¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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Este atardecer no se repetirá [Privado]

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Este atardecer no se repetirá [Privado]

Mensaje por Kokomi el Vie Nov 07, 2014 7:24 am

Hoy llegamos a la tierra. Es un lugar bonito. Es raro. El mundo es raro. La gente viste de manera excéntrica y el sol pareciera tomar otro color aquí. Se ve naranja. O quizás rojo. Es extraño.

-Koto-chan ¿A dónde vamos?- pregunté a mi hermana. Éramos, no, somos gemelas. Aunque Kotone siempre dice que nació unos minutos antes que yo, así que ella es la mayor. Pero por unos minutos podría haber sido yo la mayor. Conste.

Hay mucha gente por donde estamos. Nos miran raro, como si fuéramos bichos feos. No creo que seamos feas, pero siento que no encajamos en éste lugar. Las mujeres usan moños altos y peinados extraños, los vestidos son bien apretados al cuerpo. Los hombres, usan faldas anchas y con pliegues ¡de verdad que la gente no sabe cómo vestirse aquí!

Me duele un poco la cabeza. No se lo diré a Koto porque se preocuparía, pero desde que llegamos, el aire se siente diferente, como si estuviera hecho de algo diferente a todo lo que hay en el cielo. Quizás, quizás. Las estrellas no se ven desde aquí abajo pero el sol sí. Curioso detalle.

El mundo es asombroso.

-Lindas jovencitas ¿necesitan ayuda?- nos preguntó un hombre alto con un parche al ojo y un sombrero hecho con trazos de sol. Me gustaría uno tan bonito como ese. Mi cabello iría bien con algo como eso. Su ropa también era extraña, como la de toda ésa gente que rondaba por aquí. Sus faldas anchas y plisadas, las camisas grandes, como si les fueran de tallas muy grandes. Las mangas eran largas y anchas, bien anchas. Parecía como si usaran ropa usada, como cuando tu mamá te da algo que te queda grande pero te hace usarlo de todas formas porque ya crecerás y te irá bien.

Lo miré con desconfianza y retrocedí. Quedándome mucho más cerca de Koto. Era curiosa pero aquellas dos personas se veían con actitud sospechosa.

-S-sí- respondí temerosa por ello, pensando que podrían ayudarnos a conseguir la cura para nuestro primo. Habíamos llegado aquí por eso. Ellos debían conocerlos ¡y nos esperaban! Me sonreí pensando en ello. Podríamos encontrar la cura a todo y volver más rápido a casa de ésta forma. Sólo teníamos que confiar en aquellas personas. Miré a Koto-chan esperando su reacción -¿Koto-chan? ¿Crees que sean ellos los que buscamos?- pregunté. No sabíamos mucho de la solución pero sabíamos que había una y los hombres de gorros dorados podrían ayudarnos.

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Los dos hombres que se le acercan, son cazadores de esclavos que viéndolas perdidas y bonitas, quieren llevarselas al mercado y venderlas.
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Re: Este atardecer no se repetirá [Privado]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 15, 2014 5:40 am

La Tierra. Un lugar tan bello al cual siempre quise viajar, siempre lo admiraba desde las alturas y finalmente se dio el privilegio de tocar lo que veía desde las alturas. Nunca creí que este momento llegaría, al menos no tan pronto, pero no estábamos aquí para jugar o para admirar todo lo que nos rodeaba, había algo más allá de lo que alguien podía creer. La verdadera razón por la que mi hermana menor y yo nos encontrábamos ahí; frente a un templo. Llegamos para rescatar a nuestro primo, encontrar la cura que lo libraría de toda esa tortura, pero no teníamos ni la más remota idea de lo que podíamos hacer una vez estando ahí y cómo lo haríamos, sin embargo, no nos íbamos a rendir, un ser importante para nosotras estaba en juego y no podíamos simplemente ignorarlo.

La caída no fue bastante agradable, de hecho me lastimé un poco el costado de la cabeza y parte de mi oreja, hasta creía estar sangrando, pero no tenía el valor de averiguarlo, además, mi hermana no debía alterarse si me encontraba en un estado así. Sangrar, nunca lo había pensando, ¿realmente eramos capaces de hacerlo?, esperaba que no fuese ese día en el que me diese cuenta que podíamos hacerlo, menos teniendo en presencia a Kokomi.

La preguntaba de mi hermana gemela me hizo volver en sí, recordar que no sabía dónde me encontraba exactamente, lo único que podía saber; era lo que mis ojos veían ese momento. Personas vistiendo de forma peculiar, peinados raros y todo era raro, incluso las viviendas lo eran, lo que parecía ser mercados, todo era nuevo y se veía tan cercano, todo a su alcance. El sol tan cálido a comparación de la noche que adornábamos, era una experiencia nueva. — No sé exactamente a dónde deberíamos ir. —confesé, no tenía que mentirle, aunque darme una idea hubiese sido más fácil que decirle que no sabía, no me gustaba decir que no comprendía una cosa o no tenía idea sobre algo, siempre quería sacar mis teorías y confirmarlas o rechazarlas. — Pero, estamos frente a una casa. —dije dando media vuelta y admirando la construcción que estaba frente a nosotras, pero...¿por qué las personas iban a murmurar cosas frente a ésta?, ¿era una casa que cumplía deseos acaso?

Escuchó la voz grave, proveniente de un hombre imponente y le acompañaba otro que tenía un aspecto similar. Le trajo desconfianza a mi hermana por la forma en la que se acercó a mí. Claro, tenía aires poco agradables y tampoco me fiaba de esa persona, era sospechoso de una u otra forma, pero tenía que estar abierta las posibilidades. — Pues... —fue lo único que logró decir, no tenía el valor de decir algo más o una respuesta tan aprisa. Examinaba a los hombres que nos ofrecían ayuda, su vestimenta era extraña como el resto, quizá un poco más, pero no es algo que fuese tan sorprendente para mí, entonces observé los que llevaba en un costado, eran objetos punzantes. Obviamente no era de fiar algo así, menos ahora, mostraban sonrisas sospechosas y asustaban. — No, no son ellos. —le respondí a mi hermana con total seguridad, no eran las personas indicadas para ayudarnos y menos si se acercaban con doble intención.

Tomé la mano de mi hermana y salí corriendo lejos, entre toda la gente que estaba por los alrededores. Si antes nos miraban como si fuésemos cosas raras, pues ahora lo hacían más. Los hombres nos seguían y no parecía que fuesen a detenerse, incluso creí que nos alcanzarían, pero les ponía obstáculos para tomar tiempo y buscar una forma de escapar, pero no encontraba algo que fuese de ayuda. Me adentré junto a Kokomi en un callejón. Los vi pasar de largo, no nos habían visto por suerte.

No eran personas confiables. —le dije lo que era obvio. Era peligroso mantenerse en un lugar así, por ello seguí avanzando sin soltar la mano de mi gemela. Cruzamos todo el callejón y curiosamente regresamos al mismo lugar. El templo de antes se encontraba a unos cuantos pasos. Estábamos perdidas, es como si hubiésemos corrido en círculos y así fue. — Es algo frustrante. —confesé. Estaba intentado recuperar el aliento y de vez en cuando miraba a mis costados para verificar que esos hombres no estaban cerca o nos habían encontrado.

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Re: Este atardecer no se repetirá [Privado]

Mensaje por Kokomi el Mar Ene 27, 2015 2:55 am

Las cosas no parecían que fuesen a mejorar estando en la tierra. El mundo era raro. Nada se parecía a lo que era nuestra casa ¿Cómo podríamos encontrar a esa persona si estaba todo lleno de tanta gente extraña? Me causaba mucha curiosidad eso, pero había cosas bonitas, muchas cosas bonitas todavía. Como el sol, eso se veía desde aquí y daba calidez, mucha calidez, lo que resultaba reconfortante en éste caso. Pero, las personas no parecían ser cálidas como la luz del sol.

Koto-chan se dio cuenta de ello. Las personas que se nos acercaron no eran buenos ¿Cómo podríamos encontrarlos? No daban confianza algunas personas ¿por qué sucedía eso? decían que en la tierra había gente buena, entonces, ¿Dónde estaban? Tendríamos que buscar más de la cuenta en éste caso ¿no? ¿Y cómo? Si no sabíamos cómo identificar a unos de otros. Era todo tan extraño…

Sólo sé que corrimos mucho, yo la seguí, sujetando su mano mientras ella tiraba cosas en el camino. Los hombres malos nos seguían, parece que nos querían por alguna razón pero no teníamos qué dejar que nos atrapasen o no podríamos salir a cumplir nuestra misión. Teníamos que ayudar a alguien y si no lo encontrábamos, esa persona iba a seguir sufriendo y mucho. Yo no quería que eso sucediese, por el contrario, quería que estuviera bien, así volveríamos todos a ser felices y a sonreír alegres todos los días. El cielo brillaría más si eso llegaba a suceder. Iba a ser todo más bonito de lo que ya era.

Nos detuvimos en un lugar que estaba bastante oscuro, agitadas. Habíamos corrido mucho y me dolía la cabeza más que antes ahora. Tomé la mano de Koto-chan con un poco más de fuerza mientras nos arrinconábamos contra la pared esperando que no nos vieran. Tuvimos mucha suerte de que pasaran de largo y se alejaran de nosotras. El corazón iba a escaparse de mi pecho si seguíamos de esta manera.

—Se fueron— susurré recuperando un poco el aliento. Miré hacia nuestro alrededor. No sabía dónde estábamos ¿A dónde iríamos? Nunca lo habíamos pensado, pero al emprender viaje, nunca supimos demasiado de lo que nos esperaba en la tierra. Vinimos y ni direcciones preguntamos. Tampoco nos advirtieron de lo rara que era la gente aquí. Tampoco nos dijeron que había gente mala en el mundo. Nosotras, vinimos y ya.

Acomodé mi cabello, el flequillo especialmente que me molestaba un poco después de tanto correr. Miré el sol. Me daba calidez. Era lo bonito que podía recordar que veíamos desde el cielo también.

—¡Qué rico olor!— dije olfateando. Realmente, habíamos llegado a un lugar donde había un agradable aroma a comida, una puerta había abierta al frente de la calle y se veía a la gente comiendo algo —¿vamos para allá?— pregunté a Koto-chan señalando el lugar de donde creía, provenía aquel aroma tan sabroso, realmente, ella debería tener el mismo apetito que yo pues, olía realmente delicioso todo aquello.
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