¡Ebichu dice!
Historia
Una suave y cálida brisa refresca a los viajeros y caminantes que pasan por éste gran Imperio. Los cerezos florecen, apenas está empezando la primavera y ellos danzan ansioso por mostrar su belleza a todo el que quiera observarlos. La civilización se consuma entre las guerras, los emperadores y las muertes de tanta gente inocente y no tanto. Así se caracteriza el comienzo de la era Tokugawa o Edo, donde destará no sólo por las guerras y el nuevo orden, sino por ésta tendencia en aumento de conseguir esclavos en todos lados. Y entre todo esto, muchas personas toman ventaja de la situación y se especializan en el comercio.
En época en que la guerra y la expansión del imperio es inminente, la dictadura y el poco trato con extranjeros o su mismo desagrado hacia todo lo que no es japonés. Pero, siempre se encuentra la ventaja para vender personas o seres con características maravillosas, como cola y orejas. Algunos, poderosos, se resisten, pero, ya se las han ingeniado para atraparlos sin romperse una uña. Otros, es más fácil conseguirlos, por deudas, apuestas y hasta como rehenes de guerra también, entran al mercado sin ningún problema. Y hay mucha gente que compra esclavos o "mascotas" también llamados pets, entre la jerga comercial. Cotizan muy bien en el mercado y todos están deseosos de tener uno o más de uno. Se los puede comprar de manera legal en muchas tiendas que se dedican a venderlos muy caros pero que los tienen más "presentables". Sin embargo, también se los puede comprar de contrabando (a veces, son simplemente secuestrados y vendidos), aunque se dice que los jóvenes que viven aquí, pasan las peores penurias y no llegan "en buen estado" a manos de sus amos.
Únete a ésta historia, donde la magia, la crueldad y quien sabe, quizás el amor, van tomados de la mano.
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¿Y ahora qué hago? [Privado]

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¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Soah el Lun Oct 27, 2014 6:01 am

Y no le quedaba mucho qué hacer. Había escapado de aquella morada sin saber quién era aquel hombre que la trataba como su esclava. Lo había encontrado en la calle y la había llevado hasta ahí, pero Soah no tenía conocimiento alguno de la situación. Había olvidado absolutamente todo y con todo, nos referimos hasta su raza. Sólo quedaba el dejo de un nombre con el que la había llamado aquel hombre de blanca cabellera. No entendía nada. No entendía que había pasado y por mucho que se esforzara en recordar, la cabeza le dolía y las imágenes habían desaparecido para volverse un fuerte y oscuro cuadro negro. No había más que eso en su cabeza exceptuando el día de hoy en el que había tomado conciencia la muchacha.

Andaba en la calle, perdida. No sabía a dónde podía ir. Tampoco tenía idea de qué tenía qué hacer en ése momento. Todo era peligroso y el no saber absolutamente nada la ponía nerviosa. ¿Qué podría hacer? Miraba la gente y abrazaba sin saber qué hacer por las calles, sólo caminaba a la deriva sin pensar. Mejor dicho, pensaba, pensaba mucho pero nada venía a su mente ¿y si tenía familia? ¿Y si tenía amigos esperándola? ¿Y si había alguien más en su vida? Alguien, quién sea que se estaba preocupando por ella.

Por un momento, Soah se sintió sumamente desesperada al no tener conocimiento del mundo por el que rondaba. Nada de nada venía a su mente sólo la sensación que estaba completamente perdida. Comenzó a andar rápido y cuando se dio cuenta, estaba corriendo con rumbo a un sitio que ella no conocía ni tenía pensado llegar. Sus emociones eran las que la dominaban ahora, quizás, porque todo había pasado tan rápido que la joven no tenía idea de qué es lo que estaba sucediendo ni había tenido el tiempo de asimilarlo aun.

Corrió y corrió, algunas lágrimas habían caído de sus ojos al pensar en lo desorientada que se sentía cuando de repente, se detuvo viendo que había quedado en la entrada de un templo. Se detuvo y camino lentamente, arrastrando el largo del abrigo por el suelo, el cual habiendo estado mojado y ahora, con tanta tierra encima, había quedado notoriamente sucio. Sin embargo, eso no llegaba a contar demasiado en momentos así, no, para nada. Alzó el rostro contemplando la magnífica edificación comenzando a subir de a poco los escalones, como si dentro de aquel lugar estuviera la respuesta a una pregunta que nunca formuló. Corrió la puerta de madera y vio el interior del mismo, llegando a ponerse de rodillas frente al altar con tan sólo una piedra que contenía un sahumerio. Sin figuras, sin imágenes, nada, el templo adoraba a los dioses y se le rendían tributo ¿Cuáles? Eso era siempre a conciencia de cada uno, porque cuando oras, le oras a todos y las ofrendas son para el panteón completo.

Soah suspiró serenándose un poco o al menos, haciendo el esfuerzo porque esto llegase a suceder. No le quedaba de otra. Puso sus manos delante de sus piernas, colocando la izquierda sobre la derecha e hizo una reverencia.

-¡O-kami-sama! Necesito su ayuda. De quién sea. Necesito saber qué pasó. Por favor- pidió la muchacha haciendo pausas mientras iba formulando aquellos deseos. No tenía nada que ofrendarles, sólo un adorno de cabello que se quitó como un tributo a los dioses esperando que esto sucediera pronto. Quería enterarse de todo ahora la muchacha, más, no sabía que el mundo de los dioses no regía de aquella manera. Se quedó en aquella postura unos diez minutos y el silencio seguía tan firme como el momento en que ella entró a aquel lugar.

La joven, bufó molesta. No pasaba nada y ella quería al menos una señal que le dijera que algo iba a ocurrir para ayudarla. Más, el momento no llegó. Molesta con las deidades del panteón, tomó el porta sahumerio y lo arrojó fuera del templo, sin pensar en las consecuencias, notando luego que le había dado a alguien en la cabeza con aquel objeto. La joven se apenó de que su mal humor y desconcierto la llevase hasta aquellos límites. Salió a toda prisa de aquel lugar y se acercó al muchacho de cabellera negra con una mirada de arrepentimiento en sus ojos.

-Lo siento. Apenas miré qué hacía ¿se lastimó? – preguntó la joven preocupada por lo que acababa de hacer. Poco sabía de sí pero era seguro que su personalidad bondadosa aún seguía en ella como si nada –lo siento- repitió una vez más –apenas si me fijé si había alguien fuera, sólo reaccioné mal- e hizo un reverencia hacia aquel muchacho esperando que no se molestará por aquel pequeño percance sufrido anteriormente.




   

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Invitado el Lun Oct 27, 2014 11:05 pm

Los seres de ese mundo eran demasiado simples, pero a la vez tan complejos. ¿Como era posible que de pronto alguien le invitará a salir? O mejor dicho, alguien deseaba ser pareja de Ayumu. ¿Realmente existía un ser tan demente como para querer salir con el? Debía de estar desesperada, sumamente desesperada como para pedir algo así a un completo extraño. No, no era así. Llevaba tiempo observándolo según había informado y entonces quería decir que lo aceptaba con todo y sus arranques de demencia repentinos que aveces solía tener. ¿Era enserio? ¿Realmente era enserio? Aquello no fue capaz mas que de soltar una carcajada al pelinegro cuando se lo estaban diciendo. Una vez que se calmó, habló - Que admirable de tu parte, me encantaría hacerte mía - aquello pareció ser un rayo de luz de esperanza para la desconocida, pero entonces todo su mundo se fue abajo con la siguiente frase que salieron de la persona que ella decía amar. - Pero, lo siento, no eres mi tipo. Nos vemos - le guiño el ojo y paso de largo de ella. Solo escuchó a la distancia un lloriqueo y después el sonido de alguien que corría sumergida en la desesperación.

Realmente, las personas con las que compartía aquel mundo estaban siempre llenas de sorpresas, pero a la vez eran tan fáciles de leer como un libro abierto. Ahora, se había quedado un pensamiento en su mente. ¿Pareja? Si tuviera algo así podría disponer de ella como quisiera, pero entonces, ¿que diferencia tendría respecto al resto de las personas? Siempre las utiliza como quiere a su favor y lo termina divirtiendo de una u otra manera. Ah, claro. La diferencia sería en que la "pareja" siendo engañada por el supuesto "amor" obedecería fiel y ciegamente cualquiera de sus ordenes. Si, si. De hecho empezaba a sonar interesante aquella idea, pero una simple humana no le sería beneficioso para ello, necesitaba algo de un poco mas valor o utilidad.

Así que, mientras paseaba por la calle pasando hábilmente su daga entre sus dedos, pudo notar de pronto como alguien de "mas valor" justo como iba pensando se acercaba corriendo a el y pasaba frente a el. Durante el escaso segundo que la tuvo enfrente suyo fue como si magia de tiempo que alentaba las cosas hubiera sido utilizada. Una chica que ya conocía de antes pasaba justo frente a el sin siquiera percatarse de su presencia, lo que era mas, ¿iba llorando? Luego se alejo de la misma forma en que se acercó. Su mente comenzó a hacer un rápido análisis en su memoria para poder recordar de donde la conocía y entonces recordó que la había visto algunas veces en el mercado negro cuando aún trabajaba ahí. Soah, si mal no recordaba.

Sonrió y se dispuso a seguirla, con su habilidad para acosar personas no tuvo problemas en poder seguir su rastro tranquilamente. Fue conducido hasta el templo de la ciudad, así que comenzó a debatir en su interior si había llegado ahí a propósito o simplemente iba corriendo al azar. Aun que era un detalle poco importante. Comenzó a caminar en dirección al interior del templo cuando de pronto algo que no esperaba salió volando de este. ¿Que era eso? Era algo que lo iba a golpear seguro y así fue. Solo se escuchó el golpe entre el objeto y la cabeza de Ayumu que se hizo hacía atrás a causa del repentino suceso.

Colocó su cabeza de nuevo en su estado natural sonriendo despreocupado mientras la miraba - No te preocupes, eh recibido golpes mas fuertes que este - le respondió luego de que ella terminará de disculparse. Había dicho eso, pero aun así, se le había hecho una notoria marca roja justo en la zona del golpe. Se fijo en ella con mas cuidado, definitivamente era Soah. Era fácil recordarla pues tenían pocos unicornios y muchos la deseaban por ello, pero frecuentemente no tenían la suma de dinero necesaria. ¿Algo tan valioso, serviría?

Volteó a ver lo que le había golpeado, era un sahumerio. Se acercó a este para levantarlo y después volvió con la chica - ¿Los dioses no han contestado a tus peticiones, Soah? - le preguntó con algo de curiosidad portándose amable hacía ella.

Entró en el templo para volver a colocar el sahumerio en su lugar sin haber esperado la respuesta de la chica. Volvió a encenderlo y aplaudió un par de veces pidiendo perdón por la ofensa de la chica tras haber ofrecido algunas monedas. Sería malo si quien gobernase aquel templo se enojará con ella, ¿no? Aun que sería divertido, pero no era lo que buscaba. - ¿Por que tanta desesperación de andar arrojando los objetos sagrados de los dioses? - le pregunto una vez que termino lo que hacía y se volteaba a verla.

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Soah el Vie Nov 07, 2014 3:01 am

Y aquella forma de actuar, silenciosa y casi, incauta de los dioses no le gustaba nada a la joven. Su mundo había perdido sentido al despertar ésa mañana y no sabía cómo podía encontrarle un sentido. Se negaba a aceptar muchas cosas, como el simple hecho de que era una esclava. No, no, no. Se imaginaba mucho más de su vida y estar recluida a servir a un simple amo la había dejado en shock por lo cual, la muchacha no sabía cómo debía actuar y qué hacer para saber más de ella. Seguramente, alguien la conocería y le diría más cosas sobre su vida. Seguramente, algún amigo tendría, familia o algo ¡un perro aunque sea! Pero parecía que el destino, caprichoso como era, no le permitía acercarse a conocerse a sí misma. Su mente era una gran nebulosa que nada le decía ¿por qué? Lo desconocía también.

Sólo tenía algo seguro: necesitaba razones, respuestas y alguien tenía que dárselas.

Por un momento, pensó que aquel encuentro con el muchacho había sido pura coincidencia, sin embargo, entre las insistentes disculpas de la muchacha, hubo algo que le llamó la atención: sabía su nombre.

Aquello hizo que abriera más los ojos ante su expresión de sorpresa e impulsiva como era, no tuvo mejor idea que tomar del brazo al muchacho, casi en un gesto suplicante al escuchar por segunda vez que la llamaban de ésa manera. Entonces ¿era su nombre, no? Al menos, lo conservaría por un tiempo hasta que supiera más de ella.

-¿Me conoces?- su voz estaba llena de un anhelo casi suplicante, un deseo que no llegaba a concretarse por completo pero que estaba presente en ella ¿Podría ser de ayuda? Anisaba escuchar una respuesta afirmativa -¿Sabes quién soy? ¿Sabes qué soy?- preguntó la joven sin darse tiempo a respirar prácticamente, ansiosa, preocupada, simplemente, perdida.

Más, pronto se dio cuenta de su actitud y por alguna razón, sintió que estaba mal aquello, soltándolo de golpe y retrocediendo un par de pasos. Se sentía mal en aquel momento y aunque lo estaba, una sonrisa casi por cortesía, surcó su rostro. Suspiró buscando algo de serenidad en su ser. Algo debía quedar en ella, más, todo cambiaba cuando recordaba que no recordaba nada. No había ni una pista en lo más recóndito de su mente, haciéndola sentirse peor y actuar de maneras que ella no se hubiese imaginado nunca.

-Lo siento, lo siento- volvió a decir haciendo una reverencia de disculpas ante el joven que acababa de conocer y seguramente, de incomodar, retorcediendo sobre sus pasos, sin darse cuenta de que iba a terminar en el templo de nuevo. Confusa como estaba la joven, poco le importaban esas cosas, sólo quería escapar del mal momento pues, sentía que en cierta forma, estaba mal actuar de aquella manera y el sentirse perdida no justificaba su actitud en lo absoluto–haga como que nada pasó y solucionamos todo. Pase un bonito día- dijo la joven con una sonrisa un poco más alegre que la anterior.

Esperaba dejar todo aquello en el pasado. Odiaba sentir que dependía de los demás, más ahora, estaba en una situación en la que ella sabía, necesitaba que alguien confirmase cosas de ella, más, bien, le contase absolutamente todo de ella, pues, nada había quedado en su mente más que desesperación.


   

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 08, 2014 3:44 am

De pronto fue tomado del brazo sin previo aviso y no pudo evitar hacer una expresión que demostraba confusión. ¿Por que de pronto Soah estaba tan desesperada jalando de su brazo? No era lo que esperaría de ella, pues según lo que sabía no era una persona que soliera hacer eso con extraños. Aquella situación no le parecía lógica ni razonable. No era capaz de entender que era lo que estaba sucediendo, pero la solución era bastante simple, todo lo que tenía que hacer era entender. Solo bastó con las primeras palabras que salieron de los labios de la chica para entender todo lo que estaba sucediendo. Las siguientes palabras solo fueron una confirmación.

Aquello iba a facilitar todos sus planes, era una situación de la cual podría aprovecharse fácilmente y por supuesto que se iba a aprovechar. Cuando ella se inclinó y dejo de verle fue incapaz de esconder una sonrisa bastante siniestra que salio de sus labios mostrando toda la maldad que estaba en su interior. Iba a hacer a la tan codiciada unicornio suya y lo iba a hacer tan fácilmente como romper el corazón de la dama anterior. Definitivamente se iba a divertir con aquello.

Actúo como si estuviera desconcertado por las repentinas palabras de Soah cuando preguntaba por su propia identidad, como si fuese lo mas extraño del mundo, que de hecho así era. Cualquier mortal que desconociera la capacidad del borrado de memoria actuaría como si ella fuese un bicho extraño. Pero eso no era lo que ella necesitaba. Necesitaba alguien que la apoyara y la ayudara en su momento difícil. Bueno, eso era algo bastante simple. El sería su apoyo para ella y ella sería su trofeo de recompensa. Oh, la vida era tan hermosa realmente.

Posó su mano sobre el hombro de Soah y le miro a los ojos sonriendo amablemente. Y luego le acarició el cabello tratando de tranquilizarla. - Descuida, no pasa nada. Solo no deberías hablarme como a un extraño - luego se señalo a si mismo haciendo una pequeña reverencia para presentarse nuevamente, en realidad era la primera vez que se presentaba a ella - Me llamo Ayumu, Ayumu Shiroku - levanto su rostro para voltear a verla y sonreír a la chica. - Al parecer estas confundida, acompáñame - caminó un poco mas hacía el interior del templo. Aun que no fuera quien residía ahí lo conocía bastante bien y sabía que por lo menos unas horas los dueños de aquel lugar no aparecerían. Igual si lo hiciesen, podría encargarse de ellos fácilmente, aun que claro no agradaría a Soah si los matase, así que debía optar por alternativas mas pacíficas que funcionen a su favor.

Le invitó a sentarse a la mesa que se encontraba en el cuarto, una mesa clásica japonesa que era de poca estatura. En lugar de sillas había cojines a los lados de ella para sentarse sobre ellos. Luego entró a la cocina y comenzó a preparar un té y mientras lo hacía repasaba su plan. Solo le daría las respuestas que quería, le mostraría un poco de confianza y después la haría suya así simplemente. Era un plan tan simple y tan perfecto que se reía por dentro de tan solo pensar que en poco tiempo tendría uno de los seres mas codiciados para el. Terminó el té y regresó con Soah.

- Primero que nada debes tranquilizarte, yo estoy aquí y puedo ayudarte en lo que sea que necesites - dijo a la vez que se sentaba dejando la charola con ambos vasos con té sobre la mesa. Tomó el de Soah y lo acercó a ella tomando después el suyo y le dio un sorbo a este antes de dejarlo en la mesa. Luego se puso pensativo. - Bien, comenzando con tus preguntas anteriores. Tu nombre es Soah, eres una unicornio y por supuesto que te conozco. Desde hace mucho que te cuido - entonces mostró un rostro de preocupación y la miro con obvia curiosidad. - ¿Que te ha pasado? ¿Perdiste la memoria o algo? - dio otro sorbo a su té. Realmente tenía ganas de saber como es que había ocurrido el milagro que la había dejado a su disposición.

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Soah el Miér Nov 19, 2014 2:33 am

Definitivamente, el mundo era demasiado pequeño. Logrando escapar de aquel que se hacía llamar su amo, la muchacha tuvo la oportunidad de encontrarse con otro conocido. Sinceramente, si lo hubiese buscado ella misma, no hubiese tenido tanta suerte como ahora la tenía. Más el desconcierto y su anhelo de saber algo más de ella misma la ponían en una situación en la que fácilmente aceptaría ayuda de cualquier persona, buena o mala, no importaba si podía hacerla sentir un poco más segura consigo misma, el dilema y las miles de preguntas que se pasaban por su cabeza.

Lo miró con anhelo un momento. Con aquel anhelo de aquel que viaja días y días en el desierto y al fin, encuentra un poco de agua para saciar su sed. Soah se sentía así en ése momento y aunque lo intentase, y lo mirase con detenimiento, memorizando cada rasgo, incluso, hasta cada movimiento de su flequillo dispar, nada venía a su mente ¿Cómo podía pasarle algo así? Él decía conocerla y ella, no tenía si quiera la cortesía de recordarle. Era algo que le hacía hervir la sangre pues, ciertamente, se sentía molesta consigo misma después de pensar en cuántas personas estarían en la misma condición de él.

—Shiroku-san— repitió el nombre de aquel muchacho cuando se presentó ante ella. Probablemente lo había hecho hace mucho tiempo, pero el hecho de no recordar hacia que agradeciera aquel gesto que tenía con ella al hacerle saber cuál era su nombre. Una leve sonrisa se formó sobre sus labios y asintió con la cabeza antes de seguir al muchacho al interior del templo.

Si estaba bien, si estaba mal aquello, no lo sabía, en éste momento, su afán de hacer algo egoísta como saber de sí misma, la cohibían de todas las reglas de etiqueta y todos los buenos modos que sabía. Por alguna razón, recordaba cosas tan banales como esas. Como debía sentarse, a qué altura era la reverencia que debían hacer las mujeres, hasta, recordaba exactamente como preparar la ceremonia del té. Pero no había nadie en esos recuerdos. Ni una sola persona. Era conocimiento que estaba ahí pero que nadie había dejado en la muchacha ¿Por qué? Ni ella misma sabía decir por qué su memoria había sido tan selectiva al dejar algo así y no, a una persona si quiera en su memoria.

Se sentó en unos mullidos almohadones frente a una mesita. Se quedó mirando la madera durante un largo rato. No iba a negar que estaba ansiosa, el mismo jugueteó que hacía con sus dedos lo demostraba. Mordía su labio inferior esperando que Shiroku-san volviese con ella, tenía demasiadas preguntas que hacerle. Tantas que apenas miró el té, sólo, agradeció el gesto que tuvo para con ella. Más, antes de que ella se acelerase a llenarlo de preguntas, él le contó algunas cosas que desconocía.

—Un unicornio— susurró por lo bajo sin saber todo lo que ello conllevaba —¿Tú me cuidabas?— dijo con sorpresa, algo de emoción y desconcierto. En muy poco tiempo (hablando desde hacía unas horas que se había despertado) le habían ocurrido muchísimas cosas, más de las que ella misma se imaginaba que le podían pasar. En ése momento, supo lo importante que eran los pequeños detalles y cuánto los pasaba uno por alto con el correr de los días. Meditó un momento sobre un incidente ocurrido en la mañana, justo cuando andaba en la ciudad ¿él sabría quién era? Porque aquel otro hombre que había encontrado apenas llegaba al mundo en el que tendría que vivir de ahora en más, decía conocerla —Shiroku-san— dudó si contarlo o no. Aun no asimilaba muchas cosas, ni si quiera su raza que le había caído de golpe y sopetón. Hasta donde ella sabía, era humana ¿y cómo es que mantenía ésa forma? Tenía muchas cosas que resolver ahora, parecía que cuánto más sabía, más dudas llegaban a sí misma —cuando llegué, me crucé con un hombre alto, de tez morena y cabellera blanca. Me dijo que yo era su esclava— y casi se guardó aquellas palabras, pero no, tenía que confirmar aquella duda —¿qué tanto de cierto tiene eso? ¿Soy una esclava?- al fin, se animó a decirlo con todas las letras. Se sentía preocupada en ése aspecto. Si él la cuidaba ¿por qué habría permitido que alguien la esclavizara? No, no, no. No tenía lógica nada de ello —¿por qué me veo como humana?— inquirió luego, casi sin esperar respuesta —si soy un unicornio, debería verme como uno y no debería tener el cabello negro— y tomando unas hebras de su cabello, se quedó mirándose unos momentos, pensativa. Definitivamente, era demasiado para ella —sólo sé que no sé nada— aseguró al finalizar de hablar, respondiendo a su pregunta de manera un tanto indirecta. Es que tampoco podría decirle mucho sobre el asunto porque ni ella misma sabía qué le había pasado.


   

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 21, 2014 5:32 am

Ninguna presa era mas sencilla de cazar, manipular y tener bajo control que aquella que se encontraba sumergida en desesperación. De hecho, ese era una de las emociones favoritas de la gente para Ayumu. Era impresionante la cantidad de cosas que una sola persona podía hacer cuando se encontraba sumergida en la desesperación y disfrutar de ese tipo de cosas era lo que mejor hacía. Por supuesto, le encantaba el mismo personalmente infundir esa desesperación en las personas, pero de igual forma estaba bastante satisfecho con la reacción de Soah en ese momento.

¿Que debería hacer? ¿Como debería jugar aquella parte? Había muchas maneras de desenvolverse en ese ámbito y además todas y cada una de ellas eran bastante divertidas. Por supuesto, solo podía considerar aquellas que cumplieran con su objetivo final por el cual estaba tratando de conseguir la confianza de la chica. Establecer una relación con ella que la volviera suya. Pero, había un problema. Era cierto, ella era una esclava, ¿aquel sujeto que la había tenido antes que el llegaría a entrometerse? Poco importaba. Una mente que no recuerda nada es una página en blanco, podía escribir lo que quisiera sobre ella y eso sería como la verdad absoluta. Poco importa su pasado, si no es que nada.

Su rostro se colocó con un semblante un poco triste y nostálgico y después volteó a ver la mesa. ¿Que historia le contaría? ¿Sería un héroe? ¿Un buen chico? ¿La verdad simplemente? Por supuesto, todo se basaba en cual fuera la mas divertida. - Si, eres una esclava. Fuiste llevada a un mercado donde te tuvieron cautiva hasta que alguien te sacó de ahí. Yo fui quien te cuido mientras estuviste ahí dentro - se hacía ver a si mismo como una persona que se afligía por su incompetencia de no poder hacer mucho más para poder liberarla de su esclavitud. - Lo siento, no fui de mucha ayuda para liberarte, aun que te prometí - posó sus manos sobre la mesa y después inclinó su cabeza haciendo una reverencia de disculpa hacía ella tratando de mostrarse confiable y bueno. Ya que no le veía por la posición en la que se encontraba, no pudo evitar esbozar una sonrisa. Le parecía bastante divertido como era que podía hacerla creer semejante tontería cuando de hecho el hacía lo contrario.

Cuando volvió a levantar su rostro le sonrió y amablemente habló - Me gustaría que me llamases por mi nombre, antes solías llamarme así - tomó su té volviendo a dar otro sorbo a este antes de mirarlo pensativo para poder continuar. - No tengo idea por que eres diferente a otros unicornios - de hecho, no tenía idea de como se veían otros unicornios, pues por lo raros que eran, Soah era la única que conocía y por ello podía conseguir muchas cosas con ella. - Pero siempre te gusto estar en tu forma humana, puedes volver a tu forma de unicornio cuando quieras - luego se rió un poco de si mismo por lo que había dicho. - Aun que lo siento, quizá no recuerdes como - entonces dio otro sorbo a su té viendo ahora su vaso vació puesto que se lo había terminado.

Hubo un pequeño silencio, un pequeño y estratégico silencio. Mientras ella procesará la información en su mente, el aguardaba el momento oportuno y contaba los segundos en su cabeza. Si algo sabía hacer, era controlar de cierta forma las personas. Solo tenía que esperar, tres, dos, uno. - ¡Ah! - interrumpió el pequeño silencio cuando creyó tenerla en el momento cumbre para aprovecharse de ella. - Esta es una excelente oportunidad - se puso de pie y rodeó la mesa que les separaba para colocarse al lado de ella y mirarla directo a los ojos para luego extenderle la mano - Ven, huye conmigo, te liberaré de tu esclavitud y volveré a cuidarte. Incluso te ayudaré a recuperar tu memoria - en ese momento recordó lo que había sucedido hacía unos momentos como una completa desconocida para el se le había confesado y sintió que estaba sucediendo algo similar. Pero había algo diferente y eso era que el era quien lo estaba haciendo, además que su víctima no tenía recuerdos. Retiró su mano un poco apenado por lo que había dicho y entonces se sentó a su lado mirando al suelo. - A decir verdad, siempre te eh querido - dijo con inseguridad imitando como lo había hecho anteriormente la chica con el, aunque su mente estaba totalmente segura. Volteó de nuevo a verla al rostro. - Por eso puedo protegerte y ayudarte, ¿que dices? - pregunto al final con curiosidad. Ya estaba hecho, ahora solo necesitaba escuchar su respuesta seguro de cual sería.

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Soah el Mar Dic 02, 2014 3:29 am

De todos los escenarios posibles, sentía que le había tocado el peor de ellos. Las imágenes y miles se sensaciones que ella no terminaba de entender se iban agolpando uno a uno en el pecho de la muchacha y así, poco a poco, tomaban lugar en su corazón. Un torrente sin fin ansiaba por salir de sus ojos pero se controlaba para no verse débil ante aquel hombre. No podía hacerlo. Tampoco quería. No quería demostrar lo débil que era. No ahora. Aunque sabía que en algún momento, estallaría. Lo sabía. Sentía como poco a poco, todo lo que iba averiguando de sí misma la iba motivando a no sentirse completamente bien y de paso, a sentir que su vida anterior era demasiado mala ¿Una esclava? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué no estaba con su familia? ¿Tendría familia? ¿Qué había pasado con ellos? ¿Por qué había llegado a ser una simple esclava? ¿Qué pasaba con ella? ¿Por qué no podía recordar absolutamente nada. Se esforzaba y se esforzaba. Su mente trabajaba no al cien sino al doscientos por ciento y aun así, nada aparecía ¿Sería realmente tan inútil que no iba a saber nada de su vida por su propia cuenta? ¿Dependería de los demás en totalidad? No quería eso. No quería eso, pero sabía que hasta que algo llegara a iluminar sus recuerdos, iba a ser necesario. No era algo que le gustase pero tampoco podía luchar contra ello si quería respuestas.

Tapó sus labios con sus manos, se sentía realmente mal. Quizás, un impulso de no decir nada sobre aquellas palabras. Un mero impulso de quedarse callada.  Bajó la mirada quedando su vista en el té. Veía sin mirar en éste momento. La tranquilidad de la infusión del agua de la taza, el color. De pensar en todo ello, sintió que no era necesario beber nada. Se le había cerrado la boca del estómago y en estos momentos, ni agua si quiera quería ¿Era tanto para tan poco tiempo? Apenas si recordaba lo que había sucedido al despertar y ya tenía todo éste torrente de información sin más ni más. ¿Por qué? Ésa pregunta no dejaba de darle vueltas la cabeza en más de un sentido. No iba a pasar mucho hasta que la joven se derrumbase por completo.

—Así que sólo una esclava— sonrió con tristeza sin levantar mucho la mirada de su lugar, más, fue ante el gesto de Ayumu que hizo que recuperase un poco la realidad y saliera del mundo en que estaba encerrándose —no, no, Shiroku-san. No hace falta que se disculpe. Seguro hizo todo lo que pudo para que estuviera bien—le sonrió con amabilidad la muchacha tocando suavemente su brazo para que la mirase. Se sentía preocupada. Por culpa de sus inseguridades, afectaba a alguien más y sinceramente, la joven lo último que había buscado incluso, antes de que olvidara toda su vida, era hacer que alguien se sintiera mal a causa de ella y ahora, eso no había cambiado mucho en ella —agradezco que se haya preocupado por mí y hasta prometiera liberarme. Lamenot no oder recordarlo— se excusó corriendo la mirada posando sus manos sobre su regazo. Miró sus ropas unos momentos. Veía algo sucio el ruedo y tampoco sabía las razones. Quizás, era el mismo bosque y algo que había sucedido allí, pero no se podía imaginar qué al despertar de aquella manera.

Suspiró intentando dejar de lado todas sus inquietudes. Tenía que ser fuerte y pensar en el presente y menos en el pasado, así podría seguir con su vida normal hasta que las cosas solas comenzaran a fluir con naturalidad ¿no era lo normal eso?

—¿Ayumu-san?— preguntó alzando una ceja ante aquella forma de llamarlo —¿Eramos tan cercanos?— inquirió un poco más la joven. Un vínculo de confianza había entre ambos para tener semejante privilegio como llamarlo por nombre de pila y eso, picó más en la curiosidad de la muchacha —¿Qué tipo de relación teníamos?— se animó a preguntar jugando con sus dedos alrededor de la taza de café. No iba a decir que no estaba nerviosa, sin embargo, las ansias solían superar su nerviosismo por mucho. Le intrigó aquella persona. ¿Un buen amigo? ¿Un confidente? ¿Algo más que eso? se quedó pensando mientras observaba una vez más los rasgos del muchacho, intentando hallar en ellos un detonante que fuera de ayuda para su mente pero no había nada. Parecía que iba a ser más difícil de lo que ella se imaginaba.

No dijo más nada, se quedó pensativa. Ella seguía muy metida en su mundo y en sus cosas sin pensar demasiado en lo que sucedía en ése momento. Había quedado sumida en sus pensamientos, casi tanto que tomó la taza de té y la estuvo a punto de llevar hacia sus labios cuando la voz de Ayumu irrumpió en sus pensamientos una vez más.

Se quedó sin palabras. No tenía forma de asimilar todo aquello.

Huir.

Liberar.

Recuperar.

Querer.

Las palabras hacían eco en su mente. La había dejado simplemente, de boca abierta al hacerle una propuesta así. Él podría recordarla, pero para Soah, seguía siendo un extraño a pesar de que le contaba todo aquello de su pasado. Le hubiese gustado saber sobre ello pero no resultaba tan simple. Para nada.

Su vista se quedó posada en él. Sus movimientos, sus palabras, hasta la curvatura de sus labios y el movimiento de sus ojos al hablar. No había perdido detalle, pero no sabía qué es lo que debía hacer. Había tanto por decir y no sabía, no había una sola palabra que pudiera adecuarse a lo que ella sentía.

—Me gustaría decir algo pero no sé ni cómo empezar— dijo con cierto desconcierto en voz baja la muchacha, agachando la cabeza ante todo aquello —lo siento, Ayumu-san. No sé qué decirle a sus sentimientos—respiró profundamente, intentando hallar en el aire aquello que le estaba haciendo falta a su alma. Tomó su mano, no sin sentir alguna duda antes de hacer lo mismo que él. Juntó valor y lo dijo mirándolo a los ojos —no lo recuerdo. No sé qué tan importante fue en mi vida antes, pero, si me tiene paciencia, quiero intentarlo. Quiero recordar a Ayumu-san— y al fin, le dedicó una sonrisa alegre —iré contigo— fue respuesta final más, ahora, surgía una duda en la muchacha —¿A dónde es que iremos?—.

Una nueva promesa surgía y ella, quería saber qué le depararía.


   

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 12, 2014 10:03 pm

Victoria. Tal y como era de esperarse eso era lo que había conseguido, ahora tenía a la tan codiciada unicornio para el. Era excelente, simplemente excelente. A veces creía que tenía tanta excelencia que incluso se asustaba a si mismo de lo perfecto que podría llegar a ser. Tomó la mano de Soah y después se puso de pie jalando de su mano con cierta gentileza, pero la suficiente fuerza para traerla a el sin causarle daño alguno. La levantó y la pego a su cuerpo tomándola de su cintura y sonrió con malicia. - Por ahora, tenemos que irnos de aquí - vió en dirección de la puerta donde un monje se encontraba de pie viendo a ambas personas presentes con una furia demasiado obvia, incluso comenzó a soltar un sermón que Ayumu no tenía deseo alguno de escuchar y pronto llegaron los otros monjes con escobas y bastones a echar a los intrusos, eran monjes que sabían combatir después de todo.

Cargó a Soah en sus brazos y se preparó para escapar. - Sujetate - le advirtió antes de intentar escapar por la parte de atrás, pero ya había otro sujeto ahí esperando. En ese caso, lo único que quedaba era saltar por la ventana, menos mal estaba abierta. Así que saltó y comenzó a descender la gran colina que había en el exterior de esta resbalando simplemente, pero siempre llevando bien sujeta a la chica para que no cayera de sus brazos. Era extraño, pero de pronto comenzó a reírse por andar haciendo aquello. Se sentía como una especie de príncipe que había salvado a la princesa, o un héroe salvando una dama en peligro en ese momento, lo cual era bastante extraño, pues usualmente el es el villano. Finalmente llegó hasta el final de la colina, los monjes no les habian seguido al parecer. Ayumu siguió riendo otro poco antes de finalmente calmarse y dejar a Soah en el suelo. - Lo siento, tengo ciertos problemas con esos monjes, estaba en el templo para disculparme y por eso te encontré - explicó la situación sin poder dejar de sonreír. Aquello no era una farsa, de verdad se había divertido simplemente con el pequeño escape realizado.

Por el momento no mencionaría el hecho de que aquellos monjes le odiaban porque sabían el hecho de que el era un demonio. Lo que ella menos necesitaba saber era que la persona en quien había decidido confiar era en realidad una criatura malvada.

Sacudió un poco sus ropas para limpiar el poco polvo que se había juntado en estas por la huida, pero eso no importaría, la lluvia comenzó a caer mojando su vestimenta por lo que el limpiarse fue en vano. - Ahora entiendo porque no nos siguieron - los monjes seguramente se percataron de que iba a llover y por eso simplemente dejaron que escapasen. Volteó a los lados tratando de buscar un lugar donde se pudieran secar, pues su casa estaba muy lejos como para ir a ella bajo la lluvia. No lograba ver nada, así que no quedaba de otra. Se quito su camisa y la colocó sobre la cabeza de Soah - Toma, no te mojes demasiado - le sonrió y después tomó su mano para llevarla hasta debajo de un árbol que tenía un hueco donde solo cabía uno de ellos, por supuesto la hizo entrar a ella y el se quedó sentado afuera.

Soltó un suspiro, que lloviera no estaba contemplado en sus planes luego de engañarla, pero nada podía hacer. Soló se dedico a relajarse mientras la lluvia bañaba su cuerpo.

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Re: ¿Y ahora qué hago? [Privado]

Mensaje por Soah el Mar Dic 16, 2014 7:50 am

Todo era tan extraño y tan confuso que le costaba asimilarlo de una buena vez. Si se detenía a pensarlo, era mucha pero mucha información para un solo día y unas pocas horas, tanto que iba a pasar mucho tiempo antes de que terminase aceptando todo al cien por ciento. Lo sabía, sí. Lo entendía, también. ¿Lo aceptaba? Aun pensaba que todo era parte de algún cuento, una historia fantástica de la cual, ella no tenía idea ¿en serio era verdad todo? Le costaba pensar en ello más, con nuevas cosas que preguntar, con más información que asimilar y con la vida misma que seguía transcurriendo a cada segundo con rapidez, lo que hacía que la joven tuviera que concentrarse específicamente, en el ahora, quizás, en un momento a solas y más tranquila, podría detenerse a analizar con tranquilidad su historia, su ser, todo de ella.

Pero, la realidad la sacudía y la apresuraba a estar más atenta, más ahora que el joven la había ayudado a levantarse y sin darle momento a prepararse, el ambiente se había vuelto en sí, más tenso sin saber exactamente por qué, lo que sí sabía es que tenían que huir y Soah no entendía la razón de ello, considerando que eran monjes, la joven pensaba que debían acogerlos, pero le resultó todo lo contrario. No acabo de entender bien todo, más, simplemente, se limitó a seguir las instrucciones de Ayumu. Se sujetó de su cuello lo mejor que pudo y notó como pronto, el viento soplaba con más fuerza debido a la caída que tenían, aunque Ayumu parecía ser más hábil de lo que la muchacha se imaginó en algún momento al ir por aquella zona tan empinada, incluso, hasta resbalosa podría decir. Se sorprendió de ello, pues, simplemente, era algo nuevo para la muchacha aunque tuviera sus años encima, lo cierto es que no había una memoria clara de algo tan emocionante para ella.

—¿Por qué?— inquirió curiosa la muchacha —¿Les hiciste algo malo a ellos?— quiso saber la muchacha, la curiosidad la podían, no sólo ahora, siempre había sido de aquellas mujeres que no sabían cuando dejar sus pensamientos como tales, abriendo la boca más de la cuenta, lo que siempre dejaba a Soah en una situación hasta cómica en su momento, pues, mientras más quería arreglar las cosas, peor la situaba —no es que haya sido algo a propósito— dijo la joven intentando corregirse —pero a veces suceden accidentes— sentía que no iba por buen camino mientras hablaba y se acomodaba un poco el cabello al decir eso, se ponía nerviosa en esos momentos —no es algo que me tengas que contar tampoco, digo, recién nos conocemos. No, no, perdón, yo te conozco recién aunque tú me conoces desde hace tiempo. Ya sabes— se mordió el labio inferior pensando para sus adentros “cállate de una vez” y simplemente, suspiró comenzando a caminar queriendo apaciguar un poco sus dudas y aquel aspecto de su personalidad.

Siguió camino pero sintió como empezaban a caer gotas de lluvia con fuerza. La tormenta se había largado y ellos, no estaban en un refugio. Pronto, sintió algo sobre su cabeza y notó como el abrigo de Ayumu la cubría, más, luego, caminaron con un poco más de prisa, dejándole un lugar donde la joven pudiera estar a salvo del agua en aquel momento.

—Pero Ayumu-san se mojara— dijo preocupada la joven al ver que él quedaba fuera de aquel pequeño refugio —deberíamos buscar un refugio para ambos, no es bueno que se moje, podría resfriarse o darle algo peor por tomar tanto frío y estar mojado durante mucho tiempo ¿No tienes frío? Podemos caminar un poco bajo la lluvia y llegar a un lugar más acogedor. No me molestaría— seguía hablando preocupada apoyando sus manos en el suelo, estaba frío lo que la hacía sentir peor sobre el estado de salud de él después de que pasara la lluvia, pero veía al joven no muy dispuesto a ceder ante eso. Suspiró pensando en algo qué hacer para ése entonces, pues, la lluvia seguía cayendo y él no le hablaba y lo que menos quería era permanecer callada la joven —¿serías un oso o una serpiente?— preguntó de la nada la muchacha. Solía hacer aquel tipo de preguntas, simplemente, por pasar el tiempo aunque, también era una forma, extraña y de manera divertida, de conocer un poco a alguien.


   

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