse a su lado, así que necesitaba desviar el campo lumínico lo suficiente como para no hacerse notar y eso, podía hacerlo, era cosa de refracción nada más, sería temporal, pero eso podía ser suficiente para alejarse y sellarla nuevamente, aunque debía contar con la colaboración de Ketsueki para ello ¿lograría convencerlo de que fuera con ella? Lo necesitaba a s lado —si te dejo hacerte con Ketsueki, volverás a cometer los mismos errores de antes— retrocedió unos pasos, cruzando sus pies, alejándose hacia la derecha, estirando su brazo hacia la sombra y sujetándola, pidiéndole con la mirada que la siguiera, lentamente, intentando no hacer ruidos en lo absoluto mientras iba dispersando su energía sobre la espada esperando que surtiera efecto sobre ella, pero necesitaba ganar tiempo y para eso, era importante hablarle —si pudieras prometerme que vas a ser una buena persona, que vas a hacer el bien… ni si quiera eso, puedes simplemente mantenerte indiferente y te devolvería la vista— estaba segura de que eso iba a poder llamar su atención o al menos, eso creía, todo con tal de escapar —podríamos estar juntos, ser una familia, como antes ¿No quieres tener una vida tranquila junto a mí?— Se estaba jugando el todo por el todo, pero esperaba poder conseguir algo de todo ello. Tan sólo necesitaba unos instantes más, minutos que podrían resultarle a su favor si conseguía lo que ella quería: desaparecer por completo la presencia de la espada y huir.
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Re: You belong with me — Privado

Mensaje por Arkrieg el Lun Sep 04, 2017 7:26 am

Le agradaría decir que fue una cálida bienvenida, pero ni siquiera él se interesó por recibir a su hermana deidad, al contrario, estaba pasando de ella, porque en esos momentos lo que más le importaba estaba frente a él, pero no sería tan tonto como lo fue en su pasado, no iba a subestimar a su contraparte de nuevo, por ello, no se atrevía a dar un paso adelante sin estar seguro de si realmente la mujer era capaz de ponerle un dedo encima de nuevo, pero también, deseaba averiguar si había una forma de recuperarse de los ojos y además, volver a unirse con la espada, porque si no había marcha atrás, seguramente ya estaría buscando la manera de matar a su hermana por lo haberlo dejado de esa manera tan humillante y patética.

Eso es muy rudo de tu parte, hermana. —mencionó con un media sonrisa, haciendo un énfasis en la última palabra, como si tratase de burlarse de aquella época en la que se hizo pasar por un buen chico y la llamaba hermana con todo un cariño falso, en su mayoría.

Movió el cuello de un lado a otro, haciendo que sus huesos hiciesen un crujido como si se estuviese preparando para lo peor, no quería admitir que se estaba convirtiendo en un viejo pero, ya tenía bastantes años y no quería sentirse empolvado después de vivir con tan sólo una mitad de su poder, que no deseaba sentirse igual a un mortal o algún demonio menor, por supuesto que él era mejor que eso, pero sólo tenía que hacerse con Ketsueki y estaría satisfecho si no había una solución mejor, pero era claro que la luz le impedía avanzar y tenía que deshacerse de ésta para conseguir sus objetivos.

¿Errores? —repitió en forma de pregunta, mostrándose ofendido por aquella palabra—. Los humanos son los que cometen los errores, yo sólo contribuía a la noción del mal. —agregó con apatía—. Yo seguí las enseñanzas de Caos, así que tú concepto de error es distinto al mío. —y aún así le dio una oportunidad, mas no lo dijo. A esas alturas se preguntaba cómo fue capaz de meterse con la otra deidad, pero fueron escasos los segundos en los que recordó la razón y pensó que sería capaz de hacerlo una vez más con tal de tener aquellos poderes que lo limitaban.

Aunque estuvo a punto de decir algo, guardó silencio ante las palabras de la mujer, ¿es que sus sospechas eran ciertas? ¿ella podía devolverle la vista? Se sintió animado ante la idea y se detuvo a escuchar lo que tuviese que decir, a pesar de que no estuviese de acuerdo en todos los términos y condiciones que debía cumplir para merecer su vista de nuevo. Sin embargo, hubo algo que lo hizo sorprenderse un poco y eso era que la otra deidad estaba dispuesta a olvidar el pasado y volver a empezar con él, estaba desconcertado, tal vez no le había hecho el suficiente daño como para dejarle una marca así como ella lo hizo con él.

¿Paz? ¿Familia? —murmuró un tanto ido de la realidad—. ¿Qué te hace creer que deseo pasar mi eternidad a tu lado después de lo que me has hecho? —porque estaba pasando de largo ante sus malas acciones, ignorando el hecho de que se lo había buscado él mismo con sus mentiras, pero entonces, lo recordó todo—. Claro, no estoy así porque he sido un dios generoso. —es entonces cuando se atrevió a dar un paso adelante, pero guiándose por la ubicación de la sombra, porque no era capaz de ver a la mujer y no estaba segura de dónde se encontraba con exactitud—. ¿Qué le pasó? —preguntó al aire sin entrar en detalles, pero él estaba seguro de lo que estaba hablando—. ¿Dónde está mi hijo? ¿Fuiste capaz de quitarle la vida? Eso es demasiado incluso para un dios. —un dios como ella solamente, porque entre dioses no se tenían mucha piedad algunos, pero él conocía a la muchacha y estaba seguro de que no tenía corazón para quitarle la vida, no por voluntad.

Su maldad seguía siendo parte de él, lo que buscaba era jugar con los sentimientos de ella, causar que su corazón se oscureciera al menos por una milésima de segundo para poder ubicarla en ese lugar, sólo una pequeña sombra y sabría cómo dar con ella.
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