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La maldición de los espíritus (Wataru)

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La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Invitado el Jue Ene 22, 2015 7:52 am

En aquella oscura celda donde permanecía aquel chico al cual consideraban como un completo desquiciado había silencio, un silencio sepulcral. El día apenas iba a comenzar, aunque no de todo debido a que el cielo aún mantenía su color negro oscuro casi total exceptuando por el horizonte que reflejaba que prontamente el amanecer llegaría. Todos los esclavos del mercado dormían salvo aquel chico, el cual, sentado en una esquina, miraba perdidamente hacia el frente en silencio, o eso es lo que pensaría cualquiera que le viera, que estaba perdido en su "propio mundo", sin embargo no era así. Él era capaz de ver aquello que otros probablemente no, sus orbes color miel distinguían a aquellos seres, los espíritus que si bien podían ser bueno o malos, solía presentarse ante él, generalmente por un simple accidente.. pero en esa ocasión no fue accidente o casualidad.
Aquel espíritu le miraba penetrante, se denotaba en la mirada de este que anhelaba la vida, y que planeaba algo para hacerlo, su inconformidad con haber pasado a la otra vida era percibida por aquel joven zorro, el cual contenía el aliento a sabiendas de lo que podía suceder. No era la primera vez que algo así pasaba, no era la primera vez que un espíritu se aprovechaba de que él podía verle para así intentar adueñarse de su cuerpo, y en verdad era difícil el conseguir escapar de aquellos espíritus que por una u otra cosa no anhelaban el "descaso eterno" y que, por el contrario, buscarían todas las formas posibles para regresar a la vida, no importaba si para ello debían de robar un cuerpo, pero, difícil era debido a que para poder poseer un cuerpo debían de encontrar a alguien que les viera, ya que solo aquel capaz de verles sería quien estaba "destinado" a ser su recipiente o nuevo cuerpo.

Lentamente, Takeshi se incorporó sin despegar su mirar de aquel ser que solamente con la mirada seguía los movimientos del muchacho. Respiró hondo y juntó sus manos dejando los dedos índices, así como los pulgares, erguidos y juntos mientras los demás dedos se entrelazaban entre si, a su memoria llegó aquel hechizo capaz de ahuyentar espíritus, aquel conjuro que había aprendido del libro que tenía como única memoria de "su madre", la sacerdotisa que se dedicaba a la magia negra, la cual en deseos de tener un hijo convirtió al zorro en humano, por eso él era lo que era actualmente.
El espíritu esbozó una sonrisa burlesca en sus facciones y sin dudarlo ni un segundo fue a por el muchacho, su velocidad era increíble hasta el punto en el que estuvo frente al chico en tan solo dos segundos tomándole por la garganta para asi evitar que este pronunciase palabra alguna del hechizo.
Sus manos fueron directamente a su cuello forcejeando por liberarse, sentía como era sofocado lentamente y debía evitar por todos ls medios posibles el caer en la inconsciencia teniendo a aquel espíritu ahí, era por esa razón que no había dormido en toda la noche y, también por esa razón, su cuerpo se encontraba algo agotado debido a no haber tenido el descanso necesario para recuperar energías. Intentó hablar, su voz sonaba atragantada, sofocada. Con todas sus fuerzas, al menos todas las que su cuerpo en forma humana le permitían, intentó alejar las manos del espíritu lo más posible de su garganta, aflojando un poco el agarre para así conseguir hablar.

Qədim tanrı tərəfindən verilmiş gücü ilə , mən ciddi zərər qaranlıq spektral güc ibadət -pronunció rápidamente en un murmullo pues era lo más alto que su voz podía llegar a sonar en aquel momento, en aquella circunstancia. De sus manos un brillo de color violáceo fluyó y dio de lleno al espíritu provocándole heridas leves, si bien un espíritu ya no era capas de morir, si podía salir herido o desaparecer del mundo dependiendo del como se le ataque.
Takeshi cayó al suelo y su frotó la garganta con su mano, esta dolía y tenía las marcas que evidenciaban que algo o alguien había tratado de acabar con su vida.
El espíritu, iracundo, arremetió contra el muchacho estampándolo contra una de las paredes de madera de aquella celda, aunque el golpe fue tan fuerte que la madera cedió ante este y él acabó fuera de la misma. Dolor, solo eso sentía todo su cuerpo, pero no tenía tiempo de pensar en este, con uno de sus orbes entre abiertos miró al espíritu, esa mirada penetrante y cargada de odio ahora estaba fija en él. Takeshi se puso en pie lo más a prisa que consiguió y cambió su forma a la de aquel enorme kitsune blanco, era sumamente grande en tamaño, tanto que se podría confundir con uno de esos temibles younkai que habitaban en los bastos bosques de la región. El hocico del zorro se frunció mostrando los dientes y echó las orejas hacia atrás para liego intentar ir a por el espíritu, sin embargo este solo desapareció de su campo de visión para luego reaparecer y lanzarle lejos. En la trayectoria que tuvo partió varios árboles, y para evitar causar demasiado destrozo o ruido acabó volviendo a su forma humana, aunque ya no controlaba el ocultar su cola y orejas, las cuales quedaron a la vista.

Sabía que el espíritu pese a que estaba lejos no tardaría en darle alcance. Tenía unas cuantas laceraciones en sus brazos, piernas y despalda, pero aun así se puso en pie y comenzó a correr por medio del bosque. Escuchaba el silbido del aire mientras el espíritu se acercaba a donde Takeshi estaba, y, pese al dolor, el muchacho solo corrió con todas sus fuerzas, ya de anda serviría luchar si estaba tan débil por la falta de descanso y los golpes ya adquiridos, de ser atrapado seguramente el espíritu poseería su cuerpo fácilmente.
No sabía hacia donde iba, era la primera vez en mucho tiempo que estaba fuera del mercado, no reconocía esas tierras, pero seguía corriendo. Cayó por una ladera rodando a través de esta y se puso en pie de nuevo. Miró una especie de cuevas a lo lejos y simplemente optó por ocultarse dentro, internándose lo más posible es estas.
La oscuridad era tal que tropezó un par de veces, pero finalmente, cuando se sintió a salvo, decidió detenerse, dejándose caer sobre la fía superficie, respirando agitadamente. Escuchó una voz y miró hacia un lado notando a un par de espíritus mirarle desde lejos algo temerosos de su presencia en aquella cueva, Takeshi los observó unos instantes percatándose que no le harían mal, no como ese otro espíritu del cual apenas había logrado escapar.

No voy a hacer nada raro... solo... necesito descansar... un poco.. -les explicó con voz cansada, sintiendo a sus orbes cerrarse de a poco. Sintió como los espíritus se acercaron a él comprendiendo un poco al ver las heridas del zorro, ese tipo de heridas no eran normales y solo un espíritu poderoso como el que quizo adueñarse dle cuerpo de Takeshi podía provocarlas.
Él no supo nada más, cayó prontamente en la incosciencia, no sabía si aquellos espíritus se había marchado o seguía a su lado, simplemente,se dejó envolver en la pesadéz de su cuerpo quedando completamente inconsciente, estando recostado contra la pared de roca de aquella cueva. De volver ese espíritu y encontrarle así, probablemente Takeshi jamás despertaría.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Wataru el Jue Ene 22, 2015 9:10 am

La noche se volvía sofocante, imágenes corrían bajo su parpado, la sensación de sumergirse en un abismo perturbaba al erudito, calaba la temperatura en todo su cuerpo con maña en recorrer cada milímetro de su ser ahogándolo en desesperación dentro del descanso, era una búsqueda o una tortura tal vez. Una pesadilla, una dominación correcta la más normal entre cualquiera que pudiera cruzar en las mentes, un malestar dentro de aquel mundo de ilusión, una imaginación llevada al extremos para perturba un buen descanso pero no era así, un remordimiento de consciencia concluirían algunos otros, un arrepentimiento por todos aquellos que había asesinado, los fantasmas, esas almas ahora yaciente en el desconsuelo de la muerte lo perseguía para hacerle pagar la culpa, no, eso tampoco era. En ocasiones hasta él mismo Wataru dudaba tener una consciencia, el llegar a encerrarse no significaba que estaba dolido o arrepentido, sólo era una forma de evitar tener una tarea innecesaria como un simple sicario, no era un estupido matón inculto, le recordaba eso a su señor.

La realidad de aquel misterio era simple, su cuerpo conocía de sobra aquella emoción tan febril que lo llenaba, el calor arremolinarse por cada poro, la locura abriéndose paso a la consciencia dominante, el poder, el deseo de destrucción crecía y en sus oídos zumbaba una voz que era mal consejera, se martillaba la maldad contra aquel débil muro de sensatez buscando abrirse paso a la liberta, el sentimiento más allá de lo aceptable, era lo que se gritaba como libertinaje. Eco sobre eco en busca del que sátiro despertara, el reflejo de mil y un demonios bailando alrededor era adecuada para la consciencia que llevaba aquella fiesta en el descanso del servidor real.

Despertó con la garganta, era como si soltara fuego por la boca, bebió rápidamente agua aunque sabía de sobra que eso no lo calmaría. Un ritual, todo se ceñía en un ritual pero no tenía deseos de hacer eso aún cuando con un simple llamado aparecería su sirviente para hacer la preparación no lo deseaba, se resistía a la naturaleza de la bestia, era demasiado pronto para caer en aquel delirio pero lo comprendía, era por la insatisfacción de día atrás, bebió más agua directamente de la jarra, se levanto cambio sus ropas de dormir por otras mas presentable para salir haciendo toda la obra en el mas profundo silenció.

Abrió la ventana en leve corre para que no se oyera el murmullo atrás de la puerta. El golpe del frió refresco su cuerpo, un suspiro escapo de su labios, agradable naturaleza, pisando el jardín que lo rodeaba se sintió algo aliviado, la idea de un descanso en el bosque le pareció exquisita tentación, miró alrededor notando que no había ni un guardia, pensando en el tiempo concluyo que se debía al relevo, no le importo busco salir del palacio en el silencio de la noche oyendo cada susurro, el más mínimo ruido resonó en sus oídos eso le permitió salir sin ser descubierto, no utilizo la puerta pues eso sería ir directamente donde los vigías en lugar de ese camino ocupo un pasaje oculto, una vez concluido su acción se dirigió hacia el bosque.

Un paso era como si apuñalara su corazón que latía rápido, sus jadeos era más notorios era consciente que no podía retrazar más lo inevitable miró alrededor ya no estaba cerca de poblado así que permitió que sus cuernos surgía, respiro con alivió rozando donde nacieron sintiendo como estaba firme allí en su cabeza, y sus garras ahora oscura mostraba su filo aún es la oscuridad. Dio media vuelta listo para volver y encontrar algo que le llenara pero lo omitió por esa vez, abrió sus alas para surca el bosque tal vez allí encontrara más diversión además que siempre se sentía bien rodeado de los árboles, de la vegetación con vida infinita, miraba los brotes del roció nocturno, descendió en una naciente de roca, sus pies tocaron el suelo viendo que había una cueva allí.

Oía una respiración profunda pesada, un animal de tamaño mediano imagino, olfateo, sangre, un herido, no le importaba ver hombres morir al contrario hasta le daba gusto notar como se le iba la vida pero algo nacido de la naturaleza era diferente así que curioseo en la oscuridad naciente de aquella cueva aún cuando el sol ya se alzaba en perezoso andar en el horizonte bajando el frió hacia el suelo que pisaba.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Invitado el Jue Ene 22, 2015 7:07 pm

Oscuridad, penumbra, no se encontraba en ningún sitio, no podía ver nada, simplemente estaba perdido en esa inconsciencia, su mente no traía sueños o recuerdos, aunque si voces, unos murmullos que sus oídos alcanzaban a escuchar muy por lo bajo sin saber si provenían del exterior o eran simplemente producto de su mente agotada por la falta de sueño y sobre esfuerzo al huir, luchar, así como utilizar la magia negra. Risas, eran unos sonidos macabros de seres burlándose de el chico que yacía en aquella profunda cueva, y, por más que quisiera moverse o despertar parecía completamente imposible pues su mente al hacerle caer en la inconsciencia había bloqueado todas sus funciones como el movimiento de brazos, piernas, no podía hablar o abrir sus ojos, la pesadez lo dominaba por completo y solo se escuchaba su pesada respiración. No sentía el dolor de antes pues la inconsciencia servía como un anestésico para el chico, y sin más se dejó dominar por la pesadez, después de todo necesitaba descanso.
Tan pronto como la oscuridad gobernó en todo su ser imágenes vividas aparecieron, un prado con flores multicolor, un cielo azul completamente despejado y el cantar de las aves, percibía todo aquello, el agradable aroma del sol al tocar la tierra, la suave brisa que mecía las hojas de los árboles que se veían a una leve distancia. El muchacho había comenzado a andar a través del prado sintiendo como el césped alto rozaba las palmas de sus manos suavemente, era un cosquilleo agradable y sentía que aquel lugar era un buen sitio para pasar el tiempo, mariposas revoloteaban por ahí atraídas por las flores, todo lucía tranquilo y en armonía. Sin embargo unos nubarrones comenzaron a nublar el cielo azul impidiendo que la luz del sol tocase la tierra, la suave brisa se convirtió en una fuerte ventisca que hizo estremecer al zorro. Sus pulsaciones se aceleraron al escuchar de nuevo las voces, siniestras de espíritus que le pedían, o mas bien le exigían que él les diese su cuerpo para así volver a la vida. Intentó moverse pero sus pies estaban atados a la tierra impidiéndole huir. Hacia él se acercaba un gran espíritu, el cual sonreía macabramente y, sin detenerse a cruzar palabra le devoró dejándole en la oscuridad.

De golpe abrió sus ojos observando la penumbra del lugar, el dolor de todo su cuerpo al intentar moverse fue un indicio de que lo anterior solamente fue un mal sueño y de que aun seguía con vida. Sus manos tantearon lentamente el suelo rocoso sobre el cual estaba sentado y se apegó completamente con su espalda a aquella pared de roca contra la cual se apoyaba. Miró a su lado, no había espíritu cercano, solo la soledad y la penumbra, sin embargo a su lado habían unos cuantos frutos pequeños, probablemente traídos por aquellos dos espíritus temerosos que vió antes de colapsar.
Conservaba aun visibles sus orejas y cola, estaba muy débil como para ocultarlas, además de que le era más sencillo escuchar hasta el más minucioso sonido con las mismas.
Pasos, podía oírlos, alguien o algo caminaba hacia él, aunque aun estaba algo lejos sabía que era cuestión de tiempo para que, lo que sea que se acercaba, llegase a donde él estaba. El primer pensamiento que llegó a su mente era que aquello que se acercaba podía ser el espíritu que anhelaba su cuerpo, y pensando que la le había encontrado se puso en pie y caminó tambaleante tanteando el terreno hasta encontrarse con una gran roca aun lado de una de las paredes de la cueva. Se dispuso a ocultarse tras esta aunque probablemente sería en vano ya que e ser el espíritu no tardaría nada en reconocer la esencia del débil zorro. Una silueta, podía distinguirla en medio de la penumbra, esta era aun más oscura que la propia oscuridad de la cueva. Miró detenidamente esa silueta, un par de cuernos sobre su cabeza, al menos aquello fue lo que apenas logró distinguir.

¿Un younkai? -se preguntó a si mismo en un bajo susurro estando asomado apenas un poco por encima de la roca, el ver aquella silueta hizo que su pulso se acelerara más, de ser un younkai probablemente había sido atraído por el aroma de su sangre y vendría a darse un festín con él.
Sintió de nuevo la pesadez invadir su ser, sus orbes color miel comenzaban a cerrarse aunque él luchaba por mantenerlos abiertos.
Apoyó el rostro sobre la roca, ¿que mas daba si era devorado?, después de todo no es como si le llegase a hacer falta a alguien su existencia, y ya estaba algo cansado de tener que lidiar con espíritus que quisiera devorarle. La ventaja de que fuese un younkai el que el devorara y no un espíritu, es que su cuerpo correría la misma suerte que su vida como tal, en cambio un espíritu usaría su cuerpo como recipiente, así que simularía ser él mismo y eso era lo que menos deseaba el zorro. Se adormiló en aquella posición y dejó de prestarle atención a la silueta, Takeshi estaba muy exhausto
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Wataru el Vie Ene 23, 2015 6:19 am

El aroma se agitaba en un ondulado movimiento, el viento, la culpabilidad principal podía recaer en ese ser indomable pero no era así, un segundo cerrando sus ojos se daba cuenta de las pisadas que iban marcando un nuevo camino, suaves y torpes, eran lentos, lo cual recaía la falta de fuerza y agilidad aunque también podía ser para evitar se escuchado si fue notada su presencia, era las dos opciones que abarcaba toda la situación se detuvo sin dar otro paso sólo siguiendo el camino con sus oídos asegurándose de no perderse de ni un sonido, era una forma de seguir sin hacerlo, el ruido podía ampliarse según distancia así que era la mejor herramienta de búsqueda además de que no necesitaba apresurarse.

Aroma tenue, la suavidad del olor a sangre podía dejar dicho que la herida había controlado el fluir, el coagular de aquel liquido carmín le podía dar un tiempo aproximado desde el “accidente” como lo dominaría por el momento pero esa conclusión sólo podía llevarse acabo en tiempo tocando la solidificación, su mente estaba entre el instinto y la poesía de la sabiduría del erudito aún cuando estaba el sátiro gobernando, era esos momentos donde parecían complementase con un acuerdo pero que podía fácilmente romperse aquella unión y alguien sometía a la otra parte influenciable para así lograr el objetivo principal pero por ahora en ese rincón no parecía haber nada que los llevara a debatir.

Silencio, los primero pasos nacieron casi como un flotar, no hacía ruido innecesario, sigiloso para no alerta de nuevo de su acto de aparición, los animales heridos podían ser muy recelosos de sus espacios pero también podían sentir las presencia de la intensión así que debía de convencerlo de que iba para ayudarle en caso de que hubiera que salvar, en determinado momento podía darle una muerte más rápida que la agonía que estaba llevando si lo destacaba de aquella forma.

Lo miró, el carmesí de su mirada confirmo lo que le pareció raro en el andar que oía pero no pensaba darse media vuelta, una razón le gustaba ver humanos morir pero esa no era la circunstancia de ese día, la segunda razón se adapto al ver las orejas, un zorro, conocía bien el mito de aquellos animales, no, decir que era mitología se volvía errónea cuando presenciabas una transformación, lo ideal seria documéntalo como historias populares, era más conveniente de esa forma. -¡Eh! ¿Sigues vivo?-, Cuestiono dando los últimos pasos que le hicieran estar enfrente de aquella criatura sin procedencia, sólo podía reparar en la forma como se reflejaba en sus ojos para concluir.

-No se ve como si vaya a morir.-, Concluyo para si mismo al destacar que era superficiales los rasguños en apariencia tal vez fuera más profunda de lo que reparaba en esa parcial oscuridad pero en definitiva nada de muerte, olfateando podía saber que no había tanta sangre como había pensado en principió. Le pareció bien, no solía gustarle la idea de ver sangre cubierto el paso de la naturaleza, aunque, en la matanza de la sobre vivencia siempre había unas gotas caídas pero ese desperdició también podía dar vida, era diferente cuando eran simples asesinatos.

Un lobo asesina un conejo para comer, obtiene todos los nutrientes en caso de desechar algo, los carroñeros lo tomaban y lo que quedaba había insectos que terminaba la limpieza, y aún los desechos llegaban a ser utilidad para la propia vegetación, era un circulo de vida, en su caso asesinaba por el sólo hecho de asesinar, no se arrepentía, no había criaturas mas molestas que aquellas que dañaba lo que existía antes que ellos así que era fuente de su pasión por marcarlo de una forma agradable.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Invitado el Vie Ene 23, 2015 7:43 am

Una voz lejana, pudo percibirla, preguntaba si estaba bien, sin embargo no respondió pues su cuerpo completamente exhausto no quería hacer ningún movimiento, además de que el dolor por los golpes del espíritu contra él eran algo agudos, aunque por lo que podía ver no pasaban de ser más que golpes debido a que podía moverse, con dificultad a causa del dolor, pero podía hacerlo.
Nuevamente la voz a la lejanía se escuchó, ¿aun estaba convida?, ¿esa criatura era o no un younkai?, no estaba seguro de ello, solamente movió una de sus orejas en dirección a aquella voz, que a medida que volvía de la inconsciencia se percataba de que esta no estaba tan lejos como pensaba. El zorro se levantó un poco de la roca en la cual reposaba, apenas para posar su mirada en aquella silueta de antes, era una persona desconocida evidentemente, pero, era alguien real, no un espíritu, no es como si estos últimos no fuesen reales, sino que al menos ya no estaban con vida.

E-Estoy bien.. -pronunció con voz ronca, en su cuello aun estaba la marca de cuando el espíritu le tomó por este, su garganta estaba aun lastimada debido a la fuerza de aquel agarre y su lucha por hablar para pronunciar aquel hechizo que apenas y logró herir al espíritu. Pese a ser un zorro, el chico era algo "sumiso", por no decir que estaba amansado debido a la manera en la que aquella sacerdotisa había manipulado sus recuerdos para evitar así que su "hijo", el cual no pudo conocer, asesinase a algún humano debido a su salvajismo o su instinto.
Observó bien a aquella figura que debido a la oscuridad era incapaz de distinguir del todo, sol una silueta era lo que sus orbes de color miel alcanzaban a distinguir, probablemente debido a tener aquella forma semi-humana en aquel momento, pero fuere como fuere sentía que aquella silueta no iba a causarle mal, razón por la cual pudo finalmente relajarse. Recordó los frutos que había dejado atrás al intentar ocultarse, aquellos que los espíritus que vio al entrar a la cueva probablemente habían dejado para él. Se incorporó con torpeza, su cuerpo temblaba a causa del dolor y la debilidad más que nada producida por aquella falta de descanso y el utilizar la magia que le quitaba energía vital dependiendo del tipo de hechizo que efectuara, en ese caso, había sido una cantidad considerable de energía vital la que había consumido el hechizo.
Llegó al sitio donde recordaba estaban los frutos, valiéndose de su oído más que nada así como del tacto, pues estaba descalzo en aquel momento, no se había percatado del momento en el que su calzado se había perdido, aunque no era como si le importase mucho ese hecho. Al hallar los frutos se dejó caer al suelo y se llevó uno de estos a la boca, el sabor era dulce y para suerte del zorro se trataba de un fruto jugoso pese al tamaño que el mismo presentaba. Aquel sabor hizo “bailar” a su paladar de alguna manera.

Un ruido del interior de la cueva le hizo mover una de sus orejas antes de girar el rostro, pudo ver a un joven espíritu, o al menos se veía que había sido muy joven a la hora de pasar a la otra vida, el cual le observaba desde lo lejos, l reconocía, ese era uno de los dos espíritus que había visto al entrar a la cueva. Solo le esbozó una sonrisa amplia al mismo alzando levemente uno de los frutos para mostrárselo- ¿Fueron ustedes los que dejaron esto aquí? –preguntó recibiendo un tímido asentimiento por parte del espíritu- Gracias sinceramente por esto… era algo que necesitaba –miró al espíritu sonreír antes de notar la otra presencia y desaparecer, evidentemente ocultándose de aquel extraño que si bien no podía verle, le aterraba.
El zorro suspiró y comió el resto de los frutos sintiéndose algo mejor, apoyó su espalda contra la pared rocosa y miró a aquella silueta, tenía intriga sobre lo que era, así que extendiendo su palma tomó algo de aire- Mən parlaqlıq ibadət , qaranlıq səlahiyyətləri istifadə edərək –pronunció haciendo que una esfera de luz saliera de la palma de su mano y acabase golpeando el techo de la cueva, iluminando así un gran trozo de la misma. Los orbes color miel se enfocaron curiosos en aquel extraño, adecuándose de a poco a la luz y por fin distinguiendo las facciones del mismo, así como permitiéndose mirarse a si mismo. Aquel yukata que traía estaba muy dañado, tenía algunas manchas de sangre y las heridas del chico eran entre laceraciones y algunas más profundas, también la marca en su cuello era más que evidente y los rasguños en su rostro, en fin, el zorro estaba evidentemente lastimado con heridas, laceraciones y moretones. Miró sus propias manos y movió los dedos, probablemente se había fracturado un par de dedos pues el dolor en estos era insoportable al movimiento. Suspiró.

¿No viene a devorarme o si? –le preguntó sin temor en su ronca voz, solo, curiosidad.
Su mirada se desvió de nuevo del hombre al notar como más espíritus se aproximaban al sitio iluminado por el hechizo que había hecho, lucían asombrados por aquella bola de luz que se encontraba en el techo de la cueva y comenzaban respecto a ello, solamente haciendo reir muy bajo al chico. Ocasionalmente sucedía aquello, el zorro solitario contemplaba a los espíritus a su alrededor de manera absorta acabando por ser considerado como un completo demente debido a ese hecho, o peor aun, hablar con estos tal y como había hecho antes, pero a él verdaderamente no le importaba el ser denominado como un demente, disfrutaba el poder relacionarse con los espíritus, aunque no del todo debido a que ese “don” podía ser una maldición al poder ver por igual aquellos espíritus malignos como el que le atacó. Su mirada siguió perdida en aquellos espíritus mientras sus ojos se entrecerraban levemente, trataba de engorar el cansancio sin embargo este aún seguía presente sobre él.
Había olvidado por completo la presencia de aquella persona, pues resultaba ser bastante silencioso, o al menos eso le pareció al muchacho.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Wataru el Vie Ene 23, 2015 9:34 am

Volvió sobre sus pasos apenas algunos de ellos antes de oír la respuesta, se apoyo contra el frió muro de roca pulida por la naturaleza, el corre de aquella cueva se iba formando entre varios minerales, y aquella firme tierra que soportaba todo el peso para no derrumbarse pero como lo veía él la que estaba abrigándolos en ese preciso instante era la más adecuada para existir sin miedo a ser aplastados, podía oír el eco que veía de algunas gotas del agua que iban cayendo hacia el subsuelo siendo participe de un camino alto que venía desde la parte elevada del lugar, un fluir invertido en una medida interesante, el seguir aquel camino húmedo podía convertir en interés pero no sería un misterio sin conocer ya que sólo era cuestión de analizar y concluir.

Entro a ese lugar sólo por la curiosidad de saber que animal estaba herido ahora lo sabía era un zorro, se movía así que no necesitaba su ayuda pero eso le dejaba sin hacer y no podía volver al palacio mientras estuviera así, estaba calmado por el lugar pero nada más, un aroma de mujer rompería lo que estaba creando dentro de su mente. Miraba la nada de la cueva, caminar hacia el exterior o quedarse en ese profundo eco era una elección fácil allí podía estar bien y nadie le molestaría, la mañana se continuaba alzando así que había posibilidad de que aldeanos o simples curiosos pasaran por allí eso aumentabas posibilidades de molestia para el sátiro.

Arqueo la ceja deteniendo todos sus pensamientos al oír aquella conversación, volteo en dirección del zorro oyendo clara su voz pero no había ni una de vuelta, se conecto con la tierra para detecta mas vida allí pero no encontraba nada, el andar de algunos insectos, apenas unas hierbas que se aferran a las rocas, pero no había algo como una voz o similar, lo siguió mirando escuchando sus palabras hasta que vio aquella luz que alzaba sobre ellos, la interpretación de la ultima frase dicha no la reconocía pero no era un simple lenguaje si había hecho la luz, una señal de magia, pero no se veía como un hechicero, sus ojos repararon en las heridas tras parpadea un paz de veces por culpa del enfoque de la luz, rasguños, huellas sin definición en el cuello parecía garras, mano de una criatura posiblemente, desfilo su mirada mejor por cada parte visible de aquella criatura mestiza en imagen.

-No tengo interés en devorar hombres.-, Contesto fijo en el zorro caminando hacía donde estaba sentado se acomodo enfrente haciendo de aquel punto su nuevo lugar para recargarse, lo estudiaba mejor porque de pronto parecía que estaba en otro lugar, miraba el reflejo de sus ojos, no había nada más que luz y sin embargo parecía que veía algo más allí. -¿Con quien se comunica?-, Cuestiono, un interés posiblemente, no entendía el concepto de ver algo más allá de lo visible aunque bien sabia que existía más cosas que el no podía ubicar así que ese conocimiento lo deseaba si es que el otro realmente lo tenía y si no estaba sencillamente loco.

-Parece que se sumerge mucho en algo y no siento ni una presencia de vida aparte de nosotros dos así que mi conclusión es ve algo más o esta loco ¿Cuál de las dos es?-, No limito su lenguaje aún si ofendía podía ser más sutil pero era la verdad sólo veía dos opciones así que si tenía la respuesta corta era la más adecuada. Se movió para tocar la cabeza, rozando entre par de orejas puntiagudas, cerró los ojos experimentado aquello que sabía que podía hacer pero nunca utilizo, un experimento se decía en su pensamiento como si fuera la única oportunidad de hacer algo igual, la estructura de un cuerpo estaba compuesto por los elementos básico de la naturaleza ni uno era omitido sólo era transformado de diversa forma así que era reconectarlos, una sutil curación de aquel cuerpo mortal aunque escucho brevemente una voz desconocida al abrirse su audición con aquel cuerpo se aparto sentándose sintiéndose algo agotado y no tardo en notarse sus cuernos hundirse de nuevo en su cuerpo dejando a Wataru andar. -Mm, eres un zorro, ya veo.-, Expreso con indiferencia viendo el porque seguía vivo.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Invitado el Jue Ene 29, 2015 7:22 am

Los espíritus continuaban reuniéndose alrededor de ambos, atraídos por la luz, por lo visto dentro de aquella cueva habitaban muchas criaturas, bueno no criaturas sino espíritus, los cuales permanecían ocultos entre las sombras, pero al parecer a todos esos seres les gustaba la luz, era eso o se sentían simplemente intrigados por la aparición de la repentina esfera de luz que yacía en el techo de la cueva y que iluminaba todos los alrededores, por lo menos los que estaban más cercanos a ellos. El kitsune sonrió levemente ante aquello que sus ojos color miel lograban captar, en ocasiones disfrutaba del hecho de poder ver youkais, sin embargo eso no era siempre, pero, por lo menos en ese momento lo hacía, y para el chico, no había nada mejor que ver esa cantidad de seres reunidos por ahí, y era probable que la persona a su lado estuviese totalmente ajeno a ello, ajeno a que habían una gran cantidad de espíritus que siempre rodean a los vivos pero que eran ignorados por los vivos debido a la incapacidad de muchos de poder contemplarlos con facilidad o de no poder contemplarlos del todo.
La mirada del aludido se enfocó en aquel hombre tras escuchar su voz, le aliviaba en gran parte el saber que el mismo no era un devorador de criaturas y, agradeció en su interior el ser sanado tras sentir la mano del mismo sobre su cabeza. Hizo una reverencia educada hacia el contrario tras eso, era la primera vez que alguien cuidaba de él, así que estaba agradecido de corazón, después de todo era una persona completamente desconocida y sin siquiera pedirlo, le había curado. Elevó su rostro hacia el contrario, volviendo a enfocar su mirada en este.

[color#33cc99]Le estoy agradecido por curar mis heridas y por no devorarme, más bien por no ser un devorador de hombre [/color] –dice de manera educada, quizá podría sonar algo tonto el como agradecía pero así era él, pese a haber crecido en el mercado luego de perder a su “madre” y demás, estuvo rodeado de criaturas que eran educadas y, de ellos adquirió su comportamiento, además de que nunca tuvo realmente algo que le hiciese ser hostil con nadie, y no veía el porque tener que ser mal educado con alguna persona, siempre se le debía agradecer la amabilidad a las personas por más pequeña e insignificante que fuese su acción para ayudar a los demás.
Escuchó a los youkais hablando entre ellos, cosa que captó la atención del kitsune de nuevo. Se le podía notar con la mirada perdida hacia algún punto de la cueva, y era que simplemente estaba prestando atención a lo que los youkais tenían para decir. Le fascinó la historia que un youkai de aspecto anciano relataba a los otros, era una antigua leyenda sobre una luz sagrada que pudo ver con sus propios ojos una vez que viajó hacia alguna zona, en una cueva escondida en lo más remoto de algún bosque, y que aparentemente esa luz sagrada era capaz de sanar e inclusive rejuvenecer un poco a las personas que eran capaces de verla, pero, la travesía tenía su costo y no todos eran capaces de llegar o de verla, según lo que dijo ese youkai, la luz sagrada de la que hablaba solo podía ser vista por personas que no tenían intenciones o ambiciones de una vida inmortal, y la misma les brindaba la edad que quisiere, nunca la inmortalidad o la juventud completa. El kitsune imaginó todo aquello en su mente, sonaba sumamente mágico e increíble. Sus orejas se movían levemente en dirección hacia donde estaba hablando el anciano youkai evidenciando que prestaba atención a lo que fuese que hablaba o que se escuchaba aunque sabía que la otra persona a su lado sería incapaz de apreciar aquello.

Volvió a mirarlo, parpadeó ante sus dos preguntas, la segunda lo hizo reír levemente aunque su corazón se aceleró, había sido llamado loco desde que era un niño y bueno, aquellas palabras habían causado una herida profunda en el autoestima del zorro, sin embargo se reía por la forma en que lo preguntó aquel extraño, era curiosa la manera en la que expresaba que se sentía intrigado por lo que fuere que el kitsune veía o escuchaba.
Por unos segundos miró a su alrededor con una sonrisa y un brillo especial en sus orbes, era evidente que disfrutaba de lo que observaba en esos momentos, si bien podía odiar a los youkais, sabía que eran parte fundamental de su vida, ya que sin ellos no habría escuchado del mundo exterior y no tendría con quien hablar cuando se encontraba totalmente “solo” en aquella celda del mercado a la cual tendría que volver luego si no quería recibir un castigo por haber “huido” del lugar, y si lo pensaba bien parecería que fue así debido al gran hoyo que quedó en la pared de su celda. Su mirar volvió a enfocarse en el hombre a su lado, hasta aquel momento se había tomado su tiempo y no había respondido a la pregunta que el mismo formuló.

No estoy loco, aunque sé que puede parecer que si –comienza a hablar y su mirada se vuelve a perder en la lejanía de la cueva- Soy capaz de ver lo que cualquier ojo no, aquí, a nuestro alrededor hay una gran cantidad de youkais, espíritus.. soy capaz de verlos e inclusive de comunicarme con ellos –mira de nuevo al hombre- Son espíritus de criaturas, humanos o animales, inclusive de cosas que la gente cree “sagradas”… muchos son buenos e inofensivos pero otros… –calla en seco al escuchar el silbar del viento. Con un movimiento de su brazo deshace la luz y aparta al hombre del camino. El kitsune acaba estampado contra una pared de roca, el espíritu de antes lo había atrapado.
Su forma cambia a la del zorro albino y forcejea con el espíritu de gran tamaño que le toma por el cuello, consigue arañarlo con sus garras y para sus adentros pronuncia un hechizo. El símbolo rojo en su frente se torna de color azulado y aquella luz permite ver unos momentos al espíritu mientras es herido por el mismo hasta desaparecer. El kitsune albino de gran tamaño mas allá al de un árbol inclusive, se deja caer en el suelo jadeante, apoya su hocico sobre el piso frio de la cueva, necesitaba reposar un poco pues el usar tanta magia en un día no era bueno para su salud debido a que su propio ser estaba constituido de la magia que el mismo usa, y al hacerlo, su energía vital se debilita considerablemente, generalmente para recuperarse solía dormir largo tiempo, así su energía vital volvía a ser la misma de antes de utilizarla magia.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Wataru el Jue Ene 29, 2015 8:43 am

El silencio se había presentado aún así no apresuro la contestación, lo más correcto era pensar que estaba inventando una buena respuesta pero no parecía así delante de sus ojos, la distracción era latente, el ver que se concentraba más en aquello que parecía existir en la luz que estaba allí naciendo como un farol en la cueva, los apéndices de aquel personaje también se agitaba hacía la dirección como si oyera algo que para él no era sonoro, no podía oír ni siquiera en un débil eco por lo cual no imaginaba que existía porque sencillamente no estaba conectado con aquello que no tenía vida, sus oídos no percibían nada de esas identidades, la respuesta lógica que encontraba era que existían en plano diferente al de él, era una situación completamente desigual ya que no terminaba de actuar como loco era así que creyó aquella respuesta que le dio como autentica, no estaba en su persona juzgar mucho más que eso porque había encontrado la suficiente lógica por lo cual aceptaba la idea.

Un brisa fría entro a la cueva, un escalofrió corrió por su cuerpo erizando su piel, la sensación era diferente a la que nacía con la naturaleza, era una sentimiento frió sin consideración, no había en aquel viento la vida de siempre y lo confirmaba al ver como arrasaba contra el otro, lo miraba allí acorralado sencillamente era como ver sólo al zorro pegarse contra la fría pared porque no había ni otra figura, sólo descubría la silueta de la oscuridad, sus ojos estaban ciego a más así que allí aplicaba más al favor del ajeno, su respuesta había sido cierta y podía completar la frase. -Son crueles.-, Emitió levantándose para caminar donde descansaba ahora es gran zorro.

Se puso en cuclillas enfrente de él sintiendo el aliento que escapaba por su gran tamaño se podía percibir su vida. -No he visto nunca alguien que pueda habla con los espíritus.-, Emitió en tono sencillo que no destacaba ni un tono especial. -He hablado con monjes pero no me han convencido de sus ideales sobre aquello que llama espíritus aunque tampoco es como si negara su existencia porque hay varios testimonios de que han visto o experimentado algo así.-, Se enderezo apartándose un poco suficiente para no estar en camino del otro si deseaba moverse.

-Sencillamente si no puedo estudiarlo no me interesaban.-, Miró el techo que se ahogaba en oscuridad nuevamente aunque los brotes de brillo nacían lentamente conforme el cielo se alzaba en el resplandor del sol anunciando que el tiempo avanzaba. -Aunque por lo que veo aún cuando este usted encantado de ello parece también tener su dificultades, ¿No le seria mas conveniente vivir en un templo?-, Le cuestiono con cierto interés, no era nada especial, no era que de pronto Wataru se hiciera social, nada de eso pasaba, sólo estaba aprendiendo aquello que en los libros no detallaban y que él no podía experimentar de primera mano porque nunca se conectaría con aquel plano donde sólo habitaban los espíritus era diferente al mundo de los vivos.

En conclusión su pudiera detallarlo en una pirámide, seria como encontrarse él en tercer rango mientras que los espíritu estuviera en el quinto y por arriba de ellos en la punta existiera el mundo celestial que todo lo veía y que podía crea o destruir a su antojo, si, era situaciones diferentes, eso dejaba al zorro en el cuarto nivel por tener algo que él no, además de que era una ser de la naturaleza pero al tiempo combinado con lo humanos, su naturaleza estaba dividida y sumada se podía tomar en cuenta como dos especies en una pero no por ello tomar como un hibrido.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Invitado el Vie Ene 30, 2015 9:52 am

La respiración del zorro ahora de color albino era calmada aunque jadeante en parte, después de todo el exceso de magia usado por un día ya había llegado al límite, por esa razón decidió que se abstendría de utilizarla de nuevo a menos que fuese necesario y ya no tuviese otra salida, sin embargo haría lo que estuviese a su mano para evitarlo, no quería acabar perdiendo la consciencia debido a la falta de fuerzas provocado por el que su existencia dependiente en parte de aquella magia negra con la cual había dejado de ser un zorro ordinario y que por ello al usarla se podría tomar ello como si alguien arrancase toda la energía de un ser vivo, como si la drenara hasta el punto de hacer que el individuo en cuestión acabase perdiendo la consciencia o, en el peor de los casos, muriese.
Movió las orejas ante los pasos y solo enfocó su mirada sobre el contrario sin moverse de su sitio, estaba de alguna manera a gusto sobre aquel helado suelo de tierra y roca, tanto que podría dormir ahí como esas bestias que hibernaban en cuevas durante el invierno, seguramente si alguien llegaba a entrar a la cueva mientras él dormía ahí en aquella forma, pues no planeaba volver a la forma humana hasta no estar recuperado o sentirse mejor, le confundiría ya fuese con un demonio o una criatura maligna que habitaba en las cuevas, quizá acabaría cazado o algo así dado a que a los humanos no les simpatizaba mucho toparse con seres de aspecto fiero y de un tamaño que los sobre pase en mucho.
Se limitó a escuchar las palabras del hombre, ¿un templo?, alzó un poco su rostro parpadeando, evidenciando que meditaba respecto a ello, no estaba seguro pues, aunque nunca había estado en uno había escuchado que muchos espíritus solían ser atraídos por los templos, aunque de ser así probablemente solo eran de esos espíritus inofensivos y no de esos que desean adueñarse de los cuerpos de aquellos capaces de verlos, hiriéndolos hasta que pierdan la consciencia y así, echar al “alma” que habita dentro del cuerpo para ellos recuperar “la vida” de esa manera. Volvió a apoyar su cabeza entre sus patas delanteras sobre el suelo que le resultaba tan agradable.

No siempre es un privilegio poder lidiar con los espíritus… ocasionalmente si puedes ver a unos en específico y estos desean volver a la vida, intentan apoderarse del cuerpo de aquel que los ve por todos los medios posibles…. Es algo agotador para ser sincero –comenta dando una explicación a lo sucedido anteriormente- Quizá sería interesante estar en algún templo, nunca he visto uno con mis propios ojos así que no sé que tal sea el ambiente en un lugar al que se le denomina como “puro” por el simple hecho de ser un templo… –sus orejas se mueven vagamente ante pequeños murmullos de aquellos seres que ya no estaban en este mundo- Sin embargo aunque quisiera, no soy capaz de ello, estoy atado al mercado, no puedo escoger a donde viviré sino que debo esperar a que alguien me tome como “esclavo” y atenerme únicamente a ese amo, a donde sea que vaya a vivir… –recuerda en ese momento que tarde o temprano debe volver al mercado antes de que se percaten y le den un buen escarmiento por haber “escapado” aunque originalmente esa no fue intención del zorro, solo se vio obligado a huir, pero si daba aquella explicación sobre el espíritu solamente le tratarían como un demente, después de todo ya pensaban que lo era así que sería en vano totalmente comentar lo ocurrido. Si se enteraban, el muchacho simplemente aceptaría las consecuencias sin remedio alguno, después de todo, no tenía nada en su defensa que les hiciera creerle, ellos no podían ver lo que él si, no podían escuchar, y si los sentían era como una helada brisa que les ponía la piel de gallina o veían objetos caer, simplemente de esa manera podían captar la presencia de espíritus pero generalmente ignoraban cuando sucedían esos hechos, que era culpa meramente de seres no vivientes.

Cierra sus ojos unos momentos, la brisa del exterior se cola dentro de la cueva y consigue darle un poco en el rostro, se sentía bien aquello, era una sensación agradable para el zorro que solamente pasó poco tiempo de su vida al aire libre y el resto en una celda del mercado. Volvió a abrir sus ojos y se sentó sobre sus cuartos traseros, miró a aquel hombre con tranquilidad, ya no había tanta oscuridad dentro de la cueva debido a que la luz se colaba vagamente del exterior de la cueva hacia el interior por medio de la entrada al lugar, era evidente que ya había amanecido, y con ello, probablemente pronto se percatarían en el mercado de la ausencia del zorro. Si fuese por el muchacho, se marcharía enseguida pero, con aquella forma sería imposible pasar desapercibido, además de que no pensaba dejar solo a aquel que le curó las heridas anteriormente, lo consideraba descortés en muchas formas.
Olfateó un poco el aire, aun tenía intriga, hasta ahora que caía en cuenta, ese hombre no era un ser de esos que él pensó en un inicio pero aquel aroma le era desconocido, había conocido el aroma de muchas especies en el mercado luego de largos años sin embargo la esencia de ese hombre le era intrigante y desconocida.
Resopló un poco y volvió a echarse sobre el suelo, pues se sentía aun algo débil como para siquiera estar sentado sobre sus cuartos traseros. Movía de nuevo las orejas percibiendo no solo el sonido de los espíritus sino de el cantar de aves a la distancia, la suave brisa meciendo los árboles cercanos a la entrada de la cueva e incluso el sonido del caminar de pequeños roedores, después de todo su cabeza estaba apoyada sobre el suelo puro así que le era fácil distinguir los sonidos que sobre este yacían y viajaban hasta el zorro.

Si usted no devora humanos… ¿Qué clase de criatura es?.. no puedo reconocerle con mi olfato, su esencia me es desconocida y me intriga.. –pregunta esperando no molestar a aquel hombre, simplemente fue incapaz de contener la intriga latente en su interior sobre la especie de aquella persona frente a él.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Wataru el Sáb Ene 31, 2015 4:01 am

Puro, esa palabra resalto en sus pensamientos, no había pensando en ella cuando menciono sobre el templo, de hecho tal vez en ni un instante podía concluir en tal significado más allá de algo enfocado en la naturaleza, en su persona sólo podía existir pureza en aquello que era creado por el mundo mismo pero no podía aceptarlo en los hombre, en lo creado por la destrucción de un ser que existía desde los principio pero no era momento de indagar en tales pensamiento, volvió sobre el asunto de templo del cual sólo le pareció lo mejor al tomar en cuenta que allí existían talismanes y en teoría se encontraba los dioses, era conveniente sólo para eso, las oraciones de los monjes eran útiles para ahuyenta a los malos espíritus o al menos eso decían, era los encargados de hacer exorcismo, aunque no se imaginaba que eso fuera de todo cierto pero al menos servían para crear aquella consciencia de que todo estaban bien y no por nada seguían existiendo de forma tan persistente en todos esos años.

Un nuevo punto atraía su interés. Así que era un esclavo sin dueño, no se había preguntado si era un fugitivo o similar por su falta de interés pero la respuesta llego aún si ser solicitada como si el destino mismo hubiera decidido que él debía de tener ese conocimiento, en su persona no estaba el deseo por esos conocimientos de limitaciones ya que en general no convivía con personas así que bien podía ver un fugitivo y dejarle continuar su paso, no era necesario intervenir en problemas problemáticos al menos de que fuera un asunto que causaría un beneficio a su casa.

La esclavitud, un sistema que se había creado para controlar aquellos seres que demostraba tener poderes superiores a las del humano, aunque era claro que ellos no ganarían aquella lucha de forma fácil, era por ellos que se hicieron pactos, habían sido listos en realidad, una buena forma de tener aliados con mismo poderes que aquellos que esclavizarían y así mantener la dominación sobre aquel mundo, sólo era una forma de aplicar que todo en el mundo era útil y se jugaba en el papel de ser utilizado o utilizar, no había mayor diferencia era por ello que así también hicieron de esclavos aquellos de su misma especie que se revelaban contra hacer ese sistema.

-Sátiro.-, Le respondió. -Es así como denominan a mi raza aunque no es una muy común es por ello que aún es desconocida para varios.-, En un sentido se podía pensar que ellos casi estaban extintos, aunque, sólo podía ser porque en principio no nacieron en aquellas tierras, recordando las memorias de los papiros, los primeros que se dejaron ver de aquella raza venia de tierras lejanas más allá de los mares, bien, no era tampoco que podía creer todo lo que dejaron los demás plasmado en aquellos rollos pero era la única explicación que existía, él mismo se desconocía por completo, era una terrible evolución aunque en cierta forma a veces llegaba a pensar que hubiera estado mejor siendo alguna otra raza.

El tiempo continuaba avanzando, el trinar de las aves ya no era tan intenso como con el primer fulgor de sol que apareció, no podía continuar estando allí era seguro que ya estarían dándose cuenta de que no estaba en su habitación, un escándalo, no era que se preocuparan por él, estaba seguro que eso seria imposible era más bien que no deseaban escándalos, miro hacia la salida de la cueva. -¿Deseas venir conmigo?-, Cuestiono sin ni un sentimiento de fondo, no encontraba ni un asunto útil para ese zorro más que escucharlo hablar de aquellos espíritus pero tal vez su sirviente estaría feliz de tener más compañía, además de que no podía dejarlo allí, ya escuchaba pasos por las primera muralla del bosque así que no tardarían en alguien cruzarse por allí para estar temeroso y con deseo de destruir.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Invitado el Jue Feb 05, 2015 9:28 am

Las voces de los espíritus llegaban a sus oídos, los cuales ahora eran aun más sencillos debido a que estaba en su forma original, y sumándole a ello su gran tamaño, cada pequeño sonido era muy sencillo de captar por aquellas orejas de gran tamaño que tenía sobre su cabeza. Los murmullos que daban los espíritus eran burdos, platicaban sobre cosas que, debido a que no estaba llevando el hilo de las conversaciones desde el inicio, le parecieron algo tontas o extrañas. Era en momentos así, cuando habían muchos espíritus, que no disfrutaba tener aquel poder, debido a que no era agradable escuchar muchas voces alrededor la mayor parte del tiempo, no le agradaban demasiado los lugares que estuviesen plagados de espíritus, además de que, en esos mismos lugares, hasta cierto punto se podía ocultar algún espíritu vengativo que lucharía con el zorro para arrebatarle su cuerpo, por lo menos en aquel momento solo se trataba de pequeños espíritus, inofensivos, que se reunían para platicar.
Cerró sus ojos tratando de perderle interés a aquello, y por suerte, el hombre frente a pel habló, así consiguió prestarle más atención a este, enfocando sus grandes orbes en el mismo con intriga, pues estaba respondiendo a su pregunta anterior, aunque igualmente, quedó con intriga. ¿Sátiro?, aquella raza la desconocía, siquiera había conseguido escuchar de la misma, y dado a que el contrario no le brindó mucha información, solo pudo deducir que era porque el mismo no conocía mucho de su especie, y así lo dejaron ver sus palabras.
Movió sus orejas levemente y pareció sonreírle al contrario aunque era difícil de percibir debido a que sus facciones ahora eran las de un zorro, lo único que podría decir expresaba su sentir levemente era su mirada de color miel que seguía manteniendo aquella expresividad sencilla de leer.

Nunca antes había escuchado de esa raza.. es la primera vez –admite con tranquilidad moviendo por inercia la cola tan solo un poco- Suena interesante la existencia de su raza… quizá… “ellos” sepan más de la misma –piensa de repente en voz alta, si aquel hombre no sabía sobre su raza, quizá alguien del mundo de los espíritus si podía conocer aunque fuere un pequeño detalle de aquella raza.
Su comentario captó la atención de los espíritus, los cuales comenzaron a hablar, sin embargo ninguno conocía mucho detalle sobre los sátiros, eran simples espíritus que habitaban la cueva y no solían salir de la misma, preferían resguardarse dentro de esta, aunque, si le dieron un dato al kitsune, podría preguntar a aquellos espíritus que habitaban las costas o aquellos que vivían en las profundidades del bosque, en esos sitios se encontraban los espíritus más antiguos, y los que, probablemente podrían conocer algo respecto a aquella raza que tanta intriga le había causado. El muchacho era un ser amable, razón por la cual, de todo corazón y hasta donde le fuere posible, quería ayudar a aquel hombre, después de todo le debía una por haberlo sanado anteriormente, y, aunque tuviese que regresar al mercado, le diría a algún espíritu que preguntara por ahí y le dijese lo que le comentaban, después de todo en el mercado habían muy buenos espíritus que conocía desde hacía algún tiempo, aunque sabía que, tristemente, estos no tardarían en marcharse, el tiempo de algunos espíritus era relativamente corto luego de que su vida se extingue, así que el muchacho había pasado ya por muchas despedidas tras conocer a muy buenos espíritus.

LA idea de habitar en un templo no le desagradaba, aunque si lo pensaba bien no sabía que pensar respecto a ello, no sabía que encontraría ahí o siquiera si él podría pisar aquel suelo que se supone y había escuchado era tan puro y sagrado, después de todo, parte de su ser estaba hecho con magia negra, así es como podía tener aquella forma humana o semi-humana, aunque, si vivir en un templo le sacaba del mercado, le resultaría encantador de alguna forma, conocer todos esos lugares de los cuales los espíritus le habían comentado, verlos con sus propios ojos pues él está en el mercado desde cachorro.
Se sorprendió ante la sugerencia de aquel hombre y no pudo evitar no alzar el rostro, mirándolo, con las orejas en dirección a aquel hombre evidenciando su sorpresa por completo. Parpadeó sin saber que decir por unos momentos.

¿Ir… con usted? –pregunta sin poder creer lo que escuchaba, no quería ser una carga o una molestia para nadie, sin embargo, tampoco quería pasar toda su vida encerrado en el mercado, se podría decir que sus orbes se pusieron un poco lloroso ante la idea de poder ser libre- Pues.. yo… si… me… me gustaría.. –admite y hace una reverencia por respeto- A cambio prometo serle de utilidad y no ser una carga para usted… –dice el muchacho decidido, su cola se movía con levedad pero energía, se podría apreciar el gozo que sentía ante la idea de poder ser libre, conocer otros lugares y dejar aquella celda en la cual estuvo más de la mitad de su vida hasta la actualidad.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

Mensaje por Wataru el Vie Feb 06, 2015 12:26 am

¿Ellos?, Se cuestiono por un débil segundo hasta comprender, lo notaba con mas persistencia en ese momento, el tener de compañía alguien que hablaba con seres que no podía ver ni escuchar era desconcertarte, no lo concluía como molesto porque era un sentimiento fresco, el ambiente era diferente al no tener convivencia con nada que se saliera de lo estándares más que su propia persona aunque mayormente vivía controlado, le gustaba tener siempre su existencia en el margen aceptable no por deseo de encargar dentro del mundo, era por propio orgullo, un deseo de no aceptar que fue derrotado por su propio desenfreno.

“Si”, Confirmo con una simple palabra, veía su rostro, en la existencia de aquella forma de zorro sólo podía guiarse por la mirada y los movimientos de los apéndices, paso la mirada hacia la cola notando su movimiento se veía un agitar lento, sus ojos se distrajeron en el meditar de cuando pelaje poseía para dar aquel movimiento esponjoso, un banal pensamiento pero en verdad se lo cuestiono como un asunto importante posiblemente porque no había visto antes una criatura de ese tamaño en aquel tono blanco que destacaba una pureza como la nieve, volvió la mirada hacia las orejas antes de notar la mirada mas cristalina y profunda.

-Lo hablaremos con más calma en el debido momento.-, Expreso al oír que seria dedicado, ¿Había hecho algo realmente importante?, Se cuestiono el ver aquella alegría fundirse en agradecimiento hacia su persona, no comprendía la intensidad de sus acciones porque él no había experimentado lo del zorro y tampoco conocía el pasado que lo llevo estar en el mercado pero un día hablaría sobre ello si el otro deseaba compartir, la curiosidad seria el marco para conocer aquella historia pero el momento no era ese. Camino hacía la salida para dejar atrás la cueva, los rayos de sol bañaron su persona, el roció calido sobre él fue bastante agradable, cada caricia daba un alivio a su cuerpo adormecido por el descanso incompleto pero se restauro sin problema.

Volvió la vista al zorro. -Te acompañare hasta el mercado para que no tengas contratiempo por tu salida.-, Era momento de seguir el camino, él debía de hacerlo hacia el palacio para detener la agitación que se alzaba en ese espacio donde era su lugar de descanso. -Luego continuare mi camino para hacer las preparaciones para la compra.-, Le informo arreglando sus pensamientos para poder alistar sus deberes, lo primero seria encargarse de aquellos pendientes que tenia en el palacio luego ir al mercado para hacer la compra oficial y estaba seguro que no encontraría contratiempos, el dinero no era problema sería como un pequeño pellizco así que no importaba si había cierto detalles que quisieran ocultar con el costo porque cualquier cantidad la cubriría. -Sólo deberás soporta un par de horas más.-

Era una sorpresa ver la diferencia de personalidad para cada persona, el trato hacia las demás razas y hacia aquella sangre que venia de la naturaleza, el zorro era hijo de la madre tierra aunque tuviera una clase de poder en él seguía siendo mucho más puros que cualquier otra casta que hubiera conocido así que no tenía intensión de brindarle una tortura además parecía que también su lado sátiro estaba acuerdo y sería imposible que no cuando el fue quien lo encontró.
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Re: La maldición de los espíritus (Wataru)

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