¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
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Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

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Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Yoh el Lun Mayo 15, 2017 4:04 am

Había sido un día un tanto agitado pues había salido durante todo el día a comprar cosas, primero fui al puerto a comprar pescado para llevarlo a casa, volví a salir a comprar más cosas y luego regrese pero al final del día no me había quedado en la mansión de Nergal aquel idiota pelirrojo o al menos actuaba como tal, en mi mente admitía una y mil veces que me agradaba pero tal vez era un agrado superficial o algo así la verdad no quería ilusionarme pues él no parecía mostrar absolutamente nada hacia mí y sinceramente hacia nadie.

Así que era posible que tuviese que ir pensando en dejar la idea de confesarme con el pelirrojo pues odiaría recibir un “¿Qué te pasa?” o un “Ahh! No estoy interesado!” como respuestas, pues cabía la remota posibilidad de que Nergal fuese heterosexual ya que lo había visto realmente fascinado por Aya, su nueva esclava pero también perseguía a Kagami con insistencia, así que podía tener una preferencia tal vez ¿Bisexual? ó ¿Asexual? pues a veces parecía no interesarle ni las moscas que rondaban por su opulenta mansión.

Lo que si había notado es que los nombres de sus esclavos los recordaba a la perfección pero mi nombre nunca salía de sus labios, es decir nunca me llamaba “Yoh” solo “Cuernitos” ú “Oye!” y bueno, ¡¿Por qué carajos me encontraba pensando en alguien que ni siquiera me llamaba por mi nombre?!...eso había sido lo más absurdo de todo el día, pensar en Nergal.

Por alguna extraña razón termine en el mar de estrellas, supe en donde estaba pues ya era de noche y las estrellas iluminaban el agua que estaba frente a mi, sinceramente era un momento relajante y agradable, suponía que también habría una que otra persona admirando ese espectáculo nocturno por igual…también eso me ayudaba a borrar mis pensamientos sobre aquella estúpida deidad del Caos.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Sayo el Miér Mayo 17, 2017 3:17 am

No podía creer todo lo que había corrido durante el día y aun así, no había logrado que su intuición la ayudase. Se había perdido y cuando se había visto en frente de unos bandidos, había echado a correr sin pensar en nada más que escapar, ni si quiera, en que se estaba alejando cada vez más de su casa y que mientras más corriera, más iba a perderse. Pero podría preguntar ¿cómo? No tenía idea.

Cuando al fin los perdió, se dio cuenta de que estaba en medio de una densa vegetación que no le recordaba absolutamente nada de nada, por el contrario, se sentía más intranquila todavía, tenía el kimono desarreglado, casi cayéndole por el hombro, el cabello hecho una maraña y encima, estaba refrescando al caer la noche. Se sintió temerosa que era una de las primeras noches que pasaría sola desde que Nanao la había rescatado de su encierro y le había dado esas libertades que ella tanto quería, aunque aún, tenía mucho por delante, pues, debía empezar a buscar sobre ella misma.

Sin embargo, para saber de ella, tenía que encontrar a alguien que la conociera y no parecía que pudiera hallar a alguien que estuviera conectado con su pasado, salvo aquel brazalete que llevaba su nombre o al menos, lo que ella creía que era su nombre, pues, aquellos caracteres leídos como Sayo son los que ella había adoptado como su identidad, nada más que eso.

—Quizás, muera congelada antes de encontrar a alguien aquí—
suspiró pesadamente levantando las solapas del kimono para poder acomodárselo correctamente, ajustando el obi a su cuerpo de esa manera, para verse un poco más presentable —y tengo hambre— y quería decir tanto y sentía que se iba a quedar sin fuerzas si se esforzaba demasiado sobre ello.

Anduvo sin prestarle atención al paisaje, por muy bonito que fuera, el agua no era algo que pudiera simpatizar con ella, por lo que acababa manteniéndose lo más alejada que pudiera de ello, para evitar causar problemas. Al menos, fue así hasta que vio a alguien a la distancia, entusiasmándose y creando una ola en el agua: aun no dominaba sus poderes. Y cuando se dio cuenta, gritó y corrió lo más lejos que pudo al notar esto, refugiándose detrás de una roca para que el agua no la rozara.

—Eso estuvo cerca—
dijo deslizando su espalda sobre la piedra sintiéndose un poco más tranquila, sin animarse a asomarse una vez más, temía que pudiera entusiasmarse de nuevo y dejar sus poderes fluir sin darse cuenta.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Yoh el Vie Mayo 19, 2017 7:21 pm

Algo llamo mi atención y me hizo apartar la mirada del paisaje frente a mí, pues escuche un grito no era uno de agonía, si no, de miedo o tal vez ¿sorpresa?...quien sabe pero mantuve mi distancia pues el agua también pareció haberse movido por unos momentos, suerte que no había sido nada grave porque en casa de la deidad del Caos fue donde descubrí que no sabía nadar y sinceramente nunca podría aprender debido a mis enormes cuernos que se volvían inmensamente pesados bajo el agua, cosa que no sucedía estando en tierra era algo muy raro a mi forma de ver.

Volví mi mirada dorada donde aquella roca de la cual parecía haber provenido aquel grito, simplemente aquella fémina no había sido nada discreta pues alcance a ver cuando se escondió después de gritar.

Libero un ligero suspiro y me decido a hablarle al menos para tranquilizarla un poco, no era mi fuerte el hablar con las personas pero tenía que intentar algo -Sal de ahí, nadie te va a hacer nada- aquello había sido mi máximo esfuerzo de interacción social en esos momentos y mientras esperaba una respuesta me cruce de brazos fijando mi mirada en la roca en la cual estaba escondida aquella joven, solo esperaba que no me viese como una amenaza por que por fortuna para ella no era ni mi objetivo ni estaba de mal humor, simplemente estaba un poco perdido pero suponía que si salía del bosque llegaría a la ciudad y de ahí me podría ubicar. Me había sucedido antes así que por ello no me preocupaba mucho.

Esperaba que la joven no se hubiese asustado de mi apariencia, pues un joven con cuernos de carnero no era muy común que digamos, ya sabía yo que era un espécimen extraño y en ocasiones la gente huía al verme o en el peor de los casos querían tocar mis cuernos, lo cual odiaba así que prefería que pasara lo primero.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Sayo el Mar Mayo 23, 2017 6:03 am

Aún estaba sobresaltada por lo que había ocurrido, no esperaba que el agua reaccionase de esa manera cuando ella se emocionó, era por esa razón que ella estaba en contra de acercarse a lugares como ese ¿y si la salpicaba y acababa convirtiéndose? Tenía sus ventajas cuando estaba en altamar y necesitara nadar, pero ahora, no le veía ninguna, tan sólo una complicación.

Al menos, intentó serenarse, pero su corazón volvió a dar un vuelco cuando escuchó la voz de aquel hombre ¡la había visto! Y seguramente, la acusaría de ser la culpable de que el todo hubiese perdido la calma, sí, sí. No había forma de que obviara algo como ello, como cuando estaba con aquel chico que se asustaba con el agua, nunca lo entendió, lo que sí sabía es que podría ser más peligroso de lo que ella se imaginaba.

Pero no podría seguir ahí para siempre, la consideraría loca o algo peor, así que se levantó de un brinco, casi tan tiesa como una estatua, con los ojos cerrados. Pero se decía mentalmente que era estúpido tener una actitud así y pronto, vio al muchacho que tenía en frente mucho más de cerca. Antes, apenas había llegado a distinguirlo nítidamente por la distancia y el susto, pero ahora, ya no sabía qué hacer.

—¿Son de verdad?— Atinó a preguntar apenas los vio, simulando con las manos los cuernos de su cabeza y apenas lo hizo, se dio cuenta de lo grosera que había sido —no es que queden mal, ni nada por el estilo. Es que se ven muy grandes ¿no son pesados? No es que parezcan más grandes que su cabeza. Bueno, lo son, pero no era eso ¡Aish! ¡Cállate, Sayo!— se dijo esto último a sí misma sabiendo que había arruinado toda posible relación o conversación normal con aquella persona, dándole la espalda y respirando muy, pero muy profundamente antes de sentirse un poco, un poquito más serena y concentrarse en otra cosa —lo siento— se disculpó al voltear reverenciándolo —tiendo a hablar más de la cuenta y no sé cuándo debo detenerme. Nana-san siempre me dice que es mejor que me quede callada antes que diga alguna brutalidad, como aquella vez que le pregunté al dueño del teatro si podía beber bien el sake por tener una nariz tan grande— e imitó la puntiaguda nariz con su dedo —a lo que ella me reprendió y creo, debió perder el trabajo, porque no volvimos a ese teatro. Al menos, no que yo recuerde. Pero es que tampoco pude quedarme callada y al final, no pude escucharla tocar como había prometido. Supongo que son cosas que suceden ¿ha escuchado el violín? Hace una melodía preciosa— contó risueña casi sin hacer pausas para respirar, algo que no le impedía continuar con la conversación e irse del hilo a otro totalmente diferente.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Yoh el Lun Jun 19, 2017 6:25 am

Cuando la chica salió de su escondite, quise acercarme un poco a ella sin embargo a medio tramo me detuve pues la pregunta que me hizo me saco de contexto logrando que pusiera un semblante de confusión e incluso parpadeara un poco y solo hasta que utilizo sus manos para describirme a que se refería fue que le entendí y suspire ligeramente cerrando mis ojos unos momentos y colocando mis manos en la cintura para después llevar una de estas a mi frente y sobarla ligeramente, medio mundo me había preguntado esas cosas cuando me veía y de alguna manera invocaba a la tranquilidad y a la paciencia para que fueran mis aliados en el proceso de dar una respuesta sin enojarme siquiera un ápice en el proceso, ¿me molestaba que me preguntaran por mis cuernos? A veces, pues yo deseaba que las personas los pasaran de largo pero no era así la mayoría de las veces, lamentablemente.

Volví mi mirada donde ella mientras me cruzaba de brazos y justo cuando le iba a explicar el porqué de mis cuernos, ella comenzó a hablar más y…más…y simplemente me quede escuchándola mientras una pequeña gotita resbalaba de mi sien, en serio esa chica peliazul era una mujer muy parlanchina en esos momentos solo me quede en silencio viendo sus acciones y escuchándola para después responderle suspirando ligeramente una última vez -Entonces Nana-san tiene razón…- se que soné bastante grosero pero simplemente era la cruda verdad, pues parecía que la joven no tenía una especie de filtro en su cabeza que le permitiera pensar antes lo que de sus labios saliese después.

El cambio de tema tan repentino de nuevo me tomo por sorpresa pero ya me daba igual, había descubierto que la espontaneidad estaba presente en aquella joven y en cada cosa que decía o hacia así que solo trataría de conversar algo un poco más ‘normal’ con ella, sinceramente cualquier tema estaría bien mientras no tratara sobre mis cuernos -La verdad prefiero el silencio, es más cómodo- y a mi parecer lo era pues de lo contrario no sería la deidad del silencio.

-Y…¿Qué haces en estos rumbos?, ¿estás perdida? Porque no es normal que una mujer deambule sola por estos lares y mas durante la noche, además de que no es seguro- me había dado curiosidad el porqué esa jovencita estaba en esta zona, no sabía si era prudente preguntar o no pero de igual manera lo hice además en los tiempos que corrían ningún lugar era seguro y menos para una fémina durante la noche, ¿qué tal si hubiese salido un grupo de bandidos en vez de que hubiese sido yo?, otra historia seria y posiblemente una que tal vez no tuviese relato alguno de parte de aquella joven.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Sayo el Dom Jun 25, 2017 8:12 pm

Y le llegó la confirmación de que ella abría la boca más de la cuenta por otra persona. En realidad, no era novedad para Sayo pero tampoco es que hubiera una forma de contenerse con las cosas que pasaban por su cabeza, por eso era fácilmente deducible lo que ella sentía o quería, no había más que escucharla un poco o ver lo transparente que era con sus emociones, algo a lo que nunca había podido habituarse ni cambiar. Simplemente, era así.

—Posiblemente, Nana-san tiene razón en muchas cosas. Es una mujer muy inteligente y tiene una casa muy bonita ¡algún día debería ir a visitarnos! Podrá escucharla tocar y cantar, tiene una voz muy cálida. Ojalá yo tuviera una voz como ella. Aunque me dijo que probablemente, yo cante mejor que ella aunque aún no sé cómo hacerlo. No sé a qué se refirió con eso en ese momento— dijo pensativa sosteniendo su mentón con sus dedos índice y pulgar, pero de pronto volvió a brotar el entusiasmo de ella como si nada —¡Seguro puede ir a probar el manju que hago! Aun no soy muy buena en la cocina, pero modestia aparte, me sale de maravilla— soltó risueña desviando la conversación por esa ensalada que eran sus pensamientos.

Y no era raro en ella, la conversación era algo tan natural en ella como respirar, o los monólogos, que podía soltar largos, largos monólogos en su casa en los que Nana la escuchaba, asentía y respondía si es que le daba la oportunidad de hacerlo, porque si llegaba a distraerse y cambiar de tema ¡alá! No había forma de saber qué es lo que había querido saber en un principio. Pero por eso mismo, le había parecido agradable estar con alguien como ella, pues, era demasiado espontánea y de pasar a estar completamente sola, con el escándalo que hacía ella por la casa, podía sentirse realmente cómoda. Y ella también, que realmente, necesitaba una amiga, aunque fuera su ama, no le importaba mientras pudiera sentirse acompañada y tener a alguien con quien compartir las cosas.

—Bueno— to
mó aire pensativa en lo que recordaba sus razones para haber llegado allí —¡Sí! Me he perdido ¿Cree que no sé qué es inseguro andar sola? Si supiera las cosas que me han pasado. En realidad, quería llegar a casa. Salí temprano a dar una vuelta y me quisieron asaltar, pero fui más rápida que ellos ¿sabe? Ser pequeña tiene sus ventajas, así que pude escabullirme y comencé a correr sin saber a dónde es que debería ir. Corrí bastante, vi unos pájaros muy bonitos camino aquí ¿le gustan las aves? Algunas son muy coloridas y vistosas, realmente llamativos. Aunque me han picado alguna vez y duele bastante, por eso, prefiero evitarlas. Al igual que el agua, no suele reaccionar bien cuando estoy cerca— fue diciendo mientras caminaba un poco, manteniendo distancia de la orilla, como si pudiera sucederle algo de un momento a otro, como si el agua pudiese devorarla. La miró con una expresión entre la confusión y el miedo y dio media vuelta —yo mantendré mis distancias ¿Y usted por qué está aquí? Dijo que era peligroso— porque era mejor prevenir que curar.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

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