¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

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Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

Mensaje por Oliver Roberts el Lun Jul 24, 2017 7:47 am

El sonido del metal siendo levemente golpeado era lo que entretenía al chiquillo en su jaula, golpeaba con sus dedos los barrotes oxidados creando distintos tonos a los que apenas y prestaba atención.

El cielo crujía y se pintaba de un gris monocromo avisando una posible lluvia, había escuchado decir de una supuesta bruja que pasaba por ahí que sería una tormenta. Por lo que esperaba impacientemente. Esta vez le acompañaba su amado, quien siendo tan solo un recuerdo caudado por su traviesa y maliciosamente le miraba desde fuera, tamborileando los dedos en su brazos cruzado, esperaba igual de impaciente para que su juego comenzara. – Espera a que caiga la primera gota – Le había avisado el infante con una surcada sonrisa que fue devuelta por el inexistente mayor.

No era la primera gota, pero lo era para él, quien escuchó como las demás le seguían interrumpiendo el lugar con su danzar espectral, golpeteando el suelo.

~ Es un suicidio masivo ~ Pensó mientras observaba como cada una de ellas caída de forma dolorosa, rompiendo los huesos que él creía percibir en ellas. Se levantó con una sonrisa de oreja a oreja y, como había aprendido, salió de aquel lugar a través de un olvidado y escondido agujero. Limpió sus manos, sin mucho éxito en realidad. Corrió con sus pies descalzos, creando ondas en los charcos que comenzaban a formarse entre el lodo. Cayó un par de veces entre su travesía, pero se limitaba a observar atrás cerciorándose de que su fantasma personal no le alcanzara y le atrapara. Nunca lo hacía.

Doblegó algunos callejones, volviendo a retroceder y continuar. Una risa infantil pasó por su garganta, cruzó el lugar en cansados minutos que sus piernas comenzaban a contar, aminorando su carrera. Llegó a aquel lugar sombrío, donde lo único que cortaba el silencio era el llanto y los gritos que producía el cielo de forma desesperada. Pasó por algunas de las tumbas, y se encendió tras una de ellas, una nada especial, igual a las demás, cubriendo sus labios con sus manos para evitar reír. Esperando por su  persona que le sorprendería al encontrarle.

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Re: Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

Mensaje por Keung el Lun Jul 24, 2017 9:12 am

Sus labios se encontraban fruncidos demostrando parte de la expresión oculta tras la máscara una de inconformidad y malestar puro, peor no era precisamente por aquella lluvia que caía con fuerza, provocando que los senderos entre las tumbas se convirtiesen en lodo, tampoco el sonido de los truenos a lo lejos retumbando al chocar con la tierra, en lo más mínimo se trataba de algo que, físicamente, incomodase a aquel sepulturero que se resguardaba de la humedad en una pequeña choza de madera ubicada en el centro del lugar, sino que, curiosamente, los días de lluvia alteraban a los muertos, o más bien a aquellos espíritus que no habían conseguido cruzar la línea, encontrándose perdidos en un plano que iba más allá de lo humano pero que no llegaba a lo espiritual.

Sentía sus presencias pasarle cerca, escuchaba sus quejidos, sus peticiones de clemencia o sus comentarios de confusión al cuestionarse un por qué, pues en muchos casos aquello sepultados cuya alma se aferraba a este plano no comprendía o siquiera sabían que habían muerto, pero el hecho de que sus restos estuviesen ahí los mantenían ligados al lugar hasta que de una u otra forma consiguiesen hallar la paz.
Aquello era un fastidio para el peliazul, quien se sentía incómodo de hallarse en sitios sobrepoblados, no importase quienes fuesen los que provocaban tanto ruido, simplemente odiaba las aglomeraciones, que, en este caso, por culpa de una capacidad que siquiera es capaz de controlar, debe soportar aquella tortura que le afectaba no solo con la incomodidad, sino que también provocaba un cansancio mental, un malestar dentro de su cabeza que se manifestaba en una aguda dolencia.

Salió de la cabaña, completamente harto pues, su poder provocaba que los espíritus se sintiesen atraídos hacia él así como su propio origen, pues era producto de la muerte de muchas personas; miró el cementerio, caminando alrededor de la cabaña, aun evitando mojarse, esta estaba ubicada en un buen punto donde su aguda vista le permitía vigilar casi todo el sitio de forma efectiva.

Fue entonces cuando lo vio, una persona- ¿un niño? -se cuestionó frunciendo un poco el entrecejo y retirándose un poco la máscara sin tomar crédito a lo que veía, pues no era nada normal que alguien con su apariencia terminase en un lugar como ese, menos aún bajo una tormenta como aquella.
No le perdió de vista hasta que este se ocultó tras una lápida, acabó por rodar lo ojos, si bien normalmente no se entrometería en asuntos que no son suyos, su deber en aquel lugar era mantener un orden, y entre aquello estaba el hecho de evitar que un niño como aquel estuviese "perdido" dentro del cementerio, recibiría una reprimenda de permitir además que se quedase bajo la lluvia.

Resopló, colocándose una vez más la máscara, saliendo bajo aquella lluvia y resignándose a empaparse para acercarse a aquel de una manera demasiado sigilosa, caminaba justamente hacia sus espaldas pues así era más sencillo acorralarle y evitar acabar en una persecución justo en medio de las lápidas.
Cuando estuvo justo tras él, lo miró desde arriba, aquellos orbes dorados eran fríos y severos, mirándole tras aquel cráneo que llevaba por máscara; apoyó una de sus manos e el hombro ajeno, sujetándole sutilmente por si acaso intentaba echar a correr.

Los cementerios no son para jugar... -mencionó firmemente tomándole por la muñeca, prácticamente halándolo sin dar explicaciones, guiándole hasta la cabaña que no estaba demasiado lejos, haciéndole entrar sin más pues, no quería seguir bajo aquella lluvia.

Dentro de la cabaña había una pequeña fuente de calor similar a una chimenea, era un sitio acogedor y pequeño, justo para una sola persona. Nuevamente le peliazul le miró de forma severa cruzando los brazos sobre el pecho- Te quedarás aquí, cuando acabe la lluvia puedes marcharte... pero te advierto que si te veo jugar nuevamente entre las lápidas recibirás un castigo no muy grato -entrecerró sus ojos, pareciera a simple vista que estaba cabreado con aquel, pero no, simplemente el malestar para con los espíritus le hacía estar de mal humor.

Salió por la puerta sentándose en el pequeño corredor de aquella cabaña donde aún estaba seguro de la lluvia, dándole espacio al joven rubio en el interior ya que no pretendía tampoco socializar con aquel, simplemente cumplía lo que debía y listo, no planeaba perder el tiempo en cosas que siquiera le interesaban; pese a estar empapado, tampoco parecía hallarse incómodo por este hecho, dado a que no se molestó en cambiarse de ropas, menos aún, sacarse esa máscara que ocultaba su rostro de cualquiera.
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Re: Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

Mensaje por Oliver Roberts el Lun Jul 24, 2017 9:49 am

Entre su espera y sus pillerías sintió un peso en su hombro, alzó la vista esperando encontrarse con su amado o en todo caso con su padre. Pero la decepción inundó su rostro cuando visualizó a una persona completamente desconocida a sus ojos, con un aire a muerte, aquel que había vivido de cerca.

La presión en su mano le impidió zafarse del agarre y el arrastre que proporcionaba “el hombre extraño de la máscara”, había nombrado él. Forcejeó pero le fue imposible por obvias razones de fuerza. Suspiró girando el rostro hacia atrás observando a su padre tendiéndole la mano. Estiró la otra mano, queriendo encontrarla con la ajena –Mi padre… - Balbuceó entre los truenos. Se dejó alar, por lo menos hasta que le dejara y pudiera salir corriendo del lado del extraño, era más fiable que seguir gastando fuerzas en algo que estaba seguro no iba a impedir. Sus pies se deslizaron entre el lodo bajando la mirada y volviéndola a llevar hasta el añil de una mata de cabello.

La pequeña choza era cálida, el cambio de clima erizó su cuerpo helado. Se sentó en una silla, jugando con sus dedos y mordiéndolos mientras era reprendido. Sus orbes oceánicos miraron al hombre, escudriñándolo en silencio, analizándolo cuanto pudiera antes de que este se fuera, una vez que salió de su vista analizó el lugar. Probablemente pudiera salir por la ventana, eran grandes pero estaba dividida con madera no tan delgada. Irónicamente ahora que había salido de su jaula, fue a parar a otra.

Alzó la mirada al techo con semblante aburrido y una voz le sacó de sus pensamientos. Una vez que conocía como la palma de su mano, que le hacía revolotear el estómago. – Es acogedor – Habló la ilusión mientras paseaba por el cálido y pequeño lugar, acercándose al rubio que cruzó los brazos haciendo un puchero.

-Yo quería seguir jugando… - Le miró algo frustrado por cómo se había hecho añicos sus planes de pasar un rato del día entre sus cosas y personas favoritas. Su difunto padre colocó las manos en sus hombros sonriéndole de forma tranquilizadora.

-Te contaré un cuento – Ante lo dicho el chico mostró la hilera de dientes, entusiasmado por la idea, aplaudió levemente moviendo las piernas, -¿Qué quieres que te cuente pequeño Oliver? -  Pensó por un momento que elegir, aun sabiendo que sería uno que se sabía de pies a cabeza, que lo repetía siempre a lo largo de sus días, no tenía opciones pero le gustaba fingir lo contrario. No quería que su padre se entristeciera.

-¡El del caballero que lucha contra el dragón! – Aludió subiendo el tono de voz, extasiado. Adoraba como el caballero luchaba contra todo para salvar a la princesa aun cuando este al final terminaba con muchas heridas. Él era un príncipe encerrado en su torre, custodiada por su mente maliciosa, esperando que su amado le rescatara, cosa que nunca pasaría. En el fondo sabía que no era un castillo, era un pozo en el que estaba, y los días solo aumentaban los ladrillos que formaban aquella prisión, acariciándole con un manto de recuerdos, que sólo le impedían tratar de ver la luz. Pero al él… al final no le importaba.

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Re: Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

Mensaje por Keung el Jue Jul 27, 2017 12:12 pm

La fuerte tormenta continuaba cayendo de una manera totalmente incesante luego de un buen tiempo, en todo ese lapso, el sepulturero permaneció inmóvil, mirando con cierto repudio aquello imperceptible para muchos, escuchando lamentos, susurros, soportando un malestar dentro de su propia cabeza a causa de esto, terminado por resignarse como muchas ocasiones antes, a aguardar que los muertos dejasen de molestarle, que se calmasen, aunque claramente aquello no sucedería no hasta dentro de un buen tiempo a futuro.

Debido a su estado casi inerte, se podría hacer pasar por una estatua, más que nada por esa máscara que cubría sus ojos, ocultaba su rostro, inclusive su propio cabello era oculto por aquello simulando ser una larga melena albina pese a que en la realidad no era así.
Acabó, finalmente por ponerse en pie cuando el frío pudo con él así como la desesperación, cerrando la puerta tras de si y rebuscando en algún cajón unos cuantos sellos que colocó en las ventanas así como en la mismísima puerta impidiéndole la entrada a aquellos, quedando en un pequeño y personal refugio... bueno, casi personal.

Para ese momento había olvidado al pequeño, quién aún permanecía en el interior de la cabaña, Keung terminó por ladear el rostro, confundido ante aquella actitud, sintiendo extrañeza inclusive, si embargo, no era su asunto, no se metería donde no le llamaban.
Con calma le dio la espalda sacándose la máscara para dejarla sobre una saliente ubicada en una de las paredes con el fin de sostener objetos, luego se sacó su ropa húmeda y se cambió sin preocuparse del otro a quien, claro, tenía vigilado, notando que estaba, literalmente, en otro mundo.

Terminó por vestirse con ropas nuevas un yukata en color verde, más exactamente, dejando las otras colgadas cerca de fuego para que se secasen y no acabasen estropeándose, cosas básicas que había aprendido con el pasar de los años; tras eso, se sentó en su futón, con las manos ocultas dentro de sus mangas, volviendo a fijar su vista en el extraño por un largo tiempo.
Finalmente, y como con todo, se desesperó de su extraño comportamiento, afilando un poco la mirada, pues le había estado analizando.

Niño, ¿hasta cuando vas a seguir pretendiendo escuchar o mirar a la nada? -cuestiona con voz severa, claramente con mal hastío para ese punto, apoyando la espalda contra la pared, adquiriendo una posición algo más cómoda.
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Re: Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

Mensaje por Oliver Roberts el Jue Jul 27, 2017 7:09 pm

El joven rubio observó con detenimiento al extraño. Sobre todo deteniéndose en sus ojos escudriñándolos, tratando de encontrar lo que otros no encontraban. – Y tú ¿hasta cuando vas a fingir que no están ahí? –Le sacó la lengua con infantilismo y sonrió de oreja a oreja mirando a su padre que seguía contando la añorada historia. Sus alucinaciones eran tan reales como él mismo y le era mejor vivir con esa mentira que le hacía feliz y pretender que eran más reales que la verdad. Podía presenciarlos con todos sus sentidos. Una cruel mentira muy bien formada de la que él era cómplice.

Se levantó y caminó  hacia el mayor quedándose frente a él. Alzó su mano y toco su rostro pues sentado a esa altura le quedaba muy fácil la tarea. –Tienes el aroma a muerte rodeándote – Comentó casi en susurro haciendo una mueca –, más bien es un olor… a sufrimiento, sangre. –Cerró los ojos, pensativo - Como un cadáver recién mutilado. Un buitre de muerte.

Abrió los orbes que irradiaban desconcierto y quitó su mano dando unos saltitos hacia atrás quedando en su posición inicial en la sella. Tarareando una canción cuyo origen desconocía, sólo salía de su garganta con sutileza jugando con sus pies. –Cuarenta y dos… - susurró respondiendo sus propios gritos internos y levantó la vista al techo, escuchando el golpetear de la lluvia -¿La lluvia no es linda? Es fresca y trae vida, es vida; pero también trae muerte y es muerte. Ambas caras de una moneda, sólo dependiendo como se sienta serán los resultados. Puede ser vida, puede ser muerte, o incluso ambas opciones.

Miró al mayor apretando los labios. – Soy Oliver, Oliver Tristán Roberts –Soltó una pequeña risa, lo hacía siempre que se presentaba pues su nombre le causaba cierta gracia. Él, su nombre Tristan. Él no era el caballero del cuento. Él no era Tristán. Él siempre era Isolda, lleno de ira, tramposo con sed de venganza. Viviendo en una despreciable realidad, falsa, irreal, que le mantiene separado su propia felicidad, una felicidad ya muerta. Negó con la cabeza, divertido por sus propios pensamientos y volvió su atención

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Re: Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

Mensaje por Keung el Vie Jul 28, 2017 2:20 am

Elevó una ceja ante aquella pregunta en clara respuesta a la que había formulado con anterioridad, ¡cuán irónico sonaba aquello cuando se lo decía a alguien que poseía la habilidad de ver, sentir y escuchar a los muertos, seres que técnicamente no estaban ahí!. Resopló rodando los ojos simplemente decidiendo no discutir el asunto, uno al cuál, por lo visto, ninguno daría el brazo a torcer y/o se llegaría a tener u ganaros, pues a que cada cuál tenía su propio punto de vista, pero eso solo provocó que el peliazul se preguntase respecto a el por qué el rubio estaba tan seguro de que había algo ahí, ¿acaso estaba loco?, quizá, y no sería la primera vez que se encontraría con una persona que afirmaba ver algo que no existía, algo que siquiera él que venía de la misma muerte podía percibir.

Se acomodó mejor en su sitio decidido a volver a ignorar totalmente la presencia de aquel, sin embargo, sus planes fueron totalmente truncados a causa de que el propio niño se posiciono en un punto en el cuál le veía.
Intentó retroceder, en su rostro una mueca de claro desagrado se formó- Demasiado cerca -susurra entre dientes, incómodo por el contacto ajeno, no le gustaba, no estaba acostumbrado a ello, simplemente acabó por hacer una mueca de total disgusto, intentando alejarse en lo que el rubio dejaba salir aquella palabrería, la cuál inicialmente Keung intentó ignorar pero que, finalmente captó su atención por completo.

Sus palabras tenían veracidad en su totalidad, era un poco irónico escuchar que algún ser vivo tuviese aquella forma de ver las cosas o de percibir inclusive sus orígenes, pues estaba en lo cierto, traía consigo el aroma a muerte, atraía a los muertos, todo lo que conocía en su vida giraba en torno a esta, y por esta razón la repudiaba tanto pese a que él mismo representa a la tragedia, a la pérdida de vida.
Sin hacer algún comentario al respecto, miró hacia la ventana por la cual se podía apreciar a la lluvia caer intensamente en el exterior, pero, más allá de eso, el sepulturero podía apreciar a los espectros que se lamentaban en el exterior, y que gracias a los sellos que había puesto se mantenían allí sin tener acceso a la cabaña; suspiró de una forma muy audible y cerró sus ojos, aún reacio a entablar alguna conversación con aquel.

… Tanto los vivos como los muertos son capaces de disfrutar u odiar la lluvia… para unos representa alegría, vida, inicio… para otros tragedia, melancolía, angustia… -habló con calma, abriendo sus orbes para enfocar la figura del rubio no muy lejos de su propia posición, afilando un poco la mirada- Eres…. Bastante perspicaz.. niño… -vuelve a suspirar, dando con ello por concluida la plática que inclusive llegó a dar la impresión de fatigarle.

El nombre de aquel se escuchó, era innecesariamente largo, al menos desde su punto de vista. Volvió a cerrar sus ojos en ese momento, quedándose e silencio, escuchando la lluvia caer en el exterior- Keung… así es como me nombraron hace mucho tiempo… tanto así que podría decirse que es mi nombre [/color] -vuelve a mirarle de forma penetrante, solo hacía aquello por cortesía, pues desde u inicio no planeaba perder su tiempo en socializar con alguien, sin embargo, ahí estaba, aunque fuese poco, respondiendo a lo que aquel tenía para decir.
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Re: Jugando con muertos entre tumbas (Privado)

Mensaje por Oliver Roberts el Sáb Jul 29, 2017 4:13 pm

Sonrió con cierto orgullo ante el ligero alago de parte del mayor, balanceando sus pies de adelante hacia atrás. No era el primero que se lo decía, tal vez con esas palabras sí, pero normalmente era “eres maduro para tu edad”, “piensas en cosas que un niño no debería”, entre otras frases comunes entre los adultos, e incluso niños de su edad que se habían dedicado a molestarle y reírse por ser “diferente”. Un pequeño monstruo. Y para su mala suerte aún muertos seguían susurrándole cosas y lastimándolo.

-¿Keung? Es interesante, supongo. Pero ese no es tu verdadero, ¿Quién eres entonces? Fuera de tu nombre. ¿Qué te hace ser tú? – Preguntó apuntando con su delgado dedo al chico de hebras azules. Le intrigaba la clase de persona que podía ser. Además de que no tenía mucho que hacer como salir y jugar entre las tumbas, jugando entre muertos y gusanos.

Podía notar que el contrario era un hombre de pocas palabras, se limitaba a contestar con frases cortas. Podía decirse que era algo normal por parte de un adulto, pero sabía que no era sólo la edad. Era la soledad a la que tal vez estaba acostumbrado, porque ¡Vaya! Los muertos no eran suficiente compañía a veces. Pero que mejor que tenerse a sí mismo, él se tenía incompleto y atrofiado pero estaba bien con eso.

Aburrido comenzó a caminar por el lugar, tomando mechones de su cabello rubio entre los dedos, dándoles vueltas, jalándolos y volviendo a repetir el proceso hasta peinarlo con las uñas y volver al círculo vicioso. –Estar es
muy aburrido ¿No prefieres salir a jugar conmigo? –
Preguntó poniendo sus típicos ojos de cachorrito desamparado. Y era que si el mayor no le animaba a levantar su trasero del colchón, él terminaría por tratar de escapar. Había escapado de una jaula por un rato y odiaba tener que volver a estar encerrado. No era incómodo como su fría y húmeda celda, para nada se comparaba, pero únicamente estaba perdiendo tiempo ahí en vez de disfrutarlo – Por favor, déjame disfrutar un rato antes de tener que volver al mercado, si descubren que no estoy en mi celda se enojarán… de nuevo – Por supuesto que no era la primera vez que escapaba, pero tampoco la primera en la que podría ser atrapado. Pero le gustaba correr el riesgo por unos minutos de libertad. Daba la cara más convincente que su rostro pudiera pintar.

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