¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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Tu nuevo hogar (priv. Luka)

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Tu nuevo hogar (priv. Luka)

Mensaje por Invitado el Jue Nov 26, 2015 7:14 am

Aconteció que aquel hombre de larga cabellera cargó a la chica lobo hasta su hogar, tal y como lo había prometido. Tuvo un par de tambaleos en el camino pero en todo momento veló por la seguridad de su nueva esclava. Era cierto que la chica venía a ser una mera servidora, pero no dejaba de ser una chica y además una bastante bella y que se notaba había pasado por mucho hasta aquel momento. No debía dejarla abandonada por supuesto que no podía hacerlo, su honor no se lo permitía. Además, no era con el mero propósito de servir que había ido a comprarla. Sus hombres le habían convencido que necesitaba compañía y si sería verdaderamente más una "mascota" que una "esclava", la trataría con el mimo correspondiente. Los chistes y las risas tontas de borrachos les acompañaron en su camino a casa, pero luego de la puerta el silencio y la paz fue todo lo que los acompaño por la vereda que conducía a la casa principal. -Esta es tu nueva casha. -le explicó en el camino. -Quiero que te shientas muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy cómoda aquí. Ya no tienesh que temerrr.... aquí nadie te lastimará........ JAMAAASH!!! -quería que supiera aquello para que dejara de mostrar aquella actitud tan temerosa.

La casa del samurai, era pues bastante grande, y de hecho entraba más en la categoría de mansiones. Varias edificaciones construidas con cuidado para que la energía recorriera la casa, detalles hermosos y elegantes por donde se mirara, principalmente el jardín. Pues Gakupo era un hombre que disfrutaba en demasía de la naturaleza. Altos cerezos bordeaban el camino principal, prometiendo un espectáculo digno en la primavera, flores de todos tipos bordeando la casa como centinelas, había incluso fuentes y un pequeño riachuelo que atravesaba el patio trasero formando un estanque antes de seguir su cause.

En la entrada, se encontraban los sirvientes del mayor. Un grupo pequeño de seis mujeres formando reverencias perfectas en el fino suelo de madera, designadas para recibir al amo. Sus ropajes eran bastante finos aún siendo servidumbre, lo que solo hablaba del poderío de su señor, al que servían con gozo sabiéndole un amo justo y de corazón gentil.... -Bienvenido a casa, mi señor. -dijeron todas en coro, levantando el rostro para perder por completo la calma al ver a la chica en los brazos ajenos.

La sorpresa alcanzó más bien el nivel de un sobresalto importante, pues para nada iba con la personalidad de su señor llevar a una chica maltratada en brazos, y más estando ebrio como estaba, pues el amo tenía un caracter bastante sereno dada su profesión. -Esssshta es Luka. Es mi mascota! -declaró sin que su mente topada de alcohol le dejase entender que aquello quizá era demasiado pesado para decir de una chica. -Quierrlo que se la lleven adentro, que le den un buen baño y le quiten las pulgas. -dijo bajando a la chica con mucha gracia al suelo. -Eshta un poco lashtimada, ashí que quiero que le curen. -hizo una pausa mirando a la nada misma con una mano alzada señalando al cielo. -Y le pongan rlopash lindas! Cuiden shu cabello...... y ..... -el hilo de sus pensamientos se perdió por completo. [color=#6600ff]-Y ... me iré a cambiar! -dio media vuelta dejando a la chica con las otras mujeres. [b]-Y tenemosh hambre!!!! hagan comida! rrrrshaaapido! -dijo como si fuera un amo déspota, pero empezó a reír tan pronto paso una puerta. Claro, no era un tirano y no empezaría a hacerlo ahora.

Dicho esto fue hasta su habitación a colocarse algo más liviano, un yukata en color azul marino. Luego de esto fue al comedor, a esperar su comida y a su nueva mascota.

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Re: Tu nuevo hogar (priv. Luka)

Mensaje por Invitado el Jue Dic 10, 2015 5:20 am

Apenas y pasó el umbral de la puerta del mercado,  tuvo el presentimiento de que su vida sería una lucha día a día. Sus opciones eran nulas, estaba obligada a  “aceptar” a su dueño tal y como era… con todo y amigos. Le temía más a la masa de hombres alegres que a su nuevo amo, ya que esto sujeto de notable rango inferior, no dejaban de obsérvala, aun cuando estaba  siendo cargada con el pelilargo, estos parecían no tener ni la más mínima intención de disimularlo. Sus miradas le incomodaban, por lo que  intentaba ignorarlos, observando para otro lado, observando el camino por donde iban, tal vez le sirva recordarlo por si debía huir algún día.
No pisó el suelo ni un momento en todo el viaje, el mayor, por más que estuviese ebrio, no la descuidó ni un segundo. Hubo veces en las que debía aferrase a los hombros de su comprador para no caerse por el poco equilibrio que éste tenía al andar. Era todo un peligro, ya que en su estado actual, si se caía desde esa altura seguro acabaría con algún hueso fracturado. Sin embargo, no dejaba de buscarle el lado positivo a las cosas, agradeciendo que el alcohol lo vuelva idiota, y no una fiera violenta y desenfrenada como los que recordaba.  
Pronto entraron a una propiedad, y gracias al cielo la muchedumbre de ebrios mirones se despidió en ese preciso momento.  El camino que conducía al hogar parecía interminable, y la “casa” a la cual se dirigían le resultaba más similar a una mansión que a otra categoría. Indudablemente había caído en manos de un hombre adinerado. Cada lugar hacia el cual miraba estaba armoniosamente decorado, el jardín era exquisito, tanto que por un momento pensó estar en la casa de su padre, una ilusión que duró poco cuando se detuvieron frente a una línea de bellas mujeres haciendo una reverencia. El gesto que estas hicieron al verla hizo que se sienta nuevamente incomoda, tratando en todo momento de ocultar el rostro en el pecho del hombre que la cargaba, aunque debía arrugar un poco la nariz debido al perfume alcohólico que emanaba su piel.
Cada palabra que salía de los labios de aquel hombre le recordaba la desgracia en la que ahora estaba sumergida, y le daban ganas de llorar. Sin embargo no lo demostraría, apretaba los labios con tal de que aquel nudo en su garganta no se convierta en lágrimas.

Fue cuestión de minutos para que sus pies vuelvan a tocar el suelo y el mayor la abandone tras darle algunas órdenes a la servidumbre.
Sola, siendo juzgada de con la mirada de cada una de las mujeres  presentes.  Elevó la mirada hacia ellas para enfrentarlas con ojos llenos de dolor y tristeza. Las seis la guiaron al baño, ayudándola a tomar un baño –Yo… no tengo pulgas– mencionó con una voz frágil y aguda, que desprendía una estela de dulzura propia de una niña. Aquellas fueron sus primeras palabras desde hacía ya unos días, pues el ambiente de donde venía no era apropiado para ella y su estilo de vida, en cambio el lugar en donde se encontraba ahora le recordaba mucho a la casa de su padre.

Se quitó el vestido que tría puesto y se lo entregó a una de las sirvientas, mientras las otras comenzaban a lavarle el cuerpo con productos vegetales que dejaban un exquisito aroma en la piel, y la enjuagaban con agua que para ella resultó fría, debido a que acostumbraba bañarse en termas y no de esta manera. Los resultados fueron buenos, el aroma a sucio  que traía había desaparecido, y las manchas de sangre coagulada tampoco estaban. Las mujeres amablemente le curaron las heridas, y le entregaron  algo de ropa -Yo puedo sola, muchas gracias –tímidamente, negó la ayuda de la servidumbre para vestirla, pues prefería hacerlo por sí misma.  

Al extender las prendas para apreciarlas, se sorprendió por la belleza y la delicadeza con la que había sido confeccionado. Se trataba de un kimono en tonalidad rosa pálido, con flores de sakura bordadas en fucsia, y un cinturón de color rojo con  grabados en negro y dorado. Era una pieza de arte, algo tan delicado que dudó en utilizarlo -¿están seguras que esto es…para mí?- atónita por el detalle. Verdaderamente esperaba ser tratada como una esclava, pasar frió y hambre aun peor que en el mercado, y servir a un demonio con rostro humano.La curiosidad hizo que se atreva a preguntarles a esas damas sobre el comportamiento de su amo, cualquier información pertinente, cómo las trataba, si era ebrio o este episodio se  dio por única vez. Las respuestas que le dieron sonaban convincentes, casi que podía creer en sus palabras, sin embargo algo en ella la hacía desconfiar, un sexto sentido que le advertía sobre lo peligroso que era su amo, pero aun no descubría porqué.

Utilizar un kimono de ese estilo era solo para las mujeres de alta sociedad, aquellas que tenían la suerte de vivir junto a un padre o un marido adinerado. Sin embargo, y muy a pesar de su imagen de pordiosera, ella sabía cómo utilizarlo apropiadamente, notándose sus modales casi de realeza con unos simples gestos, como la forma y la velocidad en que efectuaba sus movimientos. Femenina y delicada eran dos adjetivos que iban perfectos con ella. El kimono le quedaba perfecto, además las mujeres le arreglaron el cabello, recogido en la parte superior y el resto suelto, luciendo el largo de su rosado cabello.

Una vez que estuvo lista, las damas la escoltaron hasta el gran comedor,  en donde la esperaba aquel hombre de cabellera sin igual, y las bandejas con comida comenzaban a adornar la mesa vacía.
Se quedó allí parada, no sabía qué hacer, si sentarse a comer o debía espera a que su amo se lo ordenase. Recolectando todo el valor posible, avanzó hacia él, y con una suave sonrisa, casi imperceptible, le hizo una reverencia –Le agradezco la vestimenta, señor Kamui, es usted muy amable –apenas y acabó la oración, sus ojos azules se elevaron en busca de las orbes ajenas, manteniendo el contacto visual con firmeza. Quizás su gesto fue simple, y sus intenciones imperceptibles, pero en su naturaleza, una mirada a los ojos era señal de desafío.  Por más que su comportamiento actual sea sumiso debido al temor que la invadía, no podía dejar de lado sus instintos heredados de su raza.


Última edición por Luka el Lun Dic 28, 2015 5:00 am, editado 1 vez

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Re: Tu nuevo hogar (priv. Luka)

Mensaje por Invitado el Jue Dic 17, 2015 1:31 am

No se preocupó más por su nueva mascota, la había dejado en manos de sus empleadas por lo que sabía que estaría bien cuidada. Le bañarían, peinarían y pronto le llevarían a su presencia. Podía confiar en su gente, por lo que se sentó frente a la mesa a esperar por la comida y su acompañante. Apoyó su codo en la mesa y luego el mentón en su mano mirando atento hacia la puerta por donde aparecería la chica de los cabellos rosa.

Pero la espera fue quizá muy larga porque acabó durmiéndose en aquella incómoda posición. El alcohol ya había empezado a pasarle factura y era por eso que no había resistido más. Se despertó con un sobresalto en cuanto las puertas se abrieron y los sirvientes comenzaron a llenar la mesa de platos. No solo eso. También entró su acompañante y al verla sus ojos se abrieron de par en par y su mandíbula cayó por la completa sorpresa de la apariencia de la chica frente a él. Era otra, diferente a la que había cargado hasta su casa.

Vestida con los ropajes elegantes, movimientos perfectamente ejecutados con la gracia y elegancia de una mujer nacida en una cuna de la alta sociedad. El hermoso cabello rosa ya no estaba sucio, ni enredado. Ahora caía en una cascada maravillosa a los lados de su rostro, sobre la espalda fina. No solo era su figura, ahora podía escuchar su voz. Le habló directamente, luego de efectuar una reverencia perfecta. Le agradeció, pero la mirada de la chica permaneció fija en la suya propia.

Había fuego en sus ojos azules, le miraba con una fuerza abrumadora casi retándole. Le agradaba. Sonrió de medio lado sosteniendo su mirada sin problemas. -Si te portas bien, gozarás de este y más privilegios. Y no te preocupes, te repito que aquí nadie te hará daño. -le explicó tomando un onigiri de uno de los platos frente a él. Suponía que la chica estaría muerta de hambre por lo que con la mano libre señaló la comida. -Por favor. Come lo que quieras, no tienes que pedir permiso. -aclaró para la hermosa loba frente a él.

Mientras comía le miraba fijamente, pensando en lo que podría haber llevado a aquella chica de elegante comportamiento a tal situación. No era normal, y era claro que no era una chica salvaje atrapada de las montañas..... no..... pondría su diestra al fuego.

-Te llamas Luka, ¿Verdad? .... ¿De donde vienes? ¿Por qué estabas en ese lugar?
-el alcohol empezaba a dejar libre su sistema, sentía la mente un poco más clara. Pero aún así seguía borracho, por lo que si bien ahora se entendía más lo que hablaba, aún no estaba del todo consciente como para ser tan considerado como debería con la chica.

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Re: Tu nuevo hogar (priv. Luka)

Mensaje por Invitado el Lun Dic 28, 2015 4:56 am

No estaba muy a gusto con la frase “portarse bien” ¿a qué se referiría? A hacer los quehaceres perfectamente, o a obedecer sus ordenes sin importar de qué índole seas... la sola idea le aterraba un poco. Asintió con la cabeza delicadamente, tomando asiento a una distancia prudente, pero no muy alejada, apenas y dejando una silla entre medio de ambos.  Todo el banquete frente a ella se veía delicioso y olía mucho mejor, su estomago comenzó a hacer sonidos molestos debido a las ansias que tenía de probarlo. Sabiendo que contaba con la aprobación para hacerlo, si fuese por ella y su estomago, se abalanzaría sobre la mesa y comenzaría a llevarse trozos de comida a la boca, pero no, no era debido, ni siquiera en esas condiciones podía perder la postura y dejar de ser o que fue durante toda su vida, una mascota criada como realeza.

Le dio un vistazo a todo y escogió un trozo de carne de cerdo bañado en una salsa tradicional Shō-yu,  acompañado con algo de Kamameshi para complementar un plato balanceado. La porción que sirvió en su plato podría considerarse diminuta, ya que además de estar entrenada para saciar su apetito con poca comida, también tenía en mente que luego de tantos días sin comer podían jugarle una mala pasada y acabar enferma si se sobrepasaba.

Tomó los palillos que se encontraban a un lado de su plato, los desenvolvió de su fina presentación dentro de un estuche hecho con la misma servilleta doblada. Antes de llevarse el primer trozo a la boca, agradeció por la comida y luego si comenzó a comer con muchísimo placer. Era inevitable que los bocados fueran uno detrás del otro, apenas acababa de consumir uno y ya ponía uno nuevo en su boca. A velocidad con la que comía  no era del todo veloz, pero si demasiado apresurada para su condición.
En ese momento, el hombre de largos cabellos volvió a tomar la palabra, su gruesa e imponente voz captaba la atención de inmediato, haciendo que por ningún motivo sea capaz de  pasar de él e ignorarlo. Elevó la mirada, quitándola de su plato para dirigirse a aquel hombre quien tenía los ojos clavados en ella de una manera penetrante... la mirada reflejaba muchas cosas, experiencias de vida, sensaciones y sentimientos, pero los de Kamui eran un torbellino de emociones difíciles de analizar a la ligera, como  si fuese un joven hombre con la sabiduría de un anciano. Primero se estremeció levemente por la inesperada vigilancia, pero luego todo cobró sentido cuando éste esbozó sus dudas en forma de preguntas.

Sabía que tarde o temprano  vendría aquella incomoda pregunta ¿ qué podría decirle? Contarle su miserable historia solo ayudaría a recordar aquella tenebrosa noche, y mancharía su imagen  tanto como ya lo había hecho su honra. - es... complicado de explicar no se conformaría con eso, debía buscar las palabras justas para explicarlo de la manera mas simple y a su ve menos detallada – Soy una esclava, nacida de una mascota domestica y criada para seguir sus pasos... -bajó la mirada levemente – supongo que desde el comienzo este era mi destino – se notaba lo doloroso que era para ella recordarlo, recordar su vida feliz y como todo cambió de un día para otro, pero que si lo pensaba toco cobraba sentido y quizás su madre si contaba con la información necesaria para conocer el futuro de su hija y entrenarla para que en su misera vida, tenga suerte de servir con elegancia y ser vendida a alguien de la alta sociedad. Ea era la diferencia entre las mascotas domesticas y  las esclavas, estas mascotas eran acompañantes, como una esposa que complaciera y sirviera a todo sus pedidos, pero sin ese titulo elegante, sin derechos ni libertades.

Fue en ese momento de debilidad cuando notó lo mal que estaba actuando. Acababa de conocer al hombre, que por las agraciado y bondadoso que se mostrara, no dejaba de ser un sucio y asqueroso aprovechado que comerciaba con la vida de otros. Un buen hombre nunca pagaría por una vida, y este lo había hecho. Cerró los ojos un segundo, tomando aire profundamente, retomando valor y compostura para devolverle la mirada filosa como hacia unos momentos. Estaba lucha contra ella misma, con seguir a su crianza y creencias sobre la sumisión de la servidumbre, o dejar salir a sus instintos  animales que brotaban ferozmente de su interior al estar en una situación tan arriesgada como esa.
Su mirada conectó con la del de ojos celestes nuevamente, observándolo seriamente - ¿con  qué propósito me ha comprado? - preguntó sin mas rodeos, esperando una respuesta que le fuese suficiente para terminar de creer que solo era una mascara de bondad ocultando a un verdadero tirano – deseo conocer mis responsabilidades y tareas desde ahora, para habituarme a la situación- falso, solo trataba de ocultar sus verdaderos motivos.

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