¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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[Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

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[Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Anie Wolf el Vie Mayo 08, 2015 6:38 pm

Tres años antes de que Anie fuera la mujer que se conoce actualmente, dos años  antes de que sus raíces crecieran y se extendieran por todo Japón nutrida por la sangre de sus víctimas, a base de encargos y otro tipo de negocios no siempre limpios, hubo un tiempo, un climax, un momento en el que lo que en Inglaterra fue un retoño creciente floreciera dolorosa con el fuego de la venganza, el estrangulamiento de la ira y la impotencia y como contexto la traición y la avaricia en su estado más puro.

Todo comenzó en las misma costas de Japón, en un barco importador en exceso elegante, con marinos quienes se encargaban del mantenimiento del barco, la verdad era que no respetaban a Anie por su condición de mujer, pero por otra parte en ese viaje de dos semanas se los había ganado de alguna manera con su carisma, en ese tiempo se la notaba mucho más inocente, hablando menos y dejando que el contramaestre, quien por un compromiso con su “padre”, Rubious si le rendía cierto respeto y esta lo agradecía y lo devolvía con amabilidad. Tomó medio día el que llegaran finalmente al puerto, luchando por aparcar semejante lastre gigante como era aquel barco y por no mencionar el hecho de que el trabajo para bajar las armas fue monumental, llegando a necesitar incluso los ojos observadores de Anie para indicar instrucciones.

—Tuvimos suerte de no ser atacados por piratas al pasar cerca de España— dijo el contramaestre a su lado, también vigilando el desembarque —¿Enserio?— preguntó Anie quien se alejó de él unos pasos, confirmando que todo estuviera bien —Muévelo un poco más a la izquierda, que si no cuando suelten la cuerda la caja caerá al mar, por favor— le dijo a uno de los marinos con una sonrisa en sus labios, el cual tan solo para impresionarla la obedeció, lo cierto era que el único que se notaba tenso en esa situación era el contramaestre, quien era el único que a ciencia cierta sabía de qué se trataba realmente ese encargo, el único que sabía en realidad porque la “hija menor” del gran empresario Rubious debía de vestir aun en esa situación con unos ropajes de sirvienta.

Ya en el anochecer las 4 cajas habían bajado del barco, justo a tiempo para cuando un carruaje rodeados por samuráis a caballo a modo de escolta. Esto impresionó a todos los presentes a excepción del contramaestre, quien tragando saliva observaba a la menor de reojo. Todos extranjeros y novicios en Japón a excepción de él desconocían la pésima reputación que tenía ese señor feudal, con un uso obsesivo e incluso abusivo de ninjas, una conducta para cada nada honorable, y el hecho de ser uno de los que presuntamente usarían armas de pólvora solo demostraba su falta de aprecio a las tradiciones más clásicas de Japón. El contramaestre estuvo a punto de hablarle cuando Anie inocente y con ganas de no solo quedarse atrás se llevó la diestra al hombro izquierdo, antepuso el pie izquierdo ante el derecho y finalmente se inclinó una vez el asiático estuvo lo suficientemente cerca. La cara del contramaestre se congeló mientras esta inocentemente le hablaba con un japonés algo forzado.

—Buenos días. Señor… — susurró —Esto…— se levantó señalando con la mano abierta las cajas con las armas mientras el hombre la miraba de arriba hacia abajo —Aquí están las armas que usted ha ordenado. Esperamos que esté conforme con su… Adición…— era cada vez notorio que había palabras que no conocía o que simplemente se le olvidaban, siendo normal en la primera vez que hablaba activamente el idioma. El hombre complacido dio un pequeño empujón al contramaestre para que se moviera del camino quedando a solo centímetros de distancia con la albina. —Y supongo que tú eres mi nueva sirvienta— lo dijo lentamente mientras la miraba con unos ojos penetrantes que reflejaban la más oscuras perversiones en su mente, reparando con sus ojos su juvenil figura prestando especial atención  al escote de esta. Esto enojó y casi encolerizó a la menor que con el ceño fruncido lo rechazó dando un paso hacia atrás —No sé que piense. Pero me confunde con alguien más…— le faltaban palabras en el vocabulario para comunicarle lo ofendida que se sentía en ese momento  cuando este con una sonrisa deslizó una mano por bajo la falda de Anie esta estuvo a punto de darle un puñetazo en la cara pero su brazo fue detenido por nadie menos que el contramaestre.

—Yo… Lo siento, esto no es decisión mía. Ahora te quedarás con el señor Kabayashi…— ante lo que este se soltó del brazo de este  dando un par de pasos atrás, mientras los marinos miraban la escena entre descontentos y sorprendidos. La chica de ojos sangrientos apretó la mandíbula observando a los dos pelinegros cada cual con sus años cursados. —No me jodas...— le dijo al contramaestre —Cuando Rubious se entere de esto te considerarás afortunado de que solo tu cabeza ruede…— ante lo que el hombre le hizo una seña al señor feudal quien sacó una carta de su kimono, Anie la abrió y reconoció la letra de Rubious sobre ella, leía rápidamente, saltándose palabras y oraciones, simplemente lería frases como “Ya no puedo lidiar con ella”, "No puedo creer que pervirtiera de esa manera a una de mis sirvientas", “Comienzo a pensar que de verdad es un demonio” y la que más la sorprendió fue lo que leyó al final, antes de la típica despedida lo que hizo que un par de lágrimas recorrieran sus mejillas ante semejante traición. “Me has dicho que buscas una esclava inglesa… Por el precio justo puedes hacer lo que quieras con ella. Es un caso perdido para mí y una falla el haber dejado que sustituyera a mi Elizabeth”.  

La ahora esclava sintió como el tiempo se detenía, sudaba y el contramaestre miraba en otra dirección para contener sus deseos de ayudarla de alguna manera, mientras que por su parte el señor feudal la miraba y con un inglés aun peor que el japonés de la menor le preguntó tomándola del mentón  para que lo mirara. —¿A qué precio crees que tu querido “padre” te entregó? Parece que al gran Rubious Bell no le interesa tanto su pequeña campanilla— ante lo que su alguien hubiera podido escuchar el alma de Anie se hubiera escuchado un poderoso “crack”. Esta volvió a bajar la cabeza, con si flequillo lunar cubriendo sus ojos y limpiando sus lágrimas con una de sus manos y simplemente respondió unas míticas palabras que al único que asustaron fue al contramaestre solo porque era el único que podía entenderlas a la perfección. —Todas las almas de este mundo y cualquier otro poseen un valor idéntico.. Ninguno…—

—Pueden hospedarse en mi posada, mis huesos me dicen que habrá una tormenta. Mis chicos se llevarán las armas por hoy. Mañana el pago estará aquí a primera hora— Le dijo al contramaestre (quien asustado y arrepentido no protestó) el hombre quien indicó a sus hombres que se llevaran los objetos mientras escoltaban a la chica. Por lo que no opuso resistencia al ser llevada por los samuráis hasta el carruaje, en la cual mientras esperaba a llegar a la mansión de este simplemente miraba al vacío con una falsa sonrisa, tanto que incluso preocupaba al hombre ya entrado en años, cediendo en sus intentos de tocar sus esbeltas piernas que emergían de su falda con gracia. A los pocos minutos llegaron a la mansión de Kobayashi. Este ordenó a dos de sus samuráis que la escoltaran hasta su cuarto, un hermoso y elegante cuarto, con muebles ingleses que el hombre ya tenía comprados desde antes, con una cama matrimonial para difusos propósitos pero con una puerta corrediza como entrada. Anie simplemente se acostó en la cama con los ojos cerrados, no podía dormir, no iba a dejar que le sucediera eso, si nadie la apoyaba ella misma se levantaría, si quería su libertad la tomaría por la fuerza.

Así fue como los primeros pétalos comenzaron a abrirse lentamente, exigiendo una sangre, una sed asesina que se veía en sus ojos que abiertos miraban hacia el techo. Cogió aire calmando su pecho y su mente a la velocidad de la luz hizo un plan, no iba a irse sin llevarse cuando menos el alma inmunda de aquella persona que había osado humillarla. Levantó su mano levemente para volver a ver el nombre del hombre en quien había confiado y que la había traicionado por mísero dinero. Pero había asumido por fin que así era el mundo “Un paso más hacia la madurez” pensó. Se levantó y caminó hasta la puerta corrediza, reconociendo las siluetas de los dos fornidos hombres, por lo que tocó la puerta y preguntó de manera muy educada —Disculpen… No he bebido nada desde que llegué… ¿Alguno me traería un vaso de agua?— ante lo que los hombres se cuestionaron pero tras ver lo cooperativa que había sido la jovencita en todo el camino uno de ellos caminó hacia la cocina, escuchándose sus pasos en el suelo de madera.

Anie entonces tomó la vela que permitía la visión de su nueva habitación con su luz calida y tomó el candelabro de esta, notando satisfactoriamente que tenía una punta de metal dentro de este para sujetar la vela. Con el instrumento tomado fuertemente abrió rápidamente la puerta corrediza y antes de que el otro pudiera reaccionar se lo clavó en el ojo izquierdo, rozando su cerebro, dejándolo inconsciente.

La menor lo arrastró a la habitación y comenzó a golpear su cabeza con el mango de este, no quería que sobreviviera. Lo hizo una, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra y otra vez. Así hasta que dejó de respirar y su cara se mostraba irreconocible, con la carne viva ahora reluciente y con salpicaduras de sangre por todas pares, manchando las manos suaves de Anie con el néctar escarlata que despidió, dando unas ultimas respiraciones fuertes y obstruidas por su propia sangre y despidiendo su último aliento tosiendo sangre que terminó vomitando hacia un lado. Volvió a escuchar los pasos en la lejanía por lo que se apresuró a cerrar la puerta de entrada y tomó la pesada katana de su primera víctima. Las manos le temblaban y estaba nerviosa, toda ella temblaba con fuerza como si se tratara de un terremoto pero no podía permitirse flaquear en ese momento. Al notar la habitación a oscuras el samurái soltó en vaso de agua y en ausencia de su compañero posó su mano sobre la katana sobre su cintura, pero Anie podía ver eso a través de la luz que lo dibujaba tras la frágil puerta corrediza. Mientras que la inglesa estaba rodeada de las sombras de su habitación, habiendo eliminado la única fuente de luz segundos antes. Antes de que el otro pudiera abrir la puerta de la habitación el filo de la katana de Anie portaba en sus manos atravesó el papel que cubría la puerta clavándose en el  pecho del hombre, matándolo casi al instante con una expresión de sorpresa y terror. Anie sacó la espada japonesa y  se la llevó hacia sobre los hombros, era mejor defenderse con eso que con nada. Sacó una de las sillas de la habitación y sentó el cadáver sobre esta, cubriendo el agujero escarlata sobre la puerta en una apariencia de que este estuviera durmiendo con la cabeza gacha, intentando que no se notara la sangre que salía a borbotones de su pecho y espalda.

“Esto ya hacen… Dos…” pensó con la respiración entrecortada, escondiendo la katana, arrepintiéndose de portarla. Escondió el arma homicida en un estanque justo frente a la habitación donde su primer asesinato había tenido lugar, limpiando la sangre de sus manos en este, pervirtiendo sus cristalinas aguas con el rojo espeso que se transmitía como una enfermedad por sus aguas. Estaba acelerada y más nerviosa que nunca, apretando con fuerza sus puños para evitar que estos temblaran, caminando por los pasillos y escondiéndose cada que observaba a alguien, que al final pasaba a su lado sin notar su escondite, encontrándose aun apenas en la parte mas exterior dentro de los terrenos de la mansión y asumiendo que la habitación de Kobayashi estaría en el interior, y como no, vigilada hasta el más mínimo rincón.



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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 11, 2015 7:00 am

Había llegado el día. El hombre que lo había timado porque su magia no había sido lo suficientemente buena para él al fin conocería lo que era el dolor y el sufrimiento de primera mano. No iba a quedarse con los brazos cruzados después de haber sido humillado y contaba con el arma perfecta para saldar aquellas cuentas: Manases, la joven pelirrosa que había rescatado y cuidado para hacer de ella lo que él quisiera. Y así había sido. Había llegado a moldearla y manejarla a gusto y piacere siendo ella el arma asesina por excelencia aunque por ahora, permanecía con vida, lo que muchas veces lo hacía pensar qué tan útil le sería si alguien le asestara una herida mortal y ella, lo dejara. Por obvias razones a su condición humana, probaba sobre la necromancia llegado el caso, seguramente, después de mucho estudiar, podría sacar frutos a sus conocimientos, más, por ahora, la venganza era justo lo que necesitaba y así, era cuestión de hacer que los hilos comenzaran a moverse para poder empezar a sacarle provecho a la muchacha una vez más.

—Levanta— fue una orden dada para que el cuerpo que hasta ahora, parecía inerte, con los ojos ensangrentados y más cercano a un muñeco de trapo que a una persona, se levantase y comenzara a caminar —tu tarea de hoy es muy simple: quiero que mates a éste hombre y me traigas su cabeza— señaló a la muchacha al hombre en un boceto hecho en carbonilla de su rostro. Lo dejó ver unos minutos para luego, dejarle a ella una espada bien afilada, hecha especialmente para aquel día. Había ido a un herrero a que forjaran tal arma para que ella acabase con su vida.

Una vez tenía todo (algunas armas más pequeñas por si llegaba a fallar la katana), se dispuso a salir con ella a caballo, llevándola al lugar donde vería todo arder en llamas, en sangre y en placer. Todo acabaría ahí y ella, debería llegar con su trofeo una vez llegara el momento.

Una hora de viaje fue lo que necesitaron para arribar a lo que se veía, era un gran castillo, nada de modesto, ni si quiera el césped que crecía a su alrededor podría llevar ése adjetivo. Observó todavía con más rabia latiendo en él al saberse humillado por aquel sujeto. Bajó a la muchacha del caballo y la entregó a la batalla que él no iba a empuñar pero que iba a ver desde lejos: vería a través de sus ojos todo el sufrimiento que iba a causar.

—Llevala sin funda— le advirtió esperando que desde el momento que cruzara el umbral de la puerta, empezara a cercenar vidas. Debería entrar por el cuarto de la cocina, donde seguramente, a estas horas ya no iba a encontrar gente que pudiera dar con la alarma y si así era, era cuestión de silenciarla de una sola estocada. La había entrenado en el arte de la espada y otras armas blancas como para que la joven le fallase en ése entonces.

Observó a su alrededor, estaba oscuro pero aun así, se distinguía gracias a las farolas que alumbraban torpemente el camino que ella cruzaba. Se internó por la puerta que le había mencionado, pisando el suelo con sus pies sucios dejando un rastro al ir descalza desde tanto camino. La tierra la acompañaba así como un aura asesina a su alrededor. Se rió al ver a una mujer guardando el arroz y así, tal y como la muchacha abrió la boca para gritar, la espada se agitó en sus brazos para cortar su cabeza a la altura de su boca. La sangre la había salpicado, así como había salpicado todo a su alrededor dejando ver los granos de arroz antes blancos ahora, teñidos por un color rojizo típico de la sangre. El cuerpo cayó desplomado en el suelo haciendo que la sangre se esparciera de manera más rápida y cubriera más el lugar. La muchacha siguió sin preocuparse por haber pisado el charco de sangre o si quiera, ver sus ropajes teñidos con ése color tan peculiar. Seguía con un solo objetivo en mente: encontrar al hombre y matarlo.

—Debo matar a todo el que se interponga en el camino— murmuró la muchacha cuando sintió pasos por los pasillos. Lejos de buscar esconderse, exhibió su katana manchada con sangre y una sonrisa en los labios, fuera quién fuera aquella persona, acabaría con su ser —nadie se esconde de mí— aseguró doblando en un pasillo viendo un camino más y algunas puertas corredizas cerca. Abrió una con intención de encontrar a alguien y simplemente, matarlo. No quedarían testigos vivos de aquel asesinato y para que nadie sospechara de nada, un gran incendio asolaría el palacio una vez todo hubiese terminado y llevase la cabeza a su amo.

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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Anie Wolf el Miér Mayo 13, 2015 6:47 pm

Ni siquiera segundos habían pasado desde que la inglesa abandonó sus dos primero cuerpos, caminando de manera sigilosa entre la hierba, esperando cubrir sus pasos temblorosos que apenas podían sostenerse por sobre los tacones, rodeando la parte interior de la edificación, buscando una posible entrada que no estuviese vigilada, lo cual era más complicado de lo que se esperaba, debido a que a excepción de la parte trasera no había ningún otro lugar aparentemente sencillo por el que entrar y esa entrada trasera además de desconocida para Anie estaba muy lejana a su localización actual.

“No es momento para entrar en pánico” pensó al notar como su propia quijada temblaba como si se estuviera congelando, lo cual no era el caso, escondida tras unos arbustos avistó a lo lejos dos cosas, por una parte un incinerador bastante avanzado para la época, aparentemente salido directamente de un ferrocarril con un hombre musculoso frente a este, metiendo con sus manos basura salida directamente de la mansión, y cuatro metros detrás de él una ventana abierta que conducía a una habitación desconocida.

Anie se cubrió sus labios y nariz levemente intentando controlar su respiración. Iba a hacerlo otra vez, iba a acabar con otra vida. En su mente apareció el cuento de Hansel y Gretel  que tan gustosamente Rubious le había contado hace tanto tiempo. El mero evento de recordar al hombre que la había traicionado hizo que su miedo se quemara en las llamas de la ira, recordando la razón por la que había matado aquellas dos primeras personas en primer lugar, olvidando todo reflejo o posibilidad de escapar. La peliblanca con pasos ligeros aguantó la respiración, mientras el hombre se inclinaba para ingresar más hojas al incinerador con toda su ira contenida la chica arremetió contra este empujándolo hasta el incinerador que ya estaba encendido por medio de leña la cual estaba a un lado de este con un hacha de mano clavada sobre esta. Sin decir nada y en medio de un coro de gritos ahogados por las paredes de metal la inglesa no hizo más que con una mirada inexpresiva sellar la compuerta del incinerador y añadir casi toda la leña haciendo que la llama de estas creciera magníficamente haciendo que por momentos los gritos de su tercera víctima crecieran pero luego de un minuto repentinamente se detuvieran.

En ese minuto Anie, si bien pudo haber huido y haberse escondido simplemente permaneció inmóvil, con una de sus manos sobre la compuerta del incinerador, sintiendo como el calor la hacía volver a la realidad, simplemente en un pequeño shock, con un ruido agudo, parecido al de haber recibido un poderoso golpe en la cabeza resonando por cada rincón de su mente, esas llamas que segaron la vida de aquella persona inocente al parecer hicieron que se insensibilizara un poco más. Sintió con miedo como su respiración aunque fuerte era tranquilo de cierta manera y que si bien su corazón latía con fuerza ahora sus piernas no temblaban por miedo, simplemente estaba ella frente a un incinerador vacío, eso era lo único que importaba ahora.

Unos pasos desde el interior del interior de la edificación despertaron a la sirvienta de su onírica realidad. Se inclinó y tomó con fuerza el hacha de mano que estaba aún sobre la poca leña que quedaba junto al incinerador y se colocó a un lado de la ventana. Entonces observó a una mujer joven, no mucho mayor que ella, vestida con un hermoso kimono floreado que combinaba perfectamente con su cabello rozado que caía gentilmente por sobre sus hombros asomar la cabeza por la ventana. En ese momento la peliblanca se mordió el labio inferior, si la veía probablemente gritaría, no quería testigos “No puedo detenerme…” pensó antes de lanzar un poderoso hachazo contra el cuello de esta, pero esta al notar el movimiento intentó moverse lo cual ocasionó que su mandíbula saliera volando a causa del  ataque de la intrusa. Pero aun así, aunque sus gritos salieran en forma de quejidos gargajosos intentó salir corriendo como un pollo descabezado.

“No…” Pensó la peliblanca antes de entrar de un salto por la ventana y sin dejar que ella se alejara más de dos pasos le clavó el hacha de mano en la espalda, dejándola manchar el suelo con su sangre, observando que toda su mano y antebrazo derechos estaban impregnados de sangre y que tanto su vestido como su cabello e incluso su mejilla estaban salpicados de sangre, particularmente por ese último ataque. La geisha intentó arrastrarse a la salida con todas sus fuerzas pero al final no pudo escapar de la muerte, simplemente quedando inerte en el suelo a un metro de la albina, parada a unos pasos de la ventana que luego cerró y aseguró con un palo de madera para evitar que se abriera pro casualidad.

Anie llevó su zurda hasta su mejilla, limpiando levemente la pequeña mancha de sangre sobre esta y luego observó de manera seria la sangre y tragó saliva. Apretó la mandíbula, si volvía a pensar estaría perdida, luego ya tendría tiempo de lamentarse por sus acciones, dio un par de pasos esquivando los chacos de sangre, pensando en dirigirse hasta el cadáver y tomar el hacha de mano.

Observó que la habitación en la que se encontraba era una sala de estar, con un librero, una elegante alfombra, un escritorio que le había bloqueado el camino de la ventana hasta la puerta principal y un par más de sillas evidentemente de origen europeo. Anie ya estaba a 4 pasos del respectivo cadáver cuando elevó su mirada al frente al escuchar que la puerta corrediza se abría encontrándose cara a cara con una chica de cabellos morados, ojos rojos sin vida y un kimono completamente manchado de sangre, observando que portaba una katana que lloraba sangre fresca, casi suplicándole a su ama por más. Esto hizo que la inglesa diera un paso hacia atrás y tragara saliva mirándola con desconfianza, apoyando su parte posterior contra el antes nombrado escritorio y como observando todo ir más lento tomando de detrás de ella una estatuilla de piedra antes de intentar hablarle con su primitivo japonés. —¿Quién eres tú?— Mientras la miraba de arriba hacia abajo. Intentaba razonar él porque estaba llena de sangre, podía pensar que venía para lo mismo que ella, pero también desconfiaba, tan posible como eso también era que fuera una ejecutora de la mansión, lo cual querría decir que debía darse a la fuga. Se encontraba a cuatro metros de la única puerta de entrada y a uno y medio de su única salida, la ventana, pero estaba bloqueada por el escritorio lo cual ya fuera rodeándolo o saltándolo le quitaría tiempo, su pulso casi vibraba y si bien con su zurda sostenía la estatuilla con fuerza con su diestra no hacía más que apretar el puño con nervios, miedo, ira, resentimiento y tal vez un poco de impotencia, encontrándose con el primer ser que la veía de lleno desde el primer momento en aquel horrible lugar “No puedo enfrentarme a alguien con una katana… Y menos estando desarmada…”



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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 29, 2015 3:47 am

La voz resonaba en su cabeza de manera seguida, como un mantra que debía cumplir para poder conseguir su vida una vez más: “mata, mata, mata. Es a él a quien buscas. Hazlo sufrir y luego, mátalo” y ella, como si fuera una marioneta que no podía hacer otra cosa, seguía aquella instrucción, queriendo cumplirla al pie de la letra. Lo mataría, lo haría, no quedaría nada de él, sólo sus lágrimas teñidas de sangre que pintarían el hermoso tatami para luego, arder entre las llamas del infierno.

Ahora, buscaba a su presa. Tenía exactas instrucciones para encontrarlo, pero el mapa había sido mucho más fácil de seguir que el laberintico sitio que se cernía en el interior, aunque que la vieran era lo de menos pues, acabaría con todo hombre, mujer o niño que se interpusiera en su camino. No había forma de que algo saliera mal y ella, ella no podía permitir tener un leve error, por mucho que quisiera escapar, una parte de ella ansiaba cumplir con aquella matanza de una vez por todas.

—Debo matarte— dijo ella con una sonrisa en los labios, dirigiéndose a la muchacha, clavando la espada en el suelo y sintiendo como el tatami iba rasgándose al ella mover la espada —todo aquel que viva aquí debe morir— recitó la muchacha relamiendo sus labios lista para levantar la espada y empuñarla contra la joven, cuando sintió el golpear de los pasos en el suelo de madera ¡más gente llegaba a su fiesta! Luego se encargaría de ella, ahora, le tocaba matar a aquellos que corrían, al parecer, ya debían haber encontrado a la muchacha que ella había matado, así que salió de nuevo al pasillo, viendo a aquellos hombres señalándola con ira por haber irrumpido y matado en la mansión. Ella no hizo amague alguno por negar o defenderse de aquellas acusaciones que le hacían, por el contrario, esperaban que atacaran, más, estaba ansiosa por hacer las cosas y aquella voz en su cabeza volvió: “matalos”.

Obediente como era para su amo, agarró la katana en una postura de pelea y se echó a correr hacia el primero, cortándole la cabeza a la altura de la sien. Sus vísceras salieron despedidas al caer al suelo y la sangre que salpicó a la muchacha una vez más. Todo su rostro se vio salpicado por ésta, más, no se detuvo. Sus contrincantes estaban allí, listos para atacarla. Manases esquivó el primer ataque, recibiendo una cortada en su mejilla, más, aquello fue un desencadenante para liberar a la bestia que vivía en ella. Sonrió haciéndose hacia atrás, quedando espacio para que pudiera luchar con ambos sin tener que preocuparse por el espacio reducido del pasillo: de a uno caerían. Esperó al primero, los había dejado en posición para que pasaran de a uno y así fue. Corrió hacia ella, queriendo atacarla con su espalda en el abdomen, cuando, lo detuvo con la suya, levantando su pierna para darle una patada y hacerle perder el equilibrio, así fue como puso su pie encima suyo, golpeando con su talón el diafragma para hacerle perder el aire y así, clavo la espada en su cuello y la movió con rapidez hasta su entrepierna, abriéndolo de punta a punta.

—Uno menos— dijo tranquila levantando con fuerza la espada que había quedado hundida en el cuerpo, ahora, le tocaba al tercero de todos. Estaba manchada con sangre ajena, se sentía el hedor que ésta producía, ese tinte metálico la seguía y la seguiría hasta que acabase con su masacre allí. Se abalanzó una vez más hacia su presa la cual, en vez de buscar atacar a la muchacha, corrió, horrorizado por lo visto. Valoraba más su vida que la de su señor, pero con aquella muchacha, nadie salía invicto de ello. No corrió, hizo puntería con su espalda lanzándola justo hacia su espina, viendo cómo ésta se clavaba en él y lo hacía caer al suelo, así, ella se arrimó y enterró más profundo el arma —debes sufrir. Tus amigos sufrieron, tú igual— dijo y le dio una estocada en el brazo izquierdo, luego, en la pierna derecha, cortándoselos, sintiendo como sus gritos llenaban sus oídos por el dolor y la sangre que llegaba a manchar sus pies que antes, fueron blancos. Luego, cansada de él, cortó su cabeza y la pateó lejos de sí. Tenía otras cosas qué hacer en el camino —ahora, la niñita de recién— dijo volteando con el canto de la espada en su hombro, volviendo sobre sus pasos para seguir con su matanza.

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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Anie Wolf el Dom Jun 07, 2015 4:25 am

Estaba atrapada. La actual “sirvienta” de la mansión no tenía escapatoria. Estaba frente más una mujer de cabellos morados, mirada perdida, sin iluminación alguna, la cual sin el menor temor relató sus intenciones a ella con la más despreciable de sus sonrisas. Esto hacía que las piernas de Anie comenzaran a temblar. No podía hacer nada más, era su fin, no podía creerlo, había llegado tan lejos. Había matado a cuatro personas y no había sido suficiente, se encontraba frente a una pared impenetrable con la forma de una mujer que a diferencia de ella, estaba armada y sabía usar aquella espada japonesa. Sentía como la vista se le nublaba, le dolía la cabeza. Estaba casi a punto de desmayarse.

Pero tuvo una suerte que pensaba que no era capaz de tener, menos en un lugar así, menos en una situación tan peligrosa. Se escucharon pasos en la madera y la agresora se dio la vuelta para enfrentarse a aquellas personas que la amenazaban. No perdió ni un segundo de su tiempo, ni bien la observó alejarse de la puerta y perderla de vista saltó el escritorio que bloqueaba su camino a la salida y a punto de abrir la ventana sintió como nuevamente todo se ponía más lento.

¿Realmente valía la pena retirarse? La ventana estaba abierta. Había tanto alboroto por culpa de esa ejecutora, que si bien era una amenaza directa para ella, como una bestia salvaje también lo era para los demás. Lo había dicho “Todo aquel que viva aquí debe morir”. Una idea enferma, peligrosa, y sumamente desconsiderada pasó por su mente. Eso hizo que el siguiente de los pétalos de su ser floreciera. Se dice que por lo general la decisión que tomas en los primeros 5 segundos es tu decisión final y esa era la prueba evidente. “Yo… Voy a utilizarla… Ella me abrirá el paso y… Mataré al dueño de este lugar…” Tragó saliva cerrando la ventana. Pensó en sellarla pero si lo hacía quedaría claro que la albina seguía dentro de la mansión. Sin embargo sino lo hacía podía pensar que había huido por la ventana.

“Es imposible… Es imposible que sospeche que también estoy tras su cabeza mientras tiene a esa mole acabando con toda su mansión” pensó. Se asomó sigilosamente por el marco de la puerta. La mujer aun seguía eliminando a aquellas personas que se le oponían. Era el momento idóneo. Tragó saliva y sin hacer ruido cruzó el pasillo. Siguiendo el rastro de sangre que esta había dejado hasta la cocina. Ante lo que sonrió. Abrió uno de los cajones y encontró lo que necesitaba: cuchillos. Le temblaban las manos. Se sentía perseguida pero ya había dado el paso al punto sin retorno. Ahora solo quedaba ir hacia adelante. Cruzó una puerta adyacente que aquella chica no había cruzado y se encontró con un hombre mayor, asiático, quien temblaba de miedo al verla. —No quiero hacerle daño— intentó excusarse pero el hombre estaba a punto de gritar. Era obvio, ya que ella también estaba manchada de sangre. Anie entró en pánico y al tiempo que este se iba corriendo esta lo tomó de su kimono y le clavó uno de sus cuchillos en la garganta ajena. Escuchando de nuevo aquel sonido gargajoso que era ni más ni menos del sonido de los gritos ahogados por la sangre.  —Cinco…— Dijo asustada. Asustada de ya no sentirse incomoda. Eso no podía ser.

Apretó la mandíbula y se sacudió la cabeza “No… No soy igual que ella… Yo no soy como esa loca…” Se excusaba a sí misma. Dirigiendo su mirada, como si de rayos X se trataran hacia el frente “Es todo culpa del sueño de esta mansión. Si él no me hubiera comprado nada de esto me habría pasado” Dirigiendo la culpa de sus acciones hacia este, algo que en el fondo de su corazón sabía que era una mentira. Pero era la mentira que le dio la fuerza de seguir caminando y abrir la siguiente puerta. Todos estaban tan enfocados en la chica de la katana que seguramente no habría nadie mas que inocentes desarmados en las habitaciones adyacentes. “Debo encontrarlo rápido… Si escapa todo habrá terminado”



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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 07, 2015 6:05 am

La sangre se escurría por sus dedos y se colaba por cada minucioso detalle de sus manos, marcando más así las líneas de expresión que había en ellas. Manases estaba convencida de que podría lograrlo, sabía por aquella voz que le hablaba y le decía que siguiera adelante sin importa cuántos ni quienes se interpusieran en su camino, ella los mataría a todos, uno por uno, violentamente a todos hasta que no quedaran más que un saco de huesos y carne tirados por el suelo.

Acabó con la vida de cada uno de los hombres que se enfrentó con ella, siendo muy detallista con algunos al tomarse el trabajo de cortar sus manos de a poco antes de darle el golpe de gracia,. Sus ropas ya no eran del tintaje natural con el que había entrado sino que ahora estaban teñidas por la sangre ajena sin espacio alguno para que la tela luciera su verdadera esencia, lo mismo con sus pies que ahora, eran los más propensos a encontrarse con sangres y vísceras de sus víctimas, habiendo pisado un dedo en el momento en que se disponía a voltear y encontrarse con la muchacha que había captado su atención antes pero ya no la encontraba en la habitación. Tanta había sido la saña puesta en el combate que no se había percatado en el momento que se había marchado ¡ah, pero le iba a tocar el momento de caer, seguramente!

Volvió sus pasos escuchando de nuevo las órdenes que llegaban hasta su mente de acabar cuanto antes la vida de aquel hombre. Recibía una indicación de que tenía que estar en la habitación principal, comenzando a dirigir su rumbo hasta allí, dejando las marcas de sus pisadas entintadas en sangre a su paso, con los cadáveres quedando en el suelo como parte de su paso por allí. Rompió varias puertas en el camino, madera y un papel duro pero no lo suficientemente fuerte como para poder sobrevivir a su afilada espada. Nadie lo hacía.

—Estás cerca— escuchó en su cabeza y sonrió destruyendo una nueva puerta a su paso esperando encontrar allí dentro lo que había venido a buscar desde el comienzo.

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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Anie Wolf el Miér Jul 08, 2015 9:32 pm

Al momento en el que la albina abrió la puerta se topó con la espalda de un hombre desconocido, pero por su uniforme se imaginaba que era uno de los guardias del señor de la mansión, lo habría asesinado pero no estaba el solo, eran entre todos dos docenas, veinticuatro personas con un arcabuz japonés cada uno, sin embargo a pesar de solo haberlos visto por un solo y efímero segundo pudo notar algo en sus manos, si, era obvio que portaban arcabuces pero justo en el momento que silenciosamente cerró la puerta, como si nada hubiera pasado la imagen vino a su mente, estaba analizando aquellas armas, no porque fuera su poder, sino porque tenía el conocimiento, sabía lo que eran.

“Arcabuces japoneses. Parecen de buena calidad pero su eficiencia es menor a la de los que les vendimos… Si son la última línea de defensa entonces no debieron haber abierto aun las cajas que les mandamos…” Tragó saliva, su mente funcionaba a toda velocidad, era casi increíble ver como con su deducción rellenaba los huecos de su visión con su conocimiento previo de manera similar a resolver a una ecuación, imposible a simple vista sin embargo al conocerse las formulas el cielo y la mente se abren para conocer el resultado.

“Están esperando a esa… Demonio…” tragó saliva, recordando que miraban en dirección al pasillo donde sus compañeros habían caído por lo que había una forma de evitarlos. Anie llevó su mirada a sus propios pies, no mirando estos sino el suelo de estos, las casas japonesas solían estar elevadas sobre el suelo, era el lugar perfecto por donde moverse sin embargo.  “¿Cómo bajar?” observó  alrededor y vio un par de tablas de madera sueltas bajo una baraja de naipes torada por el suelo. Se acercó, tomó una de las cartas de la baraja descartando el resto, abrió el escondrijo entre las tablas  y se encontró con una katana, era un escondite para un arma en dado caso de llegar a necesitarse, sin embargo Anie no la tomó, simplemente bajó por allí y procedió a arrastrarse bajo la mansión.

Se hacía una idea de todo desde la parte inferior de la casa, escuchaba los pasos de la otra, miraba como más atrás de ella la sangre goteaba al son de sus pasos, algo lógico debido a la cantidad de sangre que tenía por su cuerpo la cual se filtraba por pequeños huecos entre la madera. Escuchó unos pasos más delante de ella, eran rápidos, fuertes, incluso desesperados, eran los del señor feudal sin embargo la albina no lo sabía, solo vio que frente a ella había un arcabuz enano, de oro con el sello de la compañía de Rubious sobre él, esa en efecto si era una de las armas que había creado, sin embargo, bajo la culata habían unos símbolos que para ojos inexpertos eran parte del sello, pero para sus entrenados ojos, aun en la oscuridad podía reconocer que era lo más parecido que había a un serial en la  época, pudo leer la fecha, de haría 5 años, las armas que habían enviado eran nuevas.

Tragó saliva al tiempo que escuchó los pasos detenerse y observar como las tablas de madera sobre esta moderna arma eran retiradas y la mano anciana del señor feudal entraba por el hoyo. Anie no pudo resistirse, tomó uno de los cuchillos que había robado y con estos tomó con una mano la del contrario y antes de que reaccionara hizo un corte fuerte con el cuchillo, arrancando casi toda la mano, dejándola colgando solo por lo que quedaba de su piel, manchando sus manos y sus cabellos de la sangre en el momento en el que el fruido carmín salió disparado. La inglesa tomó la oportunidad y guardó el arma, luego se levantó del agujero para ver la cara aterrada del señor feudal quien asustado y apuntándola con su katana usando su única mano sana intentó retroceder arrastrándose de espaldas en el suelo. —Tu… ¿Tu eres como esa otra persona? ¿También vienes a eliminarme? Mira no sé lo que le haya hecho a tu amo pero podemos ha…— pero la chica de mirada sangrienta no lo dejó terminar, estaba enojada, bastante, tanto que de su temblorosa mano salieron disparados dos cuchillos, uno hacia el costado de este y otro a su hombro. —¡Callate! Yo no soy como ella— dijo casi refunfuñando, con una mirada de ira y resentimiento tomó su último cuchillo. —Y no soy esclava de nadie…—

Su mano temblaba mientras veía al hombre apoyado contra la puerta corrediza. “No Anie… Ya no tienes que preocuparte por eso… Ya has matado a cinco personas hoy. Una mas no hará la diferencia” Tragó saliva y lanzó su cuchillo contra este con fuerza, sin embargo estaba tan enojada y asustada que le falló el tino, impactando tan solo contra su pecho, sin siquiera matarlo, solo hiriéndolo y dejándolo respirando débilmente en el suelo. Ella sola había hecho un escándalo por lo que lo esperable sucedió: la puerta corrediza tras el hombre moribundo se abrió.



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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 23, 2015 5:56 am

Estaba allí, ya con la sangre goteando de su cuerpo, con su sonrisa manchada por la muerte ajena, disfrutándolo, pues, ella sí lo disfrutaba. Había en el morbo de la muerte y el dolor un placer que sólo era capaz de sentir cuando estaba bajo posesión, de otra forma, aquello, resultaba imposible pues ella, era una chica bastante temerosa y tímida, en todo el sentido de la palabra, volviéndose bastante cobarde, sólo así, sólo bajo la posesión de alguien más, era capaz de hacer cosas tan crueles como la que sus ojos rojos eran capaz de presenciar. Mataba a diestra y siniestra, sin si quiera, el lujo de una muerte rápida. Cuando tenía que atravesar el filo de su espada y revolver sus intestinos hasta hacerlos llegar a la boca del estómago en varias fracciones de pedazos, lo hacía: le gustaba. Y demasiado.

Sus pies resbalaban contra el tatami manchado con sangre, dejando sus huellas a medida que avanzaba y destruía todo a su paso. Llegó a la habitación central, aquellos hombres que estaban en la puerta lo delataban, sabía bien que para tanta custodia, el premio debía ser mucho pero mucho mejor allí dentro. Más, antes que sentir miedo, una sonrisa lasciva se posó por sus labios, lamiendo su katana antes de pasar al asesinato nuevamente. Cuerpos, brazos, sangre cayendo y delimitando todo lo que tocaba, así, logró abrirse camino hasta el interior de la morada, observando con gracia al hombre en el suelo y la molesta muchacha de recién. No le prestó mayor atención a ella, si no se metía en su camino, se encargaría de atender sólo al hombre que yacía en el suelo.

—Comencemos ¿Qué tal si desaparecen tus pies?— se burló rodeándolo para así, llegar a posarse justo al lado de sus piernas. Las abrió y dio una estocada con su espada cortando su pie, pero no lo hizo completamente, claro que no, se detuvo a mitad del hueso, oyendo los gritos, deteniendo los retorcijones de dolor que daba en el suelo. Estaba segura de que el humano no iba a durar mucho a ese paso, pero sentía en su cabeza la voz de su amo: mátalo con mucho, pero mucho dolor. Y ella, tiernamente, obedecía sus órdenes como si fueran un mandamiento que ella no podía negar.

Se rió al quitar la espada y pasar sus dedos por la hoja, quitando un poco de su sangre, aunque mucho no valía en esos momentos que la hoja que alguna vez fue de una plata inmaculada, ahora, era roja en su completa extensión.

—¿Y tu espina?— preguntó delineando con sus dedos la forma del hueso en su espalda pero ¿por qué hacerlo con las manos cuando tenía su espada? Así, la clavó a la mitad de su cuerpo, comenzando a abrir la piel con lentitud parsimoniosa. La sangre comenzó a brotar no sólo de su espalda sino que empezó a toser sangre, clavándola más profundamente hasta llegar a su espalda baja. Aun no era tiempo de que dejara este mundo, había mucho por hacer todavía.


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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

Mensaje por Anie Wolf el Sáb Ago 29, 2015 12:17 pm

Mientras más tiempo pasaba, más lo odiaba, no hablaba solo del hombre postrado y sufriendo a sus pies, no, él solo era una parte. Odiaba todo, la sensación, el miedo, la ira que hacía que sus mejillas se encendieran en rojo, la inseguridad de matar a una persona más. Ya se lo había repetido “Una mas no haría la diferencia” pero en realidad si lo hacía, al menos para ella. Sin embargo, se quedó paralizada, quería verlo sufrir pero al mismo tiempo apartar la mirada. Quería hacerlo sufrir más pero no sabía cómo.

El hombre se arrastró en dirección a ella y cada vez que sus ensangrentados dedos atentaban con tocar su pálida pierna ella daba un paso hacia atrás. No quería que la tocara, solamente eso. Su cara parecía ser normal pero en si estaba asustada y realmente no sabía qué hacer. Sentimientos contrariados estaban en su mente, ética y venganza, conciencia e instinto, era como estar frente a los caminos sagrado e infernal a la vez y finalmente encontrarse con  una bifurcación.

Tragó saliva y ambos fijaron su atención en la puerta corrediza al abrirse esta. Allí estaba ella, Anie no hizo otra cosa que palidecer ¿Y si iba tras ella? Pero al parecer la ignoró y fijó su atención en el anciano. Al parecer cortó la mitad de sus pies. Lo estaba torturando y el anciano extendía sus manos hacia la albina en búsqueda de la salvación —¡Te lo suplico! ¡Ayúdame!— decía entre ensordecedores quejidos y torturadores silencios en los que gemía llorando.

Anie miró en la salida, era como ver un río de sangre qu inequívocamente se filtraba a través de las tablas de madera. ¿Y si lo hacía sobrevivir? Era improbable que sobreviviera a tales heridas ¿Y si lo hacía? Tal vez no era eso, tal vez es porque quería devolver la misma moneda que le habían dado arrebatándole todo.

Caminó en dirección hacia la mujer de cabellos violetas y mirada perdida sin embargo se limitó a ponerse a su lado sin mirarla. —¿Realmente disfrutas esto?— preguntó a la otra, ignorando completamente al hombre en el suelo. Estaba claro que no pensaba  salvarlo. ¿Aquello era lo correcto? “¿En principio que puedo considerar correcto?” —¡TE PAGARÉ LO QUE QUIERAS POR FAVOR NO TE VAYAS!— gritó ya desesperado alzando su timbre de voz hasta tonos en los que perdía todo tipo de voz grave. —Ya es mío— Solo dijo lo más hiriente que se le ocurrió pero en realidad no había planeado aquello, esperó medio minuto más a que la otra respondiera y finalmente suspiró. —Expláyate como quieras—

Seguidamente caminó por el pasillo lleno de sangre ¿Que haría ahora? Miró una de las lámparas de aceite que iluminaban el pasillo y la tomó entre sus manos. Sentía el calor de la llama calentando el vidrio. La quemaba pero a su vez la hacía no desconectarse del mundo. Miraba los cadáveres, sentía que le daban nauseas pero ese dolor del contacto de su mano con el cristal la hacía volver a la realidad una y otra vez. Ya cerca de la entrada cruzó una puerta y se encontró de cara con unos samurái protegiendo a unas mujeres, probablemente esposas del señor feudal. Al ver que no era la mujer de cabellos violetas y que no estaba armada bajaron un poco la guardia y sonrieron. Pudieron ver su salvación. La mujer de mirada sangrienta parpadeó y dejó caer a sus pies la lámpara, dejando que el aceite extendido se extendiera hacia ellos y salpicara las ropas de los guardianes quienes ahora se encontraban atrapados. Anie bajó la mirada, el fuego se estaba extendiendo por la madera, algo lógico ya que como tantas otras construcciones japonesas esta estaba hecha de madera de bambú.

Dio un par de pasos hacia atrás y orquestada por un coro de gritos cerró la puerta. Una rosa roja como la sangre y ardiente como el sol había florecido. Caminó nuevamente por el pasillo con el fuego extendiéndose tras de ella, como si intentara seguirla. Aquellos samuráis completamente llenos de ira, aun rodeados por fuego corrieron siguiendo su calmado paso como si fuera jinetes del infierno intentando llevarse a Anie, iban resbalando uno a uno, el ultimo incluso con su mano flaminguea logró rosar los cabellos de la (por el momento) esclava, sin resultado, resbaló y murió como el resto. ¿Por qué Anie no corría? No podía, estaba  actuando de manera automática. Escuchaba como sus oídos emitían un sonido agudo y se sentía desconcertada, mareada y asqueada ¿Por qué las cosas habían terminado así? Eso no era lo que quería.



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Re: [Flashback] Floreciendo en las Llamas Infernales. [Priv. Manases][+18]

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