¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

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Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Yoh el Lun Mayo 15, 2017 4:04 am

Había sido un día un tanto agitado pues había salido durante todo el día a comprar cosas, primero fui al puerto a comprar pescado para llevarlo a casa, volví a salir a comprar más cosas y luego regrese pero al final del día no me había quedado en la mansión de Nergal aquel idiota pelirrojo o al menos actuaba como tal, en mi mente admitía una y mil veces que me agradaba pero tal vez era un agrado superficial o algo así la verdad no quería ilusionarme pues él no parecía mostrar absolutamente nada hacia mí y sinceramente hacia nadie.

Así que era posible que tuviese que ir pensando en dejar la idea de confesarme con el pelirrojo pues odiaría recibir un “¿Qué te pasa?” o un “Ahh! No estoy interesado!” como respuestas, pues cabía la remota posibilidad de que Nergal fuese heterosexual ya que lo había visto realmente fascinado por Aya, su nueva esclava pero también perseguía a Kagami con insistencia, así que podía tener una preferencia tal vez ¿Bisexual? ó ¿Asexual? pues a veces parecía no interesarle ni las moscas que rondaban por su opulenta mansión.

Lo que si había notado es que los nombres de sus esclavos los recordaba a la perfección pero mi nombre nunca salía de sus labios, es decir nunca me llamaba “Yoh” solo “Cuernitos” ú “Oye!” y bueno, ¡¿Por qué carajos me encontraba pensando en alguien que ni siquiera me llamaba por mi nombre?!...eso había sido lo más absurdo de todo el día, pensar en Nergal.

Por alguna extraña razón termine en el mar de estrellas, supe en donde estaba pues ya era de noche y las estrellas iluminaban el agua que estaba frente a mi, sinceramente era un momento relajante y agradable, suponía que también habría una que otra persona admirando ese espectáculo nocturno por igual…también eso me ayudaba a borrar mis pensamientos sobre aquella estúpida deidad del Caos.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Sayo el Miér Mayo 17, 2017 3:17 am

No podía creer todo lo que había corrido durante el día y aun así, no había logrado que su intuición la ayudase. Se había perdido y cuando se había visto en frente de unos bandidos, había echado a correr sin pensar en nada más que escapar, ni si quiera, en que se estaba alejando cada vez más de su casa y que mientras más corriera, más iba a perderse. Pero podría preguntar ¿cómo? No tenía idea.

Cuando al fin los perdió, se dio cuenta de que estaba en medio de una densa vegetación que no le recordaba absolutamente nada de nada, por el contrario, se sentía más intranquila todavía, tenía el kimono desarreglado, casi cayéndole por el hombro, el cabello hecho una maraña y encima, estaba refrescando al caer la noche. Se sintió temerosa que era una de las primeras noches que pasaría sola desde que Nanao la había rescatado de su encierro y le había dado esas libertades que ella tanto quería, aunque aún, tenía mucho por delante, pues, debía empezar a buscar sobre ella misma.

Sin embargo, para saber de ella, tenía que encontrar a alguien que la conociera y no parecía que pudiera hallar a alguien que estuviera conectado con su pasado, salvo aquel brazalete que llevaba su nombre o al menos, lo que ella creía que era su nombre, pues, aquellos caracteres leídos como Sayo son los que ella había adoptado como su identidad, nada más que eso.

—Quizás, muera congelada antes de encontrar a alguien aquí—
suspiró pesadamente levantando las solapas del kimono para poder acomodárselo correctamente, ajustando el obi a su cuerpo de esa manera, para verse un poco más presentable —y tengo hambre— y quería decir tanto y sentía que se iba a quedar sin fuerzas si se esforzaba demasiado sobre ello.

Anduvo sin prestarle atención al paisaje, por muy bonito que fuera, el agua no era algo que pudiera simpatizar con ella, por lo que acababa manteniéndose lo más alejada que pudiera de ello, para evitar causar problemas. Al menos, fue así hasta que vio a alguien a la distancia, entusiasmándose y creando una ola en el agua: aun no dominaba sus poderes. Y cuando se dio cuenta, gritó y corrió lo más lejos que pudo al notar esto, refugiándose detrás de una roca para que el agua no la rozara.

—Eso estuvo cerca—
dijo deslizando su espalda sobre la piedra sintiéndose un poco más tranquila, sin animarse a asomarse una vez más, temía que pudiera entusiasmarse de nuevo y dejar sus poderes fluir sin darse cuenta.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Yoh el Vie Mayo 19, 2017 7:21 pm

Algo llamo mi atención y me hizo apartar la mirada del paisaje frente a mí, pues escuche un grito no era uno de agonía, si no, de miedo o tal vez ¿sorpresa?...quien sabe pero mantuve mi distancia pues el agua también pareció haberse movido por unos momentos, suerte que no había sido nada grave porque en casa de la deidad del Caos fue donde descubrí que no sabía nadar y sinceramente nunca podría aprender debido a mis enormes cuernos que se volvían inmensamente pesados bajo el agua, cosa que no sucedía estando en tierra era algo muy raro a mi forma de ver.

Volví mi mirada dorada donde aquella roca de la cual parecía haber provenido aquel grito, simplemente aquella fémina no había sido nada discreta pues alcance a ver cuando se escondió después de gritar.

Libero un ligero suspiro y me decido a hablarle al menos para tranquilizarla un poco, no era mi fuerte el hablar con las personas pero tenía que intentar algo -Sal de ahí, nadie te va a hacer nada- aquello había sido mi máximo esfuerzo de interacción social en esos momentos y mientras esperaba una respuesta me cruce de brazos fijando mi mirada en la roca en la cual estaba escondida aquella joven, solo esperaba que no me viese como una amenaza por que por fortuna para ella no era ni mi objetivo ni estaba de mal humor, simplemente estaba un poco perdido pero suponía que si salía del bosque llegaría a la ciudad y de ahí me podría ubicar. Me había sucedido antes así que por ello no me preocupaba mucho.

Esperaba que la joven no se hubiese asustado de mi apariencia, pues un joven con cuernos de carnero no era muy común que digamos, ya sabía yo que era un espécimen extraño y en ocasiones la gente huía al verme o en el peor de los casos querían tocar mis cuernos, lo cual odiaba así que prefería que pasara lo primero.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Sayo el Mar Mayo 23, 2017 6:03 am

Aún estaba sobresaltada por lo que había ocurrido, no esperaba que el agua reaccionase de esa manera cuando ella se emocionó, era por esa razón que ella estaba en contra de acercarse a lugares como ese ¿y si la salpicaba y acababa convirtiéndose? Tenía sus ventajas cuando estaba en altamar y necesitara nadar, pero ahora, no le veía ninguna, tan sólo una complicación.

Al menos, intentó serenarse, pero su corazón volvió a dar un vuelco cuando escuchó la voz de aquel hombre ¡la había visto! Y seguramente, la acusaría de ser la culpable de que el todo hubiese perdido la calma, sí, sí. No había forma de que obviara algo como ello, como cuando estaba con aquel chico que se asustaba con el agua, nunca lo entendió, lo que sí sabía es que podría ser más peligroso de lo que ella se imaginaba.

Pero no podría seguir ahí para siempre, la consideraría loca o algo peor, así que se levantó de un brinco, casi tan tiesa como una estatua, con los ojos cerrados. Pero se decía mentalmente que era estúpido tener una actitud así y pronto, vio al muchacho que tenía en frente mucho más de cerca. Antes, apenas había llegado a distinguirlo nítidamente por la distancia y el susto, pero ahora, ya no sabía qué hacer.

—¿Son de verdad?— Atinó a preguntar apenas los vio, simulando con las manos los cuernos de su cabeza y apenas lo hizo, se dio cuenta de lo grosera que había sido —no es que queden mal, ni nada por el estilo. Es que se ven muy grandes ¿no son pesados? No es que parezcan más grandes que su cabeza. Bueno, lo son, pero no era eso ¡Aish! ¡Cállate, Sayo!— se dijo esto último a sí misma sabiendo que había arruinado toda posible relación o conversación normal con aquella persona, dándole la espalda y respirando muy, pero muy profundamente antes de sentirse un poco, un poquito más serena y concentrarse en otra cosa —lo siento— se disculpó al voltear reverenciándolo —tiendo a hablar más de la cuenta y no sé cuándo debo detenerme. Nana-san siempre me dice que es mejor que me quede callada antes que diga alguna brutalidad, como aquella vez que le pregunté al dueño del teatro si podía beber bien el sake por tener una nariz tan grande— e imitó la puntiaguda nariz con su dedo —a lo que ella me reprendió y creo, debió perder el trabajo, porque no volvimos a ese teatro. Al menos, no que yo recuerde. Pero es que tampoco pude quedarme callada y al final, no pude escucharla tocar como había prometido. Supongo que son cosas que suceden ¿ha escuchado el violín? Hace una melodía preciosa— contó risueña casi sin hacer pausas para respirar, algo que no le impedía continuar con la conversación e irse del hilo a otro totalmente diferente.
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Mensaje por Yoh el Lun Jun 19, 2017 6:25 am

Cuando la chica salió de su escondite, quise acercarme un poco a ella sin embargo a medio tramo me detuve pues la pregunta que me hizo me saco de contexto logrando que pusiera un semblante de confusión e incluso parpadeara un poco y solo hasta que utilizo sus manos para describirme a que se refería fue que le entendí y suspire ligeramente cerrando mis ojos unos momentos y colocando mis manos en la cintura para después llevar una de estas a mi frente y sobarla ligeramente, medio mundo me había preguntado esas cosas cuando me veía y de alguna manera invocaba a la tranquilidad y a la paciencia para que fueran mis aliados en el proceso de dar una respuesta sin enojarme siquiera un ápice en el proceso, ¿me molestaba que me preguntaran por mis cuernos? A veces, pues yo deseaba que las personas los pasaran de largo pero no era así la mayoría de las veces, lamentablemente.

Volví mi mirada donde ella mientras me cruzaba de brazos y justo cuando le iba a explicar el porqué de mis cuernos, ella comenzó a hablar más y…más…y simplemente me quede escuchándola mientras una pequeña gotita resbalaba de mi sien, en serio esa chica peliazul era una mujer muy parlanchina en esos momentos solo me quede en silencio viendo sus acciones y escuchándola para después responderle suspirando ligeramente una última vez -Entonces Nana-san tiene razón…- se que soné bastante grosero pero simplemente era la cruda verdad, pues parecía que la joven no tenía una especie de filtro en su cabeza que le permitiera pensar antes lo que de sus labios saliese después.

El cambio de tema tan repentino de nuevo me tomo por sorpresa pero ya me daba igual, había descubierto que la espontaneidad estaba presente en aquella joven y en cada cosa que decía o hacia así que solo trataría de conversar algo un poco más ‘normal’ con ella, sinceramente cualquier tema estaría bien mientras no tratara sobre mis cuernos -La verdad prefiero el silencio, es más cómodo- y a mi parecer lo era pues de lo contrario no sería la deidad del silencio.

-Y…¿Qué haces en estos rumbos?, ¿estás perdida? Porque no es normal que una mujer deambule sola por estos lares y mas durante la noche, además de que no es seguro- me había dado curiosidad el porqué esa jovencita estaba en esta zona, no sabía si era prudente preguntar o no pero de igual manera lo hice además en los tiempos que corrían ningún lugar era seguro y menos para una fémina durante la noche, ¿qué tal si hubiese salido un grupo de bandidos en vez de que hubiese sido yo?, otra historia seria y posiblemente una que tal vez no tuviese relato alguno de parte de aquella joven.
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Mensaje por Sayo el Dom Jun 25, 2017 8:12 pm

Y le llegó la confirmación de que ella abría la boca más de la cuenta por otra persona. En realidad, no era novedad para Sayo pero tampoco es que hubiera una forma de contenerse con las cosas que pasaban por su cabeza, por eso era fácilmente deducible lo que ella sentía o quería, no había más que escucharla un poco o ver lo transparente que era con sus emociones, algo a lo que nunca había podido habituarse ni cambiar. Simplemente, era así.

—Posiblemente, Nana-san tiene razón en muchas cosas. Es una mujer muy inteligente y tiene una casa muy bonita ¡algún día debería ir a visitarnos! Podrá escucharla tocar y cantar, tiene una voz muy cálida. Ojalá yo tuviera una voz como ella. Aunque me dijo que probablemente, yo cante mejor que ella aunque aún no sé cómo hacerlo. No sé a qué se refirió con eso en ese momento— dijo pensativa sosteniendo su mentón con sus dedos índice y pulgar, pero de pronto volvió a brotar el entusiasmo de ella como si nada —¡Seguro puede ir a probar el manju que hago! Aun no soy muy buena en la cocina, pero modestia aparte, me sale de maravilla— soltó risueña desviando la conversación por esa ensalada que eran sus pensamientos.

Y no era raro en ella, la conversación era algo tan natural en ella como respirar, o los monólogos, que podía soltar largos, largos monólogos en su casa en los que Nana la escuchaba, asentía y respondía si es que le daba la oportunidad de hacerlo, porque si llegaba a distraerse y cambiar de tema ¡alá! No había forma de saber qué es lo que había querido saber en un principio. Pero por eso mismo, le había parecido agradable estar con alguien como ella, pues, era demasiado espontánea y de pasar a estar completamente sola, con el escándalo que hacía ella por la casa, podía sentirse realmente cómoda. Y ella también, que realmente, necesitaba una amiga, aunque fuera su ama, no le importaba mientras pudiera sentirse acompañada y tener a alguien con quien compartir las cosas.

—Bueno— to
mó aire pensativa en lo que recordaba sus razones para haber llegado allí —¡Sí! Me he perdido ¿Cree que no sé qué es inseguro andar sola? Si supiera las cosas que me han pasado. En realidad, quería llegar a casa. Salí temprano a dar una vuelta y me quisieron asaltar, pero fui más rápida que ellos ¿sabe? Ser pequeña tiene sus ventajas, así que pude escabullirme y comencé a correr sin saber a dónde es que debería ir. Corrí bastante, vi unos pájaros muy bonitos camino aquí ¿le gustan las aves? Algunas son muy coloridas y vistosas, realmente llamativos. Aunque me han picado alguna vez y duele bastante, por eso, prefiero evitarlas. Al igual que el agua, no suele reaccionar bien cuando estoy cerca— fue diciendo mientras caminaba un poco, manteniendo distancia de la orilla, como si pudiera sucederle algo de un momento a otro, como si el agua pudiese devorarla. La miró con una expresión entre la confusión y el miedo y dio media vuelta —yo mantendré mis distancias ¿Y usted por qué está aquí? Dijo que era peligroso— porque era mejor prevenir que curar.
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Mensaje por Yoh el Vie Jul 07, 2017 6:29 pm

Y de nuevo aquel parloteo innecesario o más bien era que no estaba acostumbrado a estar con personas con una actitud tan animada y vivaz como aquella mujer, sin embargo la dejo hablar aunque lo saco de onda cuando lo invito a probar la comida que ella cocinaba, pues a su forma de ver eso solo sucedía cuando un hombre y una mujer ya eran una pareja formal así que un leve sonrojo se asomo en sus mejillas sumado a una cara de vergüenza bastante graciosa, se había apenado por aquello que deica la joven así que trato de evitar que siguiera con su idea de cocinarle un manju -Ehh…No, gracias, porque ni siquiera te conozco ni tú a mí y no creo que sea adecuado que cocines algo para una persona de la cual no sabes ni su nombre…eso solo se hace cuando una mujer ya está con un hombre de manera formal, ya sabes…- la verdad no sabía bien cómo explicarle eso a la joven así que llevo una de sus manos atrás de su cabeza y rasco un poco esa zona ligeramente mientras el sonrojo en sus mejillas desaparecía y en su lugar quedaba una gotita en su sien.

Si Sayo era una mujer de costumbres tradicionales, bueno, Yoh era de costumbres milenarias posiblemente pues ni siquiera se atrevía a tomar de la mano a alguien, ahora si le decían de invitarlo a comer sobre todo alguien del genero opuesto le parecía algo aun más raro pues se suponía que solo las mujeres comprometidas hacían eso con sus prometidos o algo similar mas nunca con un desconocido.

Pero por fortuna el tema de la comida quedo de lado y la joven paso a responder el porqué de su estancia en ese lugar y a esas horas así que la escuchó y logro notar que era temerosa con el agua, no pregunto nada pues cada quien tenía sus pequeños traumas y era mejor no avivarlos o sería algo de lo cual el albino podría arrepentirse, y en cuanto llego una pregunta similar a sus oídos fue cuando le respondió a la peliazul -Al igual que tu, yo también estoy algo perdido pero solo tengo que orientarme ya sea con las estrellas o con el brillo de la luna y podre salir de aquí, si quieres sígueme y salimos juntos- se ofreció a ayudarla pues a pesar de ser un grosero en ocasiones, no podía dejar de lado el hecho de que le seguía preocupando al menos una pizca el que esa joven estuviese en ese lugar y a esas horas y aun mas al escuchar por lo que había pasado, bueno, él se aseguraría de que llegara con bien a su destino o más bien que ambos lo hicieran -Me llamo Yoh…¿Cuál es tu nombre?- quiso presentarse pues creyó que sería lo más adecuado, después de todo les esperaba un camino no tan corto de regreso a la civilización si se le podía llamar así al pueblo más cercano y solo comenzó a caminar cuando la joven mujer estuvo lista para irse.
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Mensaje por Sayo el Mar Jul 11, 2017 3:52 am

Muchas cosas sorprendían a la joven, aunque la actitud de Yoh había ganado uno de los primeros puestos ese día y no había tenido que hacer un gran esfuerzo para ello. Lo miró con los ojos abiertos, pestañeando un par de veces seguidas sin entender en donde estaba lo malo de todo ello ¿comer no era una necesidad común para mantener el cuerpo funcionando?
—Tranquilo, tampoco es que te haya propuesto matrimonio. Y yo que pensaba que lo único exagerado de ti eran tus cuernos. Tampoco tengo intenciones de estar con nadie por ahora. Aunque si es el nombre lo que te impide comer conmigo, puede solucionarse— dijo apoyando una mano sobre su pecho con una sonrisa —soy Sayo. Bueno, eso creo, es el nombre con el que todos me llaman y lo tengo aquí ¿Ves? — le mostró su muñeca derecha donde había dos kanji tatuados en su piel, el de ‘noche’ y ‘pequeño’, leídos como Sayo, pues, era lo único que tenía de su identidad —imagino que no acabo de comprometerme contigo por mostrarte eso — se rio sonoramente y dio un salto. Se sentía bastante confiada ahora que estaba con él, al menos, no era alguien que tardase en entrar en confianza con alguien cuando se sentía cómoda con esa persona. Era algo que no se describía, simplemente, surgía dependiendo de la persona, como si pudiera saber que alguien era bueno o no.

Más, esa seguridad se fue en un momento cuando él le dijo que estaba tan perdido como ella ¿cómo diablos podría guiarlos fuera de allí? Era como un ciego guiando a otro ciego y sólo guiándose del brillo de la luna o las estrellas ¡una locura!

—O sea que si se nubla, estás tan fregado como yo— dijo ella sin ningún tipo de decoro —¿y qué pasa si no podemos salir? ¿Si eso no es suficiente y no vuelvo a casa? Nana-san va a ponerse triste y podríamos morir aquí. ¿O si nos atacan? Unos ladrones, monstruos ¡el chupacabras!— y se puso nerviosa haciendo que el agua volviera a ponerse violenta, generando una subida de la marea y al sentir sus pies mojados, fue mucho peor, porque atinó a gritar y a correr, provocando una ola mucho más grande, tomando en el camino a Yoh de la mano para que lo acompañara, al menos, ella no lo iba a dejar solo cuando el agua se volvía de esa forma tan violenta, sin poder comprender todavía que era parte de sus emociones y que si, lograba calmarse, iba a ser mucho más fácil salir de allí. Pero no lo logró. Sólo siguió corriendo arrastrando a su compañero rápidamente antes de que el agua los acabara sumergiendo a los dos y averiguara un secreto mucho peor de ella.
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Mensaje por Yoh el Miér Jul 26, 2017 12:24 am

Cuando pensaba que absolutamente todo estaba teniendo por fin algo de sentido, llegaba otro comentario más de aquella peliazul que en verdad rompía con todos los estándares habidos y por haber de las de su género en esa época, pues no era una mujer sumisa ni callada, todo lo contrario, al final solo le quedo suspirar un tanto resignado pues al parecer lo que ella creía era sumamente diferente a lo que él estaba acostumbrado o más bien rompía con lo que se suponía le habían enseñado tiempo atrás al peliblanco sobre normas de conducta tanto en mujeres como en hombres…Aquella mujer había destruido en segundos lo que él había tardado en aprender por siglos.

Con cierta pizca de curiosidad observo la muñeca de la peliazul que en efecto decía “Sayo” así que parpadeo ligeramente para luego volver su mirada donde ella con cierta duda -Pero ¿Por qué tu nombre está grabado en tu muñeca?, no es como si fuese tan común que a alguien le grabaran su nombre en la piel, seguro significa otra cosa…pero bueno, si estas acostumbrada a esa identidad, está bien- le fue imposible el evitar ponerse por demás rojo como un tomate al escuchar nuevamente a la menor identificada ahora como Sayo, en serio esa chica estaba a un pelo de que a él le diese un infarto pues no estaba acostumbrado a esa clase de comportamiento espontaneo y menos que el mismo proviniese de una mujer, tuvo que bajar su mirada unos momentos y tapar ligeramente su rostro con una de sus manos.

Momentos después se calmo pues ahora tenían encima el dilema de ¿Cómo rayos volver al pueblo, sin perderse por segunda vez?, vio con extrañeza a Sayo al escuchar esa palabra tan peculiar provenir de sus labios -¿Fregado?...si eso significa que no tengo más opciones para salir de aquí, es eso entonces, pues el hecho de que el cielo se nuble no es para nada bueno en ningún sentido- y de nuevo comenzaba a parlotear, solo le quedo observarla mientras una gota grande salía en su sien, pero por fortuna aquel parloteo no duro mucho pues algo llamo su atención y fue el hecho que bajo sus sandalias había agua y al volver su mirada tras Sayo una enorme ola se acercaba donde ellos proveniente de la laguna cercana a su ubicación, él abrió sus ojos con sorpresa y casi grita cuando la peliazul le toma la mano y sale corriendo con él casi arrastrándolo, no podía estar más rojo en esos momentos aunque de un momento a otro un pensamiento cruzo su mente y trato de enfocarse en su situación actual pues a ese paso no lograrían esquivar esa enorme ola que salió sin provocación alguna o eso creía el albino.
Por lo tanto negó varias veces con su cabeza para quitarse por unos momentos esas creencias arcaicas que tenía bastante arraigadas en su ser desde hace siglos y después soltó la mano de Sayo, para entonces colocarse tras de ella rápidamente y cargarla en sus brazos cual princesa, comenzando a saltar de un árbol a otro para tener mayor velocidad y así tratar de ganarle a ese extraño tsunami, mientras corría y saltaba con Sayo en brazos volvió su mirada donde ella ligeramente ruborizado pero aun así frunciendo el ceño un poco -Corres muy lento, a ese paso nos alcanzaría el agua…- después siguió por un rato más hasta finalmente salir del bosque y a su parecer estar a salvo de esa ola de agua pues ya no la veía tras ellos.
Logra encontrar un lugar lejos de los árboles y el bosque en sí para bajar a Sayo con cuidado, vuelve su mirada al frente aun ligeramente ruborizado pues nunca había cargado a una chica hasta ese día -Entonces…vamos con Nana-san…- no quería tocar el tema del porque su única reacción fue cargar a la chica, la verdad no quería pues le era un tanto vergonzoso, simplemente deseaba regresarla a casa y él seguir su camino si era posible.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Sayo el Lun Ago 07, 2017 10:10 am

Y ella no tenía idea de qué diablos le pasaba a aquel tipo, se sonrojaba por todo, como si su cuerpo fuera propenso a que la sangre le subiera a la cabeza de una forma rápida y continua. Sayo no acababa de entender del todo eso pero tampoco es que tenía apuro con ello. ¿O serían las ridículas costumbres que tenía? Ella aun no concebía que hubiese rechazado la cena ¡Comida gratis! ¿Quién en su sano juicio lo haría? El tipo de los cuernos grandes, eso era seguro.

—No lo sé. Sé que no es normal, pero tampoco es que yo lo sepa. Cuando me desperté en aquel lugar lleno de nieve, ya la tenía en la mano. Es lo único que me ha dado identidad hasta ahora — le contó ella mirando su muñeca. Realmente, su pasado era una incógnita hasta para ella misma por lo que debía aferrarse a cada idea que pudiera encontrar en el camino que fuera capaz de darle una pista con su identidad —tampoco es que yo lo haya elegido. No llevaría algo así de voluntad propia, es difícil de explicar cuando preguntan porque tampoco es que haya una razón que yo conozca— y era lo único que tenía qué decir al respecto.

Más, con el problema del agua y la carrera que empezaron los dos se vio en brazos de la deidad sin saber qué es lo que debía hacer, hasta que pararon y ella se lo quedó mirando sin saber qué decirle.

—Bien, a que esto ahora sí es una propuesta de compromiso. Te ahorraste el miai — se burló ella para cortar el momento de tensión en el que estaban pues, después de sonrojarse tantas veces cuernitos, estaba segura de que al verlos así, iba a entrar en un coma prácticamente —ya puedes bajarme, el agua no nos alcanzara ahora — y al poner los pies en el suelo, volvió la mirada hacia él. Sí que le prestaba atención cuando hablaba, por supuesto —pues, ella vive en un dojo, hay una casa de takoyaki cerca y un yatai de ramen que cocina muy rico ¿te gusta el ramen? Aunque a veces puede hacerlo un poco picante. Me gusta más el takoyaki y el salmón ahumado. Es mucho más sabroso ¿no tienes hambre? Yo sí mataría por algo de comer ahora. No he comido nada desde temprano. Aunque yo había salido a otra cosa y acabé aquí. Quizás debería salir menos o ir a lugares más cercanos ¿se pierde seguido? A mi me cuesta ubicarme en algunos sitios, más que nada, porque soy mala para recordar una dirección, me guio por los locales y algo llamativo en el ambiente pero es difícil si llegan a cambiarlo. Y me ha pasado eso también, así fue como acabé lejos de la ochaya donde Nana-san trabajaba ese día y terminé cerca del río. Fue difícil encontrar a alguien que me guiara porque era bastante desolado todo lo que había alrededor ¿Ya se ha ubicado así nos vamos? — Finalizó el monologo sin saber si era capaz de guiarla, en teoría, las estrellas lo harían pero ¿si se negaban? Quedaría perdida con un tipo de costumbres milenarias.
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Re: Entre las estrellas, te encontré... [Priv. Sayo]

Mensaje por Yoh el Vie Ago 11, 2017 7:43 pm

Al parecer ambos habían quedado con la misma duda sin resolver sobre la identidad de la peliazul, así que prefirió dejarlo así pues si ella no sabía nada sobre aquellos símbolos, él mucho menos.


Cuando finalmente llegan a una zona segura lejos del extraño tsunami, es cuando escucha de nuevo a la menor y un pequeño tic se hace presente en una de sus cejas junto con algunas venitas en su sien, su expresión era por demás hilarante en esos momentos -Tu…eres…- no sabía bien como insultarla de manera que le doliese a la peliazul y estaba el hecho de que a él se le había enseñado a respetar a las mujeres sin importar que se comportaran como Sayo lo hacía con él. Aunque sinceramente su paciencia se estaba agotando, tenía ganas de solo soltarla para dejarla caer y no bajarla apropiadamente, pero su sentido de caballerosidad estaba aun bastante arraigado así que termino por ayudarla a poner sus pies en el suelo como era debido.


Vuelve a escuchar sus palabras después de suspirar levemente para calmarse, en serio prácticamente tenía que hacer una cuenta regresiva del 1 al 10 en su mente para tener la mayor cantidad de tranquilidad acumulada en su ser y así poder aguantar el parloteo de la menor, hasta que simplemente, no pudo…pues ya había contado hasta 10 y aquella tortura seguía, no le quedo de otra que colocar su dedo índice en sus labios y de esa manera podría silenciar con su habilidad innata por 10 minutos a la menor, ¡vaya! ¡El sonido del silencio sí que era hermoso!.


-Ya me ubique, vámonos- ni siquiera había volteado al cielo solo se siguió caminando de frente aunque a medio camino pudo notar que a lo lejos se veían unas lucecitas prendidas, era el pueblo más cercano a la ubicación de ellos aunque lo mejor era que Sayo tendría que estar callada una parte del trayecto, y si, él ahora si que disfrutaría de un momento de paz y silencio como pretendía hacerlo desde un principio.
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