¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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Siete vidas de un canibal

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Siete vidas de un canibal

Mensaje por Soah el Jue Sep 24, 2015 7:45 am

Hi hi mis amores! ¿Cómo están? Espero muy bien que vengo a colocarles una historia de uno de mis personajes. Había empezado como un cuento que se volvió uno de mis personajes en éste foro —si alguien quiere saber de qué se trata, puede buscar a @Mudai entre mis almas y le daran una cara al personaje de la historia—. Aclaro, tiene partes fuertes, mutilaciones y pensamientos sumamente retorcidos. Si no están dispuestos a perder su cordura al leer, pueden pasar de la historia.

Siete vidas de un caníbal

Aun no puedes describir el momento exacto en que lo viste. Estaban molestos los dos. Pelearon a matarse, a matarse. Tú tenías a tus bestias de tu lado, él, a su magia oscura. Nunca habías sentido algo tan emocionante recorrer tu cuerpo. Él te explicó que se llamaba adrenalina y la sentías en momentos límites, tales como éste en que tu vida estaba a punto de acabarse. Era algo maravilloso, simplemente, maravilloso. Lo adoraste desde el primer momento que lo viste. Era un hombre magnifico, ciertamente, era magnifico. Te perdono la vida en aquella tarde en que casi te mata. Tu último deseo era el mismo que el de él, así que habiendo tenido tan sólo ese simple detalle en común, decidieron conocerse un poco más. La chispa surgida en la batalla por los dos era algo indescriptible. Ni tú mismo hubieses imaginado que existían cosas así en el mundo humano. Era algo de lo que estabas agradecido, lo habías pensando tantas veces, lo habías oído en tantas ocasiones sin entenderlo en lo absoluto y ahora, ahí estabas, viviendo la vida de un humano ordinario.

Aquel hombre era extraordinario, lo sabías bien. Estaba ahí, frente a ti, pero siempre había alguien diferente a pesar de ser el mismo de siempre. Descubriste que tenía varias personalidades. Conociste a Chou en la cocina, un hombre realmente, inigualable. Te enseñó algo que jamás pensaste posible: comer personas. Las mataba, las maceraba y las cocinaba como si fueran animales ¿no es algo maravilloso? Y exquisito por sobre todo. Cada pedazo de carne, cada huesos que chupabas hasta quitarle los excesos, era maravilloso. Chou fue quien te llevó por aquel camino de la cocina.

Por supuesto, convivías con seis más, pero ninguno tan excepcional como Chou.

Estaba Ian, el hombre que te había perdonado la vida para ir al teatro juntos. Tenía un exquisito vocabulario y una cultura digna de admirarse. Él te enseñó tu gusto por las artes y a reconocer a los buenos artistas.

Dake, por el contrario, era un tipo rudo, le gustaban las batallas. Él fue quien entró en combate contigo y casi te liquida. Su técnica de pelea era impecable y trabajaba conjuntamente con Chou para conseguir sus fines culinarios. Dake se divertía matando, Chou se divertía creando.

Y así, nos encontrábamos con Aetz, el artista del grupo. Usaba los huesos de las victimas de Chou y Dake para hacer verdaderas obras de arte. Los fundía, les daba forma, los tallaba y los rearmaba creando lo extraordinario con tan sólo huesos humanos.

Keu también era un hombre digno de envidiar. Te dio el gusto por la religión, un hombre muy creyente de dios en muchas formas, aspectos y hasta colores. La filosofía era lo suyo ¡y qué filosofía! Había momentos en que no eras capaz de seguirle el hilo a sus pensamientos y te perdías ¡pero qué maravilla era escucharlo! Sin duda alguna, no había placer más grande que ése.

Y cómo olvidarte de Tahiel. Un encanto, el romántico del grupo de locos, aquel lujurioso que te hizo sucumbir a los placeres carnales y disfrutar de la llegada triunfal del orgasmo mientras te azotaba, te destruía y reconstruía entre sus caricias torpes y sus palabras hermosas. Era capaz de tornar algo tan bello y puro como el amor en algo sucio y vulgar, vulgar y vacio, tan vacio que llenaba tu espíritu errante y te hacía sentir mil cosas que no podrías describir en estas simples palabras.

Y por último, pero no menos importante, estaba Seti, aquel hombre reservado y sumamente callado. Pasaba sus días sin decir mucho a menos que tuviera realmente razones para hablar, pero cuando hablaba, sus palabras valían cada segundo que había usado para decirlas. No era del tipo hablador, pero siempre te dejaba sin palabras. Los amabas a todos. Te encantaban y sin darte cuenta, habías sucumbido a los siete. Aunque Chou seguía siendo tu favorito, no te negabas a ninguno. Eras su amante, su aprendiz y ejecutor. Todo junto por ellos. Más, te divertías, te divertías mucho con ellos. Veías como se destruían a sí mismo de aquella manera y eso, te llenaba el alma y te quedabas viéndolo, como primer espectador aquel espectáculo que ellos montaban y del que eras participe también. Mientras más se hundían en la oscuridad, más gozo te producían, más te perdías tú también con ellos. Entre el sexo, entre la comida, entre el arte, entre la filosofía y las palabras bonitas y hostiles. Entre todo, te ibas fundiendo a ti mismo en él para darle una vida más interesante y para darte a ti el espectáculo, la emoción, el amor que residía repartido entre aquellas siete personalidades. Los amabas pero el amor para ti era algo muy oscuro e impuro, tal y como habías aprendido de Tahiel, destruías y reconstruías lo que tus manos tocaban. Lo sentías, él había hecho eso contigo, sólo que había sido más fácil contigo pues, sólo eras un cascaron vacio. Fue romper el cascaron y fundirte para hacerte lo que eres.

Pero después de una noche de placer, una noche de lujuria, sangre y fluidos varios, no despertó más. Dormiste entre sus brazos, mientras él tocaba tu pecho firme, con sus dedos rugosos y con callos debido a todo lo que hacía. Te gustaba que lo hiciera de aquella manera, se deslizaba desde tu cuello hasta tus muslos, marcándote, dejándote la prueba de que le pertenecías a él y a nadie más. A veces, hasta te había degustado de manera mucho más tangible y adorabas que lo hiciera de esa forma. Te había mutilado muchas veces. El brazo, las piernas, hasta tus genitales. Te gustaba el dolor que te producía, te gustaba, lo adorabas y así, te consumías a ti mismo también. Habías descubierto un día de casualidad al cortarte un dedo con un cuchillo al cocinar que podrías regenerarte las veces que tú quisieras. Desconocías mucho de ti y ambos, desde aquel día, supieron aprovecharlo. Tu lado masoquista y curioso exigía siempre por más. Los orgasmos más grandes que tuviste fueron cuando te cortaban, cuando te arrancó los genitales fue mucho, pero mucho mejor.

Sin embargo, eso ya no sucedería de nuevo. Ahí estaba, yacía frío en la cama, con una sonrisa en los labios manchados con tu sangre. Lo besaste, estaba frío, demasiado frío. Igual, recorriste todo su cuerpo con tus labios, hasta sus zonas más intimas: el sabor había quedado en tu boca, un sabor único e inigualable. Y querías conservarlo. Querías más, querías que estuviera junto a ti de alguna manera. Y lo hiciste. Parte a parte. Miembro a miembro, fuiste cortándolo y poniendo en práctica todo lo que aprendiste de él y salieron mil recetas de su cuerpo.

Fue exquisito. Todo y cada uno de los platos que preparaste con él fueron maravillosos. Ahora, está contigo, está dentro de ti y está fuera de ti. Conservaste sus huesos, su fémur es tu favorito, del cual, has hecho un hermoso bastón, así él, así Chou estará contigo por toda la eternidad.

Espero les haya gustado —quizás haya algo que varie en su ficha, pero es cosa del foro (?)—.

Bye!


   

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Gracias Aiko, te quedó preciosa <3

   

Gracias Anie <3


Gracias Nana <3






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