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Una pequeña equivocación [Privado]

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Una pequeña equivocación [Privado]

Mensaje por Fuyuno Hana el Sáb Sep 20, 2014 4:33 am

Bien. Hace diez días que me he escapado del mercado. Todo está tranquilo por ahora, así que sigo sin problemas en éste lugar. Está un poco sucio y deteriorado. A veces se escuchan cosas extrañas en el piso de arriba, pero pensando que podría ser un animal peligroso, aun no he subido a averiguar qué es. Estoy comoda aquí abajo. He dejado de estar encerrada y puedo comer lo suficientemente bien como para sentirme con más fuerzas. Extrañamante, no he visto a nadie ni por las cercanías en todo éste tiempo que he estado aquí. Más, me resulta mucho mejor pues, puedo hacer de las mías sin que necesite de que una persona me vea y tenga que silenciarla o mejor, experimentar ciertas teorías que tengo en mente desde que estoy en el mercado. Por desgracia, necesito personas y no he llegado a encontrar ninguna para poder probarlas.

-Mi querido patito- dije acercándome hasta dónde estaba el ave. Había logrado acondicionar la mesa del comedor para que se viera como mi antigua mesa de trabajo. Por supuesto, había tenido que improvisar con algunas cosas que no tenía, más, otras había logrado conseguirlas en el castillo. Había muchas cosas interesantes y algunas cámaras de torturas me habían venido al pelo para poder hacer mi propio instrumental de prueba –quizás ya no sea bueno ése nombre para ti. Eres un patompiro- orgullosa dije eso al animal. Había perdido sus alas y se las había reemplazo por unas más bonitas, por supuesto: unas de murciélago, sin contar los colmillos que tenía ahora en su pico, lo que le permitirían poder matar su propio alimento y no sólo vivir de los peces que encontraba en el lago. Sólo peces pequeños. Aun así, era mejor vida que la mía.

Lleva cinco días sin mostrar problemas de salud. Hasta ahora, no ha intentado volar por la operación. Se mantiene alimentándose cada dos horas y bebe agua cada quince minutos exactamente. No ha hecho por salir de su jaula pero espero que la semana entrante esté listo para dar su vuelo en el lago.

Escribí en un diario. El papel estaba amarillento y me había tenido que poner a hacer tinta nueva para poder escribir, más, valía la pena por poder conservar mis investigaciones al día. Más, esperaba que tuviera un gran avance con esto. Busqué en la mesa, los cerillos. Aun servían así que podría encender fuego más fácilmente. Busqué aquella base metálica donde solía hacer fuego para cocinar. Todo a las brasas. No había muchos materiales y cazar me era medianamente fácil con las tramas que había colocado en las afueras. Salí al exterior y busqué donde había dejado una trampa y encontré en ella un ave. Del tamaño de una paloma pero no era exigente. Le torcí el cuello y ya contaba como mi almuerzo. El crack de los huesos fue rápido. No sintió dolor después de eso. así que ya estaba listo para la cena. Entré, lo clave en una estaca de hierro y lo coloqué estratégicamente para que se comenzara a dorar luego de haberle quitado las plumas. No hay nada peor que el olor de las plumas quemadas. Ahora, sólo faltaba un poco para que pudiera comer algo.

-Comerás paloma, patompiro- le dije al animal que tenía aun en aquel cubículo más, sentí un ruido fuera ¿Qué diablos? ¿Me habían encontrado? No iba a volver a la celda. No pensaba volver a la celda. Voy a masacrar a todo aquel que quiera entrar a éste recinto a arrebartarme mi libertad. Mi merecida y lograda libertad. Tomé un hierro, me coloqué detrás de la puerta esperando sigilosa a que se abriera. Estaba nerviosa, sí, maldita sea ¡estoy nerviosa! Pero no voy a permitir que me lleven de nuevo. La puerta se abrió. El chirrido es horrible, más estoy lista.

-¡No te irás de aquí con vida!- dije con fuerza dándole un buen golpe en la cabeza con el hierro de metal que tenía en mano. No me había medido en lo absoluto. Era yo o él.
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Re: Una pequeña equivocación [Privado]

Mensaje por Invitado el Vie Oct 10, 2014 11:48 pm

El mejor momento para comenzar el día era estando en le mercado que tanto adoraba, notándose el sarcasmo en ello. Los días transcurrían como ver el agua caer, tan aburrido que daban ganas de acabar con el sufrimiento de uno. Una cálida luz se asomaba por la ventana anunciando el amanecer de otro día monótono. Soltó un suspiro y se puso de pie, no había nada interesante fuera de su celda, como si siempre pasaba la dueña del mercado a golpear las celdas para que todos despertaran, como si quisiese que nos arregláramos para los posibles compradores. "No me interesa", pensaba la joven, pues ella era la que menos se veía siendo comprada, al parecer a nadie le interesaba tener un dragón, ni eso, una mestiza de dragón. Un medio dragón. No estar ni en uno ni en otro le daba la idea de que no tenía un lugar al que pudiese pertenecer, un híbrido sólo compartía la parte de dos razas y en ambas era rechazada ella, bastante cómico.

Colocó sus manos en los barrotes esperando a que no hubiera nadie cerca, con trabajo veía las manos o cabellos de otros esclavos asomarse entre los barrotes. — Es mi oportunidad. —se dijo a si misma y con una voz casi inaudible, de lo contrario alguien le escucharía y arruinaría lo que tenía planeado. Aprovechó para aparecer su larga cola de dragón; que difícilmente pasó por la celda, localizó su objetivo que eran las llaves de su propia celda y finalmente las agarró con la misma. Eso llamó la atención de varios de los esclavos presentes, pero lo importante era que ella podía escapar en esos momentos. Abrió la celda y salió, de igual forma la cerró para que no luciera sospechoso y se percataran de su ausencia. Los otros esclavos sacaban sus brazos con desesperación, gritando para que la mestiza les diera las llaves para poder largarse. Chasqueó la lengua y pronunció: — Si quieren las llaves...pueden tomarlas. —balanceó las llaves en su dedo indice y las dejó caer en el suelo, a una distancia considerable, estaba claro que nadie sería capaz de alcanzarlas, a menos que en el caso de ella; tuvieran una cola o algo que les permitiera alcanzarlas por sus propios medios. El escándalo aumentaba y eso llamó la atención de uno de los vendedores, que al verla fuera de su celda intentó atraparla, pero la pelirrosa fue más rápida y se dio a la fuga inmediata.

Corría y corría por toda la ciudad, sus cuernos llamaban la atención y los asustaba de alguna forma, no obstante ella tenía su mirada fija al frente, ignorando por completo su entorno. No podía tomar su forma de dragón o sería muy rápido el poder alcanzarla y si gastaba sus energías en la transformación seguramente no sería capaz de hacerlo de nuevo, aún no lo dominaba al cien y eso le perjudicaba si intentaba escapar de nuevo. Prefiriendo ir a pie, terminó por adentrarse al bosque, ya una vez apartada de la ciudad no detendría su camino, después de todo, entre más lejos era mucho mejor. Descendió la velocidad justo cuando frente a ella encontró un enorme castillo; cosas así no le traían buena espina por el simple hecho de tener una mala experiencia al estar en uno, pero qué más daba, era el único lugar al que podía entrar ahora y esconderse hasta que se le pegara la gana.

Hizo algo de ruido al quitar algunas cosas inservibles que se encontraban en el suelo. Quienes vivieron en ese lugar habían hecho un desastre y no se tomaron la molestia de levantarlo, pero ella tampoco lo haría, por ende sólo lo hizo a un lado para complicarse menos la entrada. Con cuidado abrió la puerta causando un fuerte rechinido a causa de la puerta vieja. Estaba alumbrado, ¿alguien estaba viviendo en el castillo después de todo?, inesperadamente recibió un golpe en la cabeza, causando que cayera al suelo y con un fuerte dolor de cabeza, por suerte no había sido suficiente como para haberla noqueado, al menos no del todo. — Duele... —murmuraba estando en el suelo y a su vez se acariciaba la cabeza intentando que el dolor disminuyera con eso. — ¿Esa es una forma de recibir a los invitados? —preguntó intentando levantarse, recuperar la compostura imponente que había querido mostrar al entrar al sombrío lugar. Se giró y vio a una chica con el objeto con la que había sido golpeada. Dirigió su mirada a la mesa que se encontraba frente a ella, había algo peculiar para sus ojos.

Se mantuvo en silencio al tratar de comprender lo que ocurría, el dolor en su cabeza le impedía comprender con claridad, todo se veía un tanto borroso y otras cosas las veía doble. — Espero que no me quieras meter eso a mí. —comentó con un tono serio, refiriéndose al animal que había sido cocinado de esa forma. La chica no podría comer carne humana o carne mitad humana, ¿no?, al intentar dar un paso cayó de rodillas nuevamente, el dolor la estaba matando y su cabeza daba vueltas, hubiera preferido desmayarse de una vez antes de tener que estar aguantándose a sí misma en esos momentos. Al menos podría quedar al cuidado de aquella joven; la culpable de su fuerte dolor.
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Re: Una pequeña equivocación [Privado]

Mensaje por Fuyuno Hana el Miér Oct 29, 2014 3:54 am

Mi casa. Debía protegerla de todo y de todos. Más, porque mis inventos estaban aquí. Mis investigaciones estaban aquí ¡Yo estaba y estoy aquí! Y no permitiría que alguien entrase a destruir todo lo que había logrado hacer en éste poco tiempo que estaba aquí ¡no me iban a quitar mi libertad de nuevo! No de nuevo. Así tuviera que matar a todo aquel que se metiera en mi camino, nunca más volvería a una jaula, de eso, estaba segura.

Mis experimentos estaban primero, así que procuré protegerlos. Y apenas vi que algo se movía para ingresar, lo golpeé. No medí mi fuerza y esperaba, haberle causado un grave daño. Aun no me acostumbraba a estar sin el doctor. Él era la única persona en la que podía confiar. La única, ahora, no podía darme el lujo de confiar en alguien más y salir lastimada. No, no, eso no iba a ser así. Confiar era peligroso, más si estabas sola, así como yo lo estaba.

La miré cuidando mi arma. Al parecer, no le había dado lo suficientemente fuerte como para noquearla. Tenía que encontrar el punto exacto. Me había hecho con un manuscrito de acupuntura, si era capaz de controlar los puntos exactos del cuerpo, podría hacer lo que yo quisiera con las personas. Un punto bien marcado podría darme la posibilidad de hacerlo caer en el más profundo y hermoso sueño, momento perfecto para que pudiera hacer y deshacer a mi gusto. Pero, tenía que estudiarlo aún y ponerlo en práctica, pero con un poco de tiempo, lo iba a lograr.

-Tú no eres un invitado. Eres una intrusa que se ha metido en mi hogar- dije rápidamente ante su reacción. No pensaba que fuera a contestarme de aquella manera, más, era mi hogar y aunque estaba nerviosa de hacer esto sola, estaba segura de que podría hacerlo aunque me hubiese sentido mucho más tranquila si hubiese estado lidiando con un cadáver o alguien dormido. Por alguna razón, las personas me provocaban sensaciones que era preferible evitar en todo sentido de la palabra.

Dudé. Podría haberla capturado pero no sabía cómo reaccionar en éste momento. A veces, era muy tonta. O estaba muy traumada, cualquiera de las dos que fuera, era malo porque me impedía actuar como debía. Tomé el hierro como si fuera una espada y la señalé.

-Te atravesaré con esto si es necesario ¿Quién eres y qué haces aquí?- intenté sonar lo más firme posible –si no me das una buena razón para que no te haga daño, me conocerás de malas- aseguré. Si la vida me había enseñado algo es que no tenía que ser buena con nadie porque cuando podían, las personas te traicionaban y te vendían. Me había pasado al quedar sola y ahora, sola como estaba, no iba a poder llegar muy lejos si volvía a estar metida en una jaula –habla rápido o no respondo de mi y de cómo acabes tú, Onee-san- un movimiento de mi cabeza, concentrándome en las cosas que había en la mesa. Algunas cuchillas, tres en realidad, que aproveché de mover apuntando a la muchacha, quedando levitando cerca de ella, esperando el momento preciso para atacar. Si su respuesta no era de mi agrado, pasaría a tener mi sujeto de pruebas para mis prácticas de acupuntura.
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